
¿Cómo abordar a un personaje con mil aristas? ¿Cómo contar la vida de alguien al que muchos decían conocer, pero que, en el fondo, nadie realmente lo había logrado? Julio Grondona es una de las personas más controvertidas en la historia del fútbol argentino en general y de la era contemporánea en particular. Hombre que vivió pendiente de este juego desde su niñez hasta el último día de su vida. Desde el sillón de presidente de AFA, manejó todos sus estamentos con gran conocimiento, intuición y habilidad, ostentando ese cargo por 35 años, que lo llevó a hacerse de un poder inmenso, que se recortó mucho más allá de la número cinco.
¿Quién fue realmente este hombre? Nos podemos acercar a la respuesta en el libro “Julio Grondona - una historia argentina” de editorial Claridad, escrito con un alto de grado de investigación por Federico Polak. El autor no se quedó solo en los momentos más relevantes y conocidos, sino que fue a fondo, consiguiendo de los más variados testimonios, a través de entrevistas con personas de su círculo cercano (y otra no tanto), que fueron armando este rompecabezas.
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Fue un placer la charla con él, para conocer más de esta obra. Polak es un hombre que ha estado vinculado al fútbol de varias maneras, pero sin dudas, su conexión mayor llegó hacia fines de 1984, cuando fue designado por el gobierno radical, como interventor de un Boca que atravesaba una crisis casi terminal. Supo manejarse con sagacidad y capacidad, para salvarlo y comenzar su proceso de reconstrucción, algo que los más jóvenes deberían conocer, lo nos tan chicos recordar y todos reconocer.

El inicio de la idea de escribir un libro sobre Grondona (que será presentado el próximo 27 de agosto en el Salón Blanco de la Municipalidad de Avellaneda) tiene un hilo conductor con su publicación anterior, donde detalla sus horas como interventor de Boca: “Tal vez estaba incubado en el inconsciente, resume Polak, pero cuando fue la presentación del libro ‘Armando a Macri’, quien estuvo conmigo fue el periodista Sergio Olguín. En un momento que tuvimos para charlar me dijo: ‘¿Y ahora qué?’. Como yo no soy escritor profesional, no me daba cuenta sobre lo que me estaba hablando. Enseguida razoné que los escritores apenas terminan con un libro ya están pensando en el siguiente. Fue allí que pensé en Grondona. Pasaron varios años y le llevé unos cuentos a una de mis hijas para que los mirase y me dijo que no tenía que ir por ese lado, sino con el tema Grondona, hecho que me recordó el episodio y a partir de allí arranqué con la investigación. Siempre me había parecido un personaje muy interesante y encontré un reportaje que me habían hecho sobre temas no vinculados al deporte, y respondí que los tres políticos más importantes que conocí, porque trabajé con dos de ellos, eran Frondizi, Alfonsín y Grondona. Los que me entrevistaban me preguntaron si Mariano Grondona hacía política y les respondí que no, que me estaba refiriendo a Julio (risas)”.
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Como es natural, Polak tuvo un contacto inicial con Grondona, en aquellos tormentosos tiempos Boquenses del ‘84, pero luego, con el devenir de los años, se iban a repetir. Pero a ese conocimiento, le fue agregado más datos, algunos que los sorprendieron: “Para el libro conversé con gente que estuvo cerca de Grondona y otros que no, pero en conjunto, todos esos testimonios, me cambiaron la imagen que tenía de él. Habíamos tenido algunos encuentros a la largo de nuestra vida, siempre muy cordiales, que se dieron cuando fui interventor de Boca, por supuesto, luego en tiempos de la crisis de Racing, y más tarde cuando yo ejercía funciones públicas y Julio venía por ejemplo al PAMI, para solicitar entradas para los jubilados”.

Todos tenemos la imagen de un Grondona activo y formal, en su rol de presidente casi eterno de AFA y hombre fuerte de la FIFA. Sin embargo, al recorrer las páginas aparece otra faceta, casi desconocida, de un hombre más terrenal: “En sus últimos años tenía una casa en medio del campo, en Loma Verde, donde se vestía de modo muy informal y era un vecino más del lugar, donde él podía recrear a Sarandí, de donde se había ido, en algo que estimo que debe haber sido muy doloroso, porque era un hombre nacido, formado y crecido allí. Incluso fui a la famosa estación de servicio, que ahora manejan dos de sus hijos, para hablar para este trabajo, pero ellos querían que hiciéramos el libro en conjunto con Cherquis Bialo, quien no tenía ningún interés en hacerlo conmigo. Y era lógico, porque era un periodista extraordinario y no le cerraba elaborarlo con alguien más académico como yo, y a mí tampoco, porque básicamente eran distintos enfoques. Además, me parece que Ernesto quería hacer algo autorizado por la familia, y yo no, pero lo escribí igual”.
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Grondona tuvo muchas personas cercanas en el ámbito familiar, lejos de las presiones que acarreaban puestos de poder. Sin dudas, quien más influyó en él fue su esposa Nélida, la compañera de toda la vida: “Su importancia era total. Ella se incorporó como empleada al corralón de la familia Grondona cuando apenas tenía 14 años y de allí en adelante, estuvieron toda la vida juntos. Para Julio, el concepto de familia era muy importante, él siempre pensaba que dirá Nélida de esto, o si había algún lío en televisión, procuraba que no lo viese su madre, que ya tenía más de 100 años. Y hay un ejemplo claro, que excede el fútbol, que es el caso de Gabriela García Uriburu, que durante muchos años no pudo ver a sus hijos, porque el padre se los llevó a Jordania. Nélida todo el tiempo se lamentaba y comentaba ‘pobre chica, le sacaron a los chicos’. Allí Grondona intervino y logró darle una solución al conflicto, tal era su peso a nivel mundial por intermedio de la FIFA”.

En Julio Grondona habitaban dos maneras contrapuestas en su forma de ser, como caras de una misma moneda: el generoso y el arbitrario, como detalla Federico Polak: “Él era muy generoso en algunas facetas de su vida, como por ejemplo con sus vecinos de Sarandí o cuando elogiaba a una persona que realmente estimaba, pero también sumamente arbitrario si alguien no le caía bien o había actuado de una manera que él no consideraba acorde. Para enfrentarlo, era una persona complicada, que hasta podía infundir miedo, porque me contaron que, para discutir, era muy bravo”.
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Para el autor del libro, el primer encuentro con Grondona, no fue a partir de una circunstancia sencilla. Debió entrevistarse con él, en medio del caos en el que estaba sumido Boca a fines de su doloroso año ‘84, con una inmensa crisis deportiva e institucional: “Cuando llegué al club, faltaban tres días para el remate de la Bombonera, a pedido de Montevideo Wanderers, por una deuda por el pase de Ariel Krasouski, ocurrido en 1981. Traté de buscar un acuerdo con ese club, para evitar eso, que hubiese sido una catástrofe, y pensé que, si la AFA lo garantizaba, ellos iban a aceptar y eso fue lo que sucedió. Allí conocí a Grondona, cuando lo fui a ver con esta propuesta. Fue gracioso, porque hablé mucho para desarrollar la idea, pero él casi no emitió palabra. Sin embargo, con ese aval decisivo, se pudo detener la ejecución”.
A lo largo de su extenso período como presidente de AFA, Grondona trató con nueve técnicos que dirigieron a la selección nacional: Menotti - Bilardo - Basile (dos ciclos) - Passarella - Bielsa - Pekerman - Maradona - Batista - Sabella. Todos diferentes, no solo en su manera de ver el fútbol, sino en el plano de la personalidad. Quizás su mayor afinidad haya sido con el Narigón y las más grandes diferencias con el Kaiser y el Loco. En esta dirección, va el recuerdo de Polak en primera persona: “Él se bancó a Bielsa, a quien despreciaba, pero quería que siguiese hasta el Mundial 2006, porque, ante todo, Grondona sabía mucho de fútbol y era consciente que lo que había ocurrido en Corea - Japón 2002 era una fatalidad que no podía volver a repetirse, porque no iba a tener nuevamente tanta mala suerte. Con respecto a esto, fui testigo de una situación muy particular en el aeropuerto de Lima, al día siguiente de perder de manera increíble la final de la Copa América de 2004 frente a Brasil. Estaba junto a Grondona y había una cola inmensa de gente, algunos de primerísimo nivel, esperando solo para saludarlo y pidiéndole que lo eche a Bielsa. En un momento que nos quedamos solos, me dijo: ‘Para que lo voy a echar si se va a ir solo. Es muy inteligente y está esperando el momento para poder irse en ganador’. Fue lo que terminó ocurriendo menos de dos meses después, al quedarse con la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas”.
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El poder que ostentaba Grondona, siempre fue observado desde la Casa de Gobierno, sin importar el color político del máximo mandatario de la nación. Muchos quisieron correrlo de su sitio, pero ninguno pudo. Una situación extrema se vivió a comienzos de la década del ‘90: “Hay que reconocer que en ese instante hizo una maniobra política espectacular cuando invitó a Joao Havelange, para presenciar un acto en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, algo que no tenía nada que ver. Pero el trasfondo era que el presidente de la FIFA lo respaldase ante Carlos Menem, que llevaba poco tiempo en el cargo y que, como la mayoría de los presidentes de la república, con la excepción de Alfonsín, lo quería a Grondona fuera de la AFA”.
Queda mucho más, que se puede disfrutar a lo largo de las 150 páginas que tiene el libro, que recorre toda su vida, desde los humildes y proletarios comienzos en Sarandí, hasta el final, rodeado de lujos, como uno de los máximos dirigentes de FIFA, que soñaba con ver a Messi campeón del Mundo. Para el final, le pedimos a Polak una reflexión, a manera de síntesis, sobre Grondona: “Tenía una cintura política excepcional, pero paradójicamente, no le interesaba para nada la política, porque si hubiera querido, hubiese llegado a cualquier cargo: era un hombre de una inteligencia poco común”.
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