Penales, expulsiones y polémicas: la lupa sobre los fallos arbitrales en la eliminación de Boca ante Huracán

El Globo derrotó al Xeneize en la Bombonera en un partido en el que pasó de todo y tuvo a Pablo Echavarría como gran protagonista

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*El gol del 1-1 de Milton Giménez estuvo bien convalidado

El Boca-Huracán válido por los octavos de final del Torneo Apertura estuvo cargado de polémicas. Un gol revisado por el VAR por una supuesta mano, dos penales a favor del equipo visitante y dos expulsiones (una por roja directa y otra por doble amarilla) también para el Globo fueron las jugadas puntuales que llevaron a ser protagonista al árbitro Pablo Echavarría más Gastón Monsón Brizuela en la cabina VOR.

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La jugada que derivó en el 1-1 de Milton Giménez y reclamo de infracción de mano para invalidar el gol tuvo una buena resolución por parte de los árbitros. Desde el análisis técnico y reglamentario, no existían parámetros necesarios para ser sancionada la mano. Las imágenes evidencian que el balón impacta en una zona permitida por la regla: el sector comprendido entre el hombro y la parte superior del brazo, superficie que la IFAB no considera punible. Además, el contacto se produce además en una acción completamente natural de disputa, sin movimiento deliberado del brazo hacia la pelota ni ampliación antirreglamentaria del espacio corporal.

El futbolista mantiene una postura lógica para el gesto deportivo y no existe una maniobra adicional orientada a bloquear o controlar el balón con la mano. Ese detalle resulta central para la interpretación arbitral moderna. La normativa actual establece que no toda pelota que toca el brazo constituye infracción. Para que exista mano sancionable debe comprobarse intención, ocupación indebida de espacio o utilización antinatural del brazo. Ninguno de esos factores aparece en esta secuencia. Las repeticiones fortalecen la decisión de convalidar el gol: el impacto se registra en una zona gris que reglamentariamente se interpreta como hombro, con el brazo pegado al movimiento corporal y sin generar una ventaja ilícita evidente. Por criterio técnico, el VAR no encontró una imagen concluyente que justifique modificar la decisión de campo. Desde la lectura arbitral, el contacto es accidental y reglamentariamente válido. Por eso, el gol estuvo bien convalidado.

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*Los dos penales sancionados a favor de Huracán

En cuanto al primer penal sancionado por Echavarría por infracción de Lautaro Di Lollo a Juan Bisanz, en la disputa del balón, el defensor de Boca actúa de manera imprudente, ingresando a la acción con una evidente falta de atención y sin medir las consecuencias del contacto. La intensidad y la forma del cruce terminan impactando claramente sobre el adversario, configurando una infracción sancionable dentro del área. La decisión, en consecuencia, resulta acertada tanto desde el reglamento como desde la interpretación arbitral moderna: penal bien concedido y sin amonestación disciplinaria.

A los pocos minutos, el propio Di Lollo tocó el balón con la mano dentro del área en una pelota parada a favor de Huracán. Esta jugada reúne los elementos que la IFAB considera determinantes para configurar infracción de mano penal: existe intención de intervenir en la trayectoria de la pelota, el brazo adopta una posición no justificada por el movimiento natural y la acción produce un beneficio defensivo directo. La mano termina siendo utilizada como herramienta de bloqueo, alterando una jugada con destino de peligro ofensivo. Las repeticiones muestran además un detalle clave: el movimiento del brazo no acompaña únicamente el impulso aéreo, sino que se ejecuta de manera complementaria al rechazo, en una maniobra coordinada para aumentar la superficie de cobertura. Esa “acción extra” es la que termina otorgándole identidad plena de penal.

En términos arbitrales, no se trata de una mano accidental ni de un rebote imprevisto a corta distancia. La decisión de ocupar espacio con el brazo y participar activamente en el despeje transforma la acción en sancionable. Por criterio técnico y reglamentario, corresponde tiro penal. Sin tarjeta disciplinaria, porque la misma no tiene identidad disciplinaria.

*El planchazo de Ayrton Costa que debió ser expulsión

El gran fallo de la noche fue la no expulsión de Ayrton Costa por un planchazo en el tobillo de Óscar Romero cuando Huracán ganaba 3-1 y todavía estaban 11 contra 11. La acción del defensor de Boca debió ser interpretada como juego brusco grave por la naturaleza de la entrada, el punto de contacto y la impetuosidad con la que fue ejecutada. El defensor llega desde atrás, sin posibilidad real de disputar el balón de manera limpia, impactando con una intensidad que pone en riesgo la integridad física del adversario. Sin embargo, el árbitro decidió no sancionar siquiera la falta, dejando continuar el juego pese a la claridad del contacto. Ante ese escenario, el VAR tenía la obligación protocolar de intervenir al tratarse de una posible expulsión directa por juego brusco grave.

La revisión en campo era indispensable para que el juez pudiera reevaluar la acción con distintos ángulos y velocidades. Nada de eso ocurrió. Ni hubo sanción disciplinaria ni revisión recomendada desde la cabina, configurando un error claro y evidente tanto del árbitro principal como del VAR (Monsón Brizuela) en una jugada de alto impacto reglamentario.

*Las dos expulsiones de Huracán en la misma jugada

Las dos expulsiones de los jugadores de Huracán resultaron técnicamente correctas desde la interpretación reglamentaria. La primera tarjeta roja llega a partir de una infracción de características muy similares a la acción protagonizada previamente por Ayrton Costa: una entrada con excesiva vehemencia, fuerte punto de contacto y una intensidad que pone en riesgo la integridad física del rival. En este tipo de jugadas, el reglamento es claro al encuadrarlas dentro del concepto de juego brusco grave, por lo que la expulsión directa estuvo bien aplicada.

La segunda roja, en tanto, se origina por una conducta inapropiada posterior a la jugada. El futbolista reacciona de manera desmedida en la protesta, buscando el enfrentamiento y generando un clima de conflicto dentro del campo. La actitud intimidatoria y el intento de pelea exceden el límite permitido para una reclamación normal, motivo por el cual el árbitro interpreta correctamente la acción como conducta violenta.

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