El alto índice de riesgo país afecta más a la industria manufacturera que al agro y al sector petrolero

Desde 2011, cuando la economía entró en “estanflación”, fue el sector fabril el que llevó la peor parte, retrocedió en su contribución al PBI

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Mientras que el PBI de la Argentina disminuyó 2,1% entre el 2011 y el 2019 (tres primeros trimestres de cada año), el valor agregado correspondiente a la “Industria Manufacturera” cayó nada menos que un 18,6%. El sector se achicó, por ende, 16,5 puntos porcentuales más que el promedio de la economía.

En este período, de 2011 a 2019, el sector agropecuario se incrementó un 6,8%, por lo que acumuló una brecha de 25,5 puntos porcentuales con la industria. El sector Construcción, por su parte, cayó 5,5% (brecha de 13,2 p.p. con el sector fabril) y el de Explotación de Minas y Canteras disminuyó 7,9% (diferencia de 10,7 p.p.).

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Entre 2012 y 2019, en cada uno de los años la performance de Industria Manufacturera fue peor que la del promedio de la economía. Los tres años en los que la caída del sector registró la mayor brecha con la variación del PBI fueron 2014 (4,7% vs. 2,4%), 2016 (6,1% vs. 2,3%) y el caso más extremo fue el del año pasado, cuando se contrajo 7,6% (tres primeros trimestres) vs. una merma del PBI de 2,5%. No hay dudas que este ensanchamiento de la brecha a 5,1 puntos porcentuales se explica en buena medida por la contracción crediticia que experimentó la economía Argentina desde los últimos meses de 2018.

A lo largo del período, tenemos etapas con y sin control de cambios, con mayores o menores restricciones al comercio exterior, con y sin metas de inflación. Por lo que es difícil encontrar una explicación al fenómeno de contracción industrial considerando sólo los instrumentos de política económica.

La industria tiene en común con Agro e Hidrocarburos el hecho que produce bienes que son comercializables internacionalmente y están expuestos a la competencia global. Sin embargo, el retorno de la inversión en la industria es más lento (lleva más tiempo) que el que se deriva de invertir en una cosecha o en un pozo “no convencional” de gas o petróleo.

Además, parte de las eventuales ventajas competitivas en agroindustria e hidrocarburos se apoyan en la disponibilidad de recursos naturales, mientras que las chances de la industria propiamente dicha descansan en “todo lo demás” en materia de recursos productivos. Por ende, las elevadas tasas de riesgo país y los problemas de falta de horizonte de las políticas económicas tienden a afectar más a las inversiones y al crecimiento potencial del sector industrial.

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A esto se suman otros elementos, con incidencia específica sobre el sector manufacturero, el “factor China” y el “factor Brasil”:

1. La irrupción de la competitividad de China y Asia en general, fenómeno que se empieza a expresar con fuerza desde la primera década del siglo XXI. Aunque existan mecanismos de protección (aranceles, trabas aduaneras, etc), las inversiones en la industria local probablemente se han pasado a evaluar “como si” la economía fuera más abierta. Esto es porque las diferencias para competir de igual a igual pueden llegar a ser tan significativas que para un número importante de proyectos ya no se puede contar con la exportación como mercado, mientras que la facturación en el mercado interno ha pasado a depender de barreras cada vez más elevadas.

2. Las tribulaciones de la economía de Brasil (que en muchos casos se explican por haber adoptado políticas semejantes a las que llevó a cabo la Argentina) han tenido gran incidencia en el período analizado. Obsérvese que las exportaciones totales de Argentina a Brasil (incluye todos los productos) pasaron de USD 16.905 millones en 2011 a USD 10.552 millones en 2019, una caída del 37,6 por ciento.

(Presidencia)
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El abordaje al problema industrial, por tratarse de un sector que produce bienes comercializables internacionalmente, debe hacerse desde la vertiente de la competitividad.

Señales preocupantes

Pese a la profunda recesión de Brasil (2015/16) y, a posteriori, a similar fenómeno en el país, la industria en promedio (hay excepciones, por supuesto) no ha podido compensar en forma perceptible la merma en la facturación local con exportaciones a terceros mercados.

Desde 2009 está cayendo en forma tendencial la participación de la industria local en las exportaciones mundiales de MOI, neteadas del Mercosur. En 2009, la participación fue de 0,15% de las exportaciones mundiales (sin Mercosur), para descender a 0,10% en 2018. Un dato llamativo es que, cuando ocurrió la crisis de 2001/02 (en la que también tuvo participación Brasil) el market share de las exportaciones industriales de la Argentina subió de 0,14% (1998) a 0,18% (2002%). Es decir, en aquella crisis, la industria, por su competitividad, pudo jugar un rol anticíclico, fenómeno que brilla por su ausencia en esta oportunidad.

La dificultad para aumentar la participación en el comercio mundial en el contexto recesivo de Brasil y la Argentina abre un serio interrogante acerca del potencial de al menos parte de la capacidad ociosa que hoy detenta la industria.

Si a esto se agrega la hipótesis de que un buen número de proyectos de inversión en el sector se evalúan “como si” la economía fuera más abierta de lo que surge de los indicadores tradicionales, entonces no caben dudas que se necesita un replanteo integral de políticas.

Los autores son economistas de IERAL de Fundación Mediterránea

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