
Jorge Castro será por siempre una leyenda del boxeo argentino. Su temprana muerte, a los 59 años, dejó un profundo dolor en el deporte, pero inmortalizó su figura. El campeón mundial fue reconocido con dos apodos emblemáticos que lo acompañaron a lo largo de su carrera y que tienen un significado particular: Roña y Locomotora.
Ambos motes representan a Castro y están ligados a su estilo dentro y fuera del ring. El primero en aparecer fue Roña, y lo hizo mucho antes de que pisara un gimnasio. Nacido el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, el futuro campeón mundial creció peleándose en las calles patagónicas. “Yo era muy peleador. Me peleaba en la calle con cualquiera. De ahí viene el apodo porque buscaba roña todo el tiempo”, contó en una entrevista con TyC Sports.
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El propio Castro explicó con precisión el origen de la palabra: en su barrio de Caleta Olivia, los vecinos lo anunciaban con una frase que se volvió profética. “Me decían ‘ahí viene el busca roña’, de chiquito”, recordó en diálogo con El Destape. El término, propio del lunfardo rioplatense, refiere a quien busca pelea o conflicto. Y ese era él. Ese apodo lo siguió toda la vida. Tanto fue así que lo adoptó por encima de Locomotora. “Me gusta más ‘Roña’ porque es de barrio”, admitió. Era el que lo conectaba con sus orígenes, con la infancia difícil en el sur argentino, con los años en que vendía diarios y lustraba botas antes de que el boxeo lo llevara por el mundo. De hecho, en su cuenta de Instagram, su nombre de usuario era @locomotoracastro y en su perfil se presentaba como Jorge “El Roña” Castro.
El segundo apodo llegó con su carrera profesional y describía algo muy concreto: su modo de afrontar un combate. Locomotora surgió de la imagen que Castro proyectaba en el cuadrilátero, la de un boxeador que avanzaba sin parar, absorbía golpes y seguía presionando. La comparación con una máquina de vapor no era metafórica, sino literal: acortaba distancias, soportaba el castigo y continuaba atacando hasta el final. De hecho, ese mismo apodo llevaba Alejandra Oliveras, boxeadora fallecida el 28 de julio de 2025. “Me lo pusieron de pendejo, cuando tenía 17 años, porque siempre iba para adelante y nunca retrocedía”, recordó en una entrevista con América TV.
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Castro usaba el término como verbo cuando hablaba de sus peleas. Al recordar su combate del 2 de diciembre de 1989 ante el Puma Miguel Arroyo en el Luna Park —la noche en que ese estadio reabrió sus puertas después de dos años—, dijo: “Puse la locomotora y gané yo”. La frase resume mejor que cualquier definición lo que el apodo significaba en la práctica. “Lo de ‘Locomotora’ es más por lo de deportista”, precisó al diferenciar los dos sobrenombres. Mientras Roña era el chico de barrio, Locomotora era el atleta: el que nunca retrocedía, el que construyó una carrera de 144 combates con 130 victorias, 90 de ellas por nocaut.
El camino de Castro estuvo marcado por combates memorables. Su primera gran actuación llegó el 2 de diciembre de 1989, cuando encabezó la velada con la que el estadio Luna Park reabrió sus puertas al boxeo tras dos años de inactividad, al vencer al Puma Miguel Arroyo en el noveno asalto, lo que lo catapultó al reconocimiento nacional. En 1991 se midió con el bicampeón mundial Terry Norris en Francia por el título superwelter —una derrota, pero honrosa— y en 1992 fue el primer rival en llevar a las tarjetas al intocable Roy Jones Jr. en Estados Unidos, quien luego reconoció que Castro había sido uno de los boxeadores que más fuerte le habían pegado.
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El momento cumbre llegó el 12 de agosto de 1994 en Buenos Aires, cuando derrotó por decisión dividida al estadounidense Reggie Johnson y se consagró campeón mundial del peso mediano de la AMB. Cuatro meses después vino la hazaña mayor: el 10 de diciembre de 1994 en Monterrey, México, ante el invicto John David Jackson, Castro llegó al noveno asalto con ambos ojos inflamados y perdiendo en las tarjetas. Un gancho de izquierda al mentón cambió todo: Jackson cayó dos veces más y el árbitro decretó el nocaut.
Castro bautizó ese golpe como “La Mano de Dios”, en homenaje a Diego Maradona. La revista estadounidense The Ring eligió esa pelea como la Pelea del Año y ese asalto como el Asalto del Año. En 1997, además, protagonizó dos combates a diez asaltos frente a su ídolo de la infancia, el panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán, con una victoria en Mar del Plata y una derrota en Panamá. Se retiró el 27 de enero de 2007 con una victoria por nocaut técnico ante el paraguayo José Luis Herrera, cerrando una carrera de 144 combates y 90 victorias por la vía rápida.
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