
La primera vez que Kylian Mbappé generó peligro en el área de Argentina fue la génesis del segundo gol de Argentina en la final ante Francia por la Copa del Mundo de Qatar 2022. El delantero francés pisó el área rival cuando el reloj pisaba el minuto 36 del primer tiempo. La cobertura de Nahