
El shock que supone la pandemia del coronavirus COVID-19 para la economía global va a forzar al Banco Central de la República Argentina acelerar la suba del dólar oficial en los próximos meses. El golpe a las exportaciones que generará una menor disponibilidad de dólares; la presión que generan las devaluaciones de Brasil y otros mercados emergentes pero, también, el crecimiento de la brecha que provoca la masiva emisión monetaria con la que el Gobierno busca financiar la asistencia económica ante el parate de la actividad, prometen torcerle el brazo a una entidad monetaria que tiene en la calma cambiaria a su principal herramienta contra la inflación.
La entidad conducida por Miguel Pesce ya ha tenido que reaccionar al cisne negro que golpeó al mundo con un movimiento gradual del dólar en un mercado cambiario que domina casi totalmente, dadas las trabas cambiarias que imperan desde octubre pasado. Pero aunque el Banco Central lo controle con mano de hierro y entre una de sus principales prioridades está mantener al mínimo el ruido cambiario, las nuevas condiciones pueden forzarlo a un movimiento mayor.
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El cambio en las expectativas se notó con claridad en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, donde algo más de una treintena de especialistas determinaron una mediana de cotización del dólar mayorista para diciembre de $83,10, un aumento de $4,20 respecto de lo que preveían 30 días antes. Ello se puede asignar directamente al coronacrash que azotó a los mercados de todo el mundo.
“Lo que está esperando el mercado es que frente a la aversión del riesgo global que sigue generando salida de capitales, lo que hace que el tipo de cambio se deprecie en países emergentes, la Argentina debería acompañar no sólo por un tema de competitividad para que la Argentina no quede rezagada aún en un contexto de comercio global en caída, sino además por el hecho de no abaratar las importaciones, ni estimular demanda de dólares. Lo que va a tratar de hacer Pesce es comprar dólares para tratar de ir compensando pérdida de competitividad”, dijo Juan Ignacio Paolicchi de EcoGo, consultora que retocó su previsión de dólar oficial de $78 a $85 luego de desatada la pandemia.
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El real brasileño, moneda del principal socio comercial de la Argentina, es una de las que lidera las pérdidas entre las monedas del mundo emergente. El dólar subió casi 17% en Brasil desde que a mediados de febrero el coronacrash empezó a golpear a los mercados globales. Y subas similares se dieron en todas las plazas cambiarias de países periféricos. Mientras tanto, el dólar mayorista en la Argentina subió apenas 4,5% en igual período.
El movimiento fue tal que esta semana el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) colocó al peso argentino en la lista de monedas que considera “sobrevaluadas”, eso es, que están caras al menos desde el punto de vista de un nivel que garantice el equilibrio de las cuentas externas.
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El IIF mantuvo al peso argentino en esa lista hasta 2018, y lo sacó después de las devaluaciones de ese año y 2019. Ahora, por primera vez desde la crisis de balanza de pagos que se desató en el gobierno de Mauricio Macri, volvió a ubicar a la moneda local en ese grupo de riesgo por la caída de las monedas emergentes y el paso cansino al que se devalúa el peso en el mercado formal. Y al influyente real brasileño, por otro lado, lo puso entre las que están subvaluadas, las que se devaluaron de más.
El análisis del IIF se basa en que el tipo de cambio real de la Argentina -que mide la competitividad del peso ante las monedas de los socios comerciales del país- saltó luego de las PASO de agosto de 2018, pero está a punto de alcanzar el nivel que tenía antes de aquel salto. La inflación local y la devaluación emergente hicieron que perdiera toda la mejora competitiva que tan dolorosamente se obtuvo tras aquél shock.
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Pero hay otro argumento en favor de un dólar oficial más alto, que va más allá de la carrera entre monedas emergentes. Y tiene que ver con factores monetarios. El grueso del esfuerzo por financiar paquetes de ayuda como el Ingreso Familiar de Emergencia, las transferencias que se prevén a empresas para ayudar a pagar sueldos y el aumento en el gasto en materia de salud, por poner algunos ejemplos, se financia con emisión monetaria. En marzo, la base monetaria creció un tercio, en parte por mayores transferencias al fisco y principalmente por el desarme de Leliq propiciado por el Banco Central para que los bancos financien a empresas que se quedaron sin ingresos durante el freno a la actividad.
“Nosotros subimos nuestras previsiones de dólar mayorista para diciembre de $83 a $95. El mundo está mucho más complicado, las monedas emergentes se debilitan cada vez más, el real se depreció 30% desde el comienzo del año. Por más que administren el tipo de cambio es necesaria una depreciación real para que el ajuste de las cuentas externas cierre", dijo Miguel Zielonka de Econviews.
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"Obviamente que si resulta que la crisis de coronavirus se resuelve bien, rápido y de manera inesperada esto cambia es otra la realidad, pero sino el peso se tiene que depreciar más rápido. Además, las chances de acordar con los acreedores en este contexto son mucho más bajas. También el impacto local de coronavirus, un paquete fiscal que suma 1,4 puntos del PBI y que va a tener que ser financiado con emisión, todo apunta para la debilidad del peso”, agregó Zielonka.
En Ecolatina modificaron las previsiones de dólar para fin de año desde $80 a más de $90, también bajo el fundamento de un entorno monetario que debilita al peso. “Primero porque vemos más inflación. Además, porque vemos una negociación de la deuda más larga y con un resultado más incierto, lo que alimentará la brecha. Y por último porque este plan expansivo va a generar mayor oferta de pesos, de los cuales una parte se irá al mercado paralelo y, en la búsqueda por contener un poco la brecha, entendemos que el Banco Central va a dejar correr al tipo de cambio”, dijo Matías Rajnerman de esa consultora. “Vemos una inflación más cerca de 50% que de 43% y un dólar por arriba de $90 a fin de año”, concluyó.
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Para Juan Manuel Pazos de TPCG, mientras tanto, hay motivos para desconfiar de que el Banco Central lleve al dólar al alza, a pesar de que pueda ser conveniente. “La hipótesis es que no lo pueden retrasar demasiado sin afectar el déficit de cuenta corriente. Pero lo cierto es que no tenemos data cierta sobre lo que se va a decidir, yo temo que va a estar más planchado de lo que espera el REM, porque suma inflación y ruido político. Lo van a mover todos los meses, sí, pero mi opinión es que va a ser mucho menos de lo que se espera”, dijo.
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