Lo que no se vio de la emocionante clasificación de Boca Juniors ante Vasco da Gama: el minuto a minuto en el infierno del Maracaná

El Xeneize se impuso 3-2 en el global por el tanto agónico de Leandro Paredes, que llegó con lo justo desde lo físico. El canto contra River en los festejos

El Xeneize triunfó en el Maracaná y clasificó a la final de la Copa Sudamericana

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Lo que se vivió anoche en el Maracaná fue una jornada épica de fútbol que quedará en la retina de todos los fanáticos de Boca Juniors. Sobre todo de los que acompañaron al equipo del Vasco Arruabarrena en Río de Janeiro y le hicieron frente a unos 60 mil hinchas rivales que arribaron al emblemático estadio de la ciudad carioca con la ilusión frustrada de pasar a la final de la Copa Sudamericana. Fue una hazaña futbolística por la remontada en el tanteador con el agónico tanto de Leandro Paredes, que encima jugó diezmado por una lesión muscular que arrastraba, pero también por los condimentos del ambiente.

Los Vascaínos ya habían advertido que armarían una verdadera fiesta de arranque y así sucedió: un impactante mosaico con el escudo del club cubrió toda la popular de enfrente a la que se ubicaron los simpatizantes xeneizes. Pero el colorido y ruido llegó desde los cuatro costados, porque también en la zona de plateas y la grada contigua a la de La 12 desplegaron banderitas y los globos largos para montar un clima extraordinario que encima fue acompañado de un aliento ensordecedor que por momentos recordó a las vuvuzelas de Sudáfrica 2010, pero reflejado en alaridos del público.

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Mosaico, banderas y bombas de estruendo: el repertorio de la fiesta que armó Vasco da Gama en el Maracaná (REUTERS/Ricardo Moraes)
Mosaico, banderas y bombas de estruendo: el repertorio de la fiesta que armó Vasco da Gama en el Maracaná (REUTERS/Ricardo Moraes)

Las bombas de estruendo inclusive le aportaron un clima bélico a la cuestión, con algunas situaciones que dejaron algo que desear para varios hinchas visitantes en el arribo al estadio (un par de micros quedaron a la deriva y por poco no se registró un cruce entre fanáticos de ambos equipos). Con la entrada en calor de los jugadores y casi toda la cabecera del sector que le habían dado completa, fueron los boquenses, acompañados primeramente por los redoblantes, luego por las trompetas y finalmente con los bombos los que iniciaron la guerra de cánticos. La previa fue variada, pero el que más fuerte sonó es uno de los últimos, con la melodía de “Aprenderás a llorar” de Los Palmeras. “Hoy tenemos que ganar, La 12 vino re loca; en todas partes vamo’ a estar, esta es la barra de Boca”, es la línea que más fuerte sonó.

Lógicamente fue difícil para los Xeneizes equiparar el griterío de los brasileños, que eran 15 veces más en número y, cuando cantaban a dúo, hacían parecer el recinto una caldera. Desde la tribuna, la estrategia de los visitantes estuvo clara y, aunque llame la atención, solamente entonaron dos temas a lo largo de los 90 minutos. Durante el primer tiempo y hasta el gol del descuento del Vasco, La 12 entonó “y dale, dale Boca”. Después, hubo una suerte de pedido de reacción y empuje que concluiría con el gol sobre la hora de Paredes: “Oh, nosotro’ alentamo’, ponga huevo, que ganamos”.

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Decenas de fanáticos asisten al recinto para alentar al Xeneize

Lo de Boca fue constante; lo del Vasco con picos de explosión. Como los de Arruabarrena arrancaron con la posesión, los locales iniciaron un abucheo y silbatina infernal en los primeros instantes del partido. Y casi no tuvieron tiempo de condicionar a sus rivales por el tempranero gol de Lautaro Di Lollo de cabeza que envalentonó a los 4.000 simpatizantes azul y oro que elevaron el tono. Sin embargo, los locales también se hicieron sentir, todavía confiados en poder ponerse arriba de nuevo en el tanteador global. Los corazones se paralizaron con el mano a mano errado por Sebastián Villa, mientras que el estadio directamente se enmudeció del lado carioca con el 2-0 de Miguel Merentiel.

Los brasileños no andan con vueltas: si ven algún futbolista que no funciona, lo reprueban de inmediato. Así ocurrió en la parte inicial con Adson, héroe en la Bombonera con su gol de cabeza para el 1-0 y muy rezongado en el Maracaná ante cada mala toma de decisión o pérdida. Hubo demasiada tensión de principio a fin y eso se transmitió también desde los límites externos del terreno de juego, por ejemplo, con la amarilla para Leandro Paredes por protestar deliberadamente junto a otros compañeros por un fallo del árbitro Jesús Valenzuela.

