
La economía argentina atraviesa un período de profundo y extendido proceso recesivo. Después de tres años negativos, la baja de actividad podría revertirse parcialmente en 2021.
En 2020 la caída de actividad estuvo próxima al 10 por ciento. Para contar con cifras más concretas, hay que esperar al 24 de febrero, cuando el INDEC difundirá Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de diciembre, y recién el 23 de marzo se conocerá el Informe de avance del nivel de actividad del cuarto trimestre de 2020 y la resultante baja del PBI del año anterior.
Algunas bases de datos, como las aportadas por Banco Mundial, permiten aproximarse al nivel de caída en la productividad y la riqueza de los argentinos.
Al medir el PBI per cápita según Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), a precios internacionales constantes de 2011, éste alcanzó al cierre de 2019 (último dato) los USD 22.063, aún sobre los USD 20.777 de 2006, aunque sin computarle la caída del año 2020.
Y si se toma el PBI per cápita a precios constantes de 2010, se ubicó en 2019 en los USD 9.742, por encima de los USD 9.174 de 2006, sin contabilizar aún la drástica baja experimentada el año pasado.
Por lo tanto, después del año de la pandemia, el PBI per cápita alcanzará los niveles de 14 años atrás, reflejo de más de una década perdida para los ingresos de los argentinos.
La paridad del poder adquisitivo es una de las medidas más adecuadas para comparar la producción de bienes y servicios de los países, si se quiere, más rigurosa que la del PBI nominal per cápita, puesto que el primero toma en cuenta las variaciones de precios internos.
Además, este indicador elimina la ilusión monetaria ligada a la variación de los tipos de cambio, de tal manera que una apreciación o depreciación del dólar no cambiará la paridad del poder adquisitivo de un país, puesto que los habitantes reciben sus salarios y hacen sus compras en moneda doméstica, y los precios internos no siempre se mueven en la misma proporción que el tipo de cambio.
Hay que recordar que el PBI per cápita de la Argentina, según las cifras del Banco Mundial, alcanzó su nivel más alto en 2011 y fue de USD 24.647 según PPA y de USD 10.883 a precios constantes.
Esta comparación permite advertir el grado de profundidad de la presente crisis argentina, que es la tercera mayor en términos históricos. La más grave fue la de 2002, cuando el PBI per cápita a precios constantes (USD 6.854) cayó a nivel de 34 años antes, al ubicarse apenas sobre el registrado en 1968 (USD 6.460). Le siguió al de la hiperinflación: en 1990, el PBI per cápita se desplomó a USD 6.245 y fue similar al de 1966 (USD 6.151), unos 24 años antes.
Un país de ingreso “medio alto”
Por PPA, Argentina está por encima de la media de América Latina y Caribe (USD 16.356) y produce por habitante la mitad del promedio de los países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en USD 44.696) y de la Unión Europea (USD 44.436).
Por paridad de compra, Argentina podría encuadrarse entre los países definidos por el Banco Mundial como de ingreso mediano alto (USD 16.868 promedio). En 2019 se situó en la región por debajo de Puerto Rico (USD 34.518), Panamá (USD 31.459) y Chile (USD 24.226), aunque volvió a superar a Uruguay (USD 21.561).
También está por encima de Brasil (USD 14.652), Colombia (USD 14.722), Perú (USD 112.848) y Paraguay (USD 12.685).
El PBI per cápita argentino es aproximadamente la mitad que el de Nueva Zelanda (USD 42.888), España (USD 40.903), Israel (USD 40.145), Italia (USD 42.492), Japón (USD 41.429). Queda más alejado del de Australia (USD 49.854) o Canadá (USD 49.031), y es la tercera parte que el de los EEUU (USD 62.530).
Largo camino de recuperación
Con una caída del PBI del orden del 10% en 2020, regresar a los niveles previos a la pandemia demandará unos tres años.
Un informe de IDESA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino) puntualizó que “el Gobierno proyecta que el PBI crecerá 5,5% en 2021, 4,5% en 2022 y 3,5% en 2023. Esto representa un crecimiento de 14% acumulado. En otras palabras, en el 2023, la cantidad de bienes y servicios disponibles será igual al 2019″.
Invenómica subrayó que “el Covid-19 tuvo un efecto devastador en la economía mundial en 2020 y aun peor en la economía Argentina que se encontraba atravesando una severa crisis. El cierre de fronteras y el aislamiento derivó en un fuerte aumento del desempleo y con ello una importante reducción de la demanda de bienes y servicios”.
El economista Joaquín Marque, director UG Valores, anticipa que “para el 2021, el Gobierno intentará utilizar el dólar oficial como ancla inflacionaria, con congelamiento de tarifas de servicios públicos y esenciales, e intentará frenar los precios de las canastas básicas, de esta manera podría aprovechar la baja del impuesto a las Ganancias en la franja de los sueldos medios y potenciar el consumo. Es clave en la economía de un año electoral, el poder de compra de la clase media y la recuperación de la demanda”.
“Por un lado tenemos el problema de la restricción de divisas para importadores que limitará la oferta de bienes y las inversiones, y por otro lado, el Gobierno potencia el consumo. Veremos con qué instrumentos de política monetaria y fiscal y disposiciones regulatorias se maneja el Gobierno para que las mejoras de los salarios reales no tengan consecuencias directas en los precios, que volverían a reducir los beneficios en los bolsillos de los sectores más postergados”.
Analytica coincide en que “en 2021 el objetivo de volver a crecer depende críticamente de la evolución del consumo. El Gobierno juega diversas cartas para acelerar su recuperación, aún en plena negociación con el FMI; el interrogante es qué estrategia va a implementar. Alentar la recuperación del salario atrasando tarifas y el tipo de cambio contradice el objetivo de reducir el déficit fiscal y acumular reservas internacionales. Pero que sí son consistentes con un crecimiento basado en la estabilización de la economía”.
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