
En contraste con la aceleración de la tasa de inflación, como se denomina usualmente a la variación del Índice de Precios al Consumidor, a 2,9% en enero de 2019, luego de 3 meses consecutivos de aminoramiento de la marcha de la suba del promedio de la canasta familiar, el Indec informó que el Índice de Precios al por Mayor subió menos de la mitad que en el mes previo: 0,6%, y el costo de la construcción la tercera parte que en diciembre: 1,1 por ciento.
Varias veces en la larga historia inflacionaria de la Argentina se han observado episodios de amplias brechas en las tasas de variación de los indicadores de precios más difundidos, como el IPC; el IPIM y el tipo de cambio de pesos por dólar, en algunos casos por períodos prolongados, como los casi 17 meses que demandó la convergencia de las tasas de variación mensual respecto del año previo a la salida de la convertibilidad; y en otros más cortos, como fueron los 12 meses desde el levantamiento del cepo cambiario a mediados de 2015.
No se trata de un traslado con rezago de la suba de los precios mayoristas al consumidor que provoca una corrección cambiaria, que naturalmente sucede, porque a la hora de analizar los factores que explican las variaciones puntuales del Índice del IPC y del IPIM del Indec, se sabe que el primero está explicado en un 60% por la variación de los precios de los bienes transables con el resto del mundo, donde claramente influye el valor del peso; y en un 40% por la de los servicios, en general "no transables" como las tarifas de los servicios públicos y también privados; y el segundo por el tipo de cambio y las cotizaciones de las materias primas en el mundo.
Aún así en la observación de las tasas de inflación mes a mes respecto del año previo y la de aumento en ese período del índice de precios al por mayor surge con claridad la tendencia a separarse en los períodos de mega devaluaciones, pero que en corto plazo tienden a converger, aunque sin perder su identidad, en particular en momentos no alterados por crisis cambiarias.
El fracaso de las metas de inflación
En el caso reciente, tras la brusca corrección cambiaria por parte del mercado entre mayo y septiembre de 2018, luego de más de un año de fuerte rezago del tipo de cambio flotante contenido por altísimas tasas de regulación monetaria por parte del ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger como insumo básico del programa de metas de inflación descendente, en un escenario de expansión del gasto público y ausencia de reformas estructurales, se produjo una singular abertura de la brecha entre el ritmo de movimiento de esas variables y el dólar.
En marzo de 2018 el IPC, el IPIM y el tipo de cambio minorista subían a una tasa casi coordinada del 25% al 30%, respecto del año previo. En septiembre, mes en el que el Gobierno debió replantear el acuerdo I con el FMI, pedir mayor cobertura del Plan Financiero hasta fin de mandato y cambio de autoridades en el BCRA, esas variables se desbalancearon: el IPC quedó rezagado con una suba del 40,4%; el IPIM se aceleró a 74% y el TC saltó 124%. Así surgió una brecha entre los dos principales índices de precios del Indec de 1,83 veces, la más alta en 14 años.
Ahora, por efecto de la intensificación del alza de la inflación que provocaron los ajustes estacionales de los servicios del turismo, aumentos en las tarifas de comunicaciones y de algunos alimentos, como la carne, mientras que los precios mayoristas se vieron frenados por la recesión que afecta a diversas industrias y la baja nominal del tipo de cambio en 1,5%, la diferencia entre las tasas interanual de variación de esas variables se acortó notablemente. Pasó de 34 puntos porcentuales entre el IPIM y el IPC en septiembre de 2018 a menos de 18 pp; y respecto de la devaluación de se achicó de un rango de 50 y 80 pp, a menos de 30 y 48 pp, respectivamente.
En una mirada retrospectiva de largo plazo, como podría ser la base de diciembre de 2002, tras un año de adaptación de la economía al fin de la convertibilidad de modo abrupto, se observa que hasta fines de enero de 2019:
1. Los precios al por mayor subieron un 2.108%;
2. Los precios al consumidor aumentaron 1.603%
3. El tipo de cambio de pesos por dólar de venta al público se elevó 1.294%
De ahí se puede concluir que el tipo de cambio aún está atrasado, respecto del nivel singularmente alto que había alcanzado un año después del fin de la convertibilidad; o que los precios mayoristas acusaron el impacto positivo para los sectores transables de dos efectos: 1) la baja generalizada de las retenciones a las exportaciones a mediados de 2015, y gradualmente en 2017 y parte de 2018 para el complejo sojero; y 2) el aumento del precio de las materias primas.
Mientras que el rezago que mantiene el IPC respecto del IPIM se vincularía con el atraso de las tarifas de los servicios públicos respecto del incremento que acusaron los costos para proveer esas prestaciones al público y empresas.
La suba del tipo de cambio en los últimos días de febrero, acumula más de 5% desde el valor de cierre de enero, podría poner un freno al cierre de la brecha entre la tasa de inflación y la variación de los precios al por mayor respecto de un año antes, pero nuevos ajustes de precios de bienes y servicios regulados por el Gobierno podrían atenuar ese efecto.
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