Maracanazo de Boca en Río de Janeiro: el elenco de la Ribera derrotó 3-1 al Vasco y pasó a la final de la Sudamericana (REUTERS/Thiago Ribeiro)
Maracanazo de Boca en Río de Janeiro: el elenco de la Ribera derrotó 3-1 al Vasco y pasó a la final de la Sudamericana (REUTERS/Thiago Ribeiro)

Con el global a favor gracias a Di Lollo y Merentiel, pero sobre todo dando la talla y haciendo méritos para obtener el resultado esperado, la fiesta se desató al término de los primeros 45 minutos en la tribuna argentina. Y, cuando los futbolistas se perdían en el túnel durante el descanso, se registró una explosión y aplausos que generó curiosidad a más de uno que estaba alejado de ese sector. Un hincha de Boca sacó un estuche, lo abrió frente a su novia y le exhibió un anillo de compromiso frente a todos los fanáticos boquenses. ¿Momento arriesgado ya que todavía no se había consumado la victoria? Quizás, pero su ansiedad tuvo final feliz: Boca se volvió con la clasificación y dos Bosteros que pasarán por el altar.

En el complemento, La 12 no cambió el libreto con su “dale Boca”, mientras los del Gigante de la Colina intentaron despertar a sus jugadores y se motivaron con el ingreso del colombiano Marino Hinestroza, que había estado cerca de ser refuerzo boquense. A los 12, Paredes saltó a la cancha y se ganó la ovación de su público, que también reconoció el esfuerzo y buena actuación de Rodrigo Battaglia. El otro de gran tarea y que pese a no haber convertido se llevó un grito emotivo fue Santiago Ascacíbar, con una doble barrida contra un par de rivales en la que ganó un lateral a favor que se festejó como si fuera el tercer gol.

Sucedió durante el choque ante Vasco Da Gama, por la semifinal de la Sudamericana

El mundo se les vino abajo a los hinchas de Boca con el tanto del Puma Rodríguez que sacudió al Maracaná. Desde ese momento, la cancha se inclinó. El empuje de los locales fue imponente así como también el show instantáneo que montaron justo cuando el reloj marcó el momento de la pausa de hidratación. Candelas desde los cuatro costados y bombas de estruendo de un lado. Además, un cántico bien argento como “es un sentimiento, no puedo parar”, pero en portugués. Fue allí que la percusión boquense cambió el rumbo y, para no llegar a los penales, fueron con el “ponga huevo que ganamos”.

Ese mensaje fue decodificado por el campeón del mundo, que hasta allí había pasado casi desapercibido por su clara molestia muscular que hasta le imposibilitó ejecutar pelotas paradas. Sin embargo, el 5 se guardó una última bala para el final, tiró una pared, se perfiló con campo abierto y sacó un latigazo con comba que llevó al error a Léo Jardim y con el que escribió su página más recordada con la camiseta de Boca, al menos hasta ahora. Éxtasis total en una hinchada que a esa altura comprendía que se encaminaba a una instancia en la que se siente cómoda como los penales, pero que incluso Vasco arremetía para torcer la historia a su favor. No sucedió.

En los pocos minutos que le quedaron al partido, incluidos los seis minutos adicionados en los que el Vasco tiró manotazos de ahogado sin inquietar demasiado a Álvaro Montero, el pobre arquero Léo Jardim fue abucheado ferozmente después de quedar expuesto con su tanto ante Paredes. El público vascaíno demostró que es tan fervoroso como letal ante un fallo grosero como ese. Más allá de algún cruce sobre el final por lo caliente que se tornó la circunstancia y lo que había sido la previa, con el capitán del Vasco Thiago Mendes y un pedido de disculpas por haber reposteado una imagen suya desgarrando el escudo de Boca, la cosa no pasó a mayores, los planteles se separaron y los Xeneizes se dirigieron hacia el rincón donde estaban sus hinchas para unirse en un mismo grito.

Los jugadores, con Merentiel a la cabeza como si estuviera subido al paravalanchas, recitaron de principio a fin el gran hit del momento en la Bombonera: “Hoy tenemos que ganar, La 12 vino re loca; en todas partes vamo’ a estar, esta es la barra de Boca; porque te llevo en el corazón, no me importa más nada; donde estés, va a alentar, siempre va con vos, está descontrolada, tu hinchada; la vuelta vamos a dar, La 12 va a festejar, quiero verte salir primero; no la traten de igualar, es la más loca que hay, la más grande del mundo entero”.

Y obviamente también hubo una pieza clásica con dedicatoria: “Vamo’ a traer la Copa a la Argentina, la Copa que perdieron las Gallinas, las Gallinas” mientras se retiraban los jugadores. Los fanáticos xeneizes deliraron durante varios minutos con un repertorio festivo, pero luego hubo una extensa espera de más de una hora prevista por la Policía local que armó un operativo de evacuación para que no se crucen las hinchadas. El desgaste y emotividad del partido llevó a todos a quedar exhaustos desde lo físico, como si hubieran jugado el partido (que lo jugaron desde su lugar) y con la garganta deshilachada. Pero en la salida, hubo un canto final con la melodía de Mariposa Tecnicolor de Fito Páez: “Todos los momentos que viví, todas las canchas donde te seguí...”. Y un remate que se repetirá desde hoy hasta la final en Barranquilla: “Boca vos sos mi vida, vos sos la pasión, solo te pido una cosa, que salgas otra vez campeón”.

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