
Muy temprano en la madrugada argentina, desde Suiza, el ex representante argentino en el Fondo conversó con Infobae sobre la propuesta presentada ayer por el gobierno argentino.
-Ahora que finalmente se conoció, ¿qué opinión tiene de la oferta del gobierno a los acreedores?
-La presentación del ministro Martín Guzmán en Olivos me había dejado la impresión de que el gobierno estaba haciendo una oferta del tipo “tómalo o déjalo”, por el escenario, con todos los gobernadores y el presidente presentes. Sin embargo, ayer hablaba con un amigo que está en los mercados y tenía la misma impresión que yo pero me decía que hay colegas suyos que ven un margen de negociación.
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-¿Qué tipo de margen?
-Que agreguen algún tipo de “endulzante”, un pago inicial con reservas o un cupón del PBI. Es lo único que se me ocurre que se puede agregar, porque además del escenario y las comparaciones que hizo el presidente entre pagos de deuda de un lado y respiradores y ayuda social del otro, ya se presentaron los papeles ante la SEC (Securities and Exchange Commision, el regulador bursátil de EEUU) que describen las características de los bonos. Lo que creo es que se puede agregar algo, como usar reservas y agregar cash para quienes entren. Sería mejorar la oferta sin alterar lo que ya se presentó. No se me ocurre ninguna otra cosa, salvo que retiren los documentos de la SEC y presenten otros, pero eso sería muy raro.
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-Ayer los bonos argentinos subieron.
-Tal vez se deba a la posibilidad de los endulzantes, pero es temprano para sacar conclusiones. Ayer los mercados subieron en general, aunque algunos bonos argentinos subieron más, así que podría haber gente con inside información. Pero un par de bancos de acá, como Credit Suisse, fueron muy negativos sobre la oferta. El hecho es que ayer alguien compró y dos analistas muy conocidos me dijeron que efectivamente creen que puede haber un endulzante.
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-¿De dónde saldría?
-Lo único que tenemos para eso son las reservas. Hay que ver qué hacen con el vencimiento del 22 de abril: es solo un cupón a pagar. Pero las posibilidades son un adelanto cash o un warrant (cupón ligado al crecimiento del PBI). Pero no sé cuánto valdría eso. En 2005 los mercados no querían el cupón, no le dieron valor. Y en esa época China crecía a tasas de dos dígitos y era esperable que la Argentina creciera. Hoy no; hay mucha incertidumbre.
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-¿Esta oferta tiene la “bendición” del FMI?
-No. Hasta hace muy poco, el Fondo no conocía la oferta. Por eso no emitían opinión. El FMI debe estar un poco incómodo con que Guzmán venda su oferta como producto del análisis de sustentabilidad del Fondo, porque lo que hizo el Fondo fue menos que un análisis de sustentabilidad; fue un documento técnico con tres escenarios, en el peor, se requería un alivio de deuda de 85.000 millones. En el mejor, uno de 55.000 millones. Pero, reitero, fue menos que un análisis de sustentabilidad basado en un programa. Para eso se necesita que el Fondo realice su misión de artículo 4.
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-Esa secuencia ya no es posible.
-No. Guzmán empezó al revés de lo habitual, que es negociar un programa económico con el Fondo, cosa que hoy no se puede hacer, por la gran incertidumbre que hay. Personalmente, creo que hubiera sido mejor negociar con el Fondo y conseguir consenso interno no sólo sobre la deuda, sino sobre cómo relanzar la economía. Y ahí sí, en un escenario con todos los gobernadores, con el presidente. En cambio, Guzmán empezó con los acreedores. Tal vez piensa que si la oferta es aceptada, le marcará la cancha al FMI. Por ahí pensó que negociar con el Fondo es más difícil que con los acreedores y arreglando con los acreedores, estos a través de sus gobiernos apoyarán a la Argentina en el directorio del Fondo. Tal vez alguien como Sergio Chodos (actual representante argentino en el directorio del FMI) haya pensado algo así. Guzmán es un académico, sin experiencia de gestión.
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-¿Y eso qué implica?
-No hay que confundir académicos con expertos. El éxito de los académicos es cuantas veces citan su paper. La experiencia que nosotros necesitamos es la de alguien con experiencia en el mundo real. A veces comparo esto con las condecoraciones militares: las que valen son las que se ganan en batallas, no en desfiles. Experto es el que pasó por batallas. En esto, el que pasó por negociaciones, gestión. Si el equipo económico creía que la negociación más difícil era la del FMI, tal vez crea que ahora podrán presionarlo mejor para que abra el bolsillo. Pero si entramos en default con el FMI no hay ninguna posibilidad de cumplir con los acreedores.
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¿Entonces?
-Yo hubiera comenzado negociando con el Fondo un programa para que las promesas a los acreedores sean viables. El FMI estaba muy dispuesto, por un problema reputacional: evitar que la Argentina terminara en otro default después de un programa en el que cumplió todas las metas acordadas pero no logró ninguno de los objetivos. El Fondo incluso ya había señalado su voluntad de prestarle a la Argentina estando en mora con los acreedores. Yo creía que Guzmán hablaba de eso cuando hacía hincapié en la buena fe, pero él descartó pedirle dinero al Fondo mientras negociaba, así que mi conclusión es que eligieron marcarle la cancha al Fondo en vez de a los acreedores, asumiendo –repito- que los acreedores tienen capacidad de presión sobre el FMI vía los países donde residen. Cuando se negocia primero con el FMI, es al revés: hay un cash flow y son los acreedores los que deben adaptarse a él.
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-En base a lo que se presentó ayer, un analista calculó un flujo de pagos a los acreedores, a partir de 2023, de unos USD 4.300 millones al año. Y la Argentina le debe algo más de 43.000 millones al Fondo, así que en 10 años sería otro flujo de pagos similar.
-Puede ser. Pero este no es el momento para hacer proyecciones de ese tipo, nadie las cree. El propio FMI en lo que presentó estos días dijo que sus proyecciones son totalmente tentativas. El gobierno hace proyecciones de pago en un momento de incertidumbre absoluta. Cuando se negocia con el Fondo, éste lo que busca es un programa con recursos fiscales y externos suficientes para los dos frentes. Acá hay tres bolsillos en juego: el de los contribuyente argentinos, el de los contribuyentes de los países que más aportan al FMI y el de los acreedores. Guzmán tiene de padrino a un premio Nobel (por Joseph Stiglitz) que lo alienta a ser muy duro. A mí esto me recuerda a eso que decía Jauretche de “animémonos y vayan”.
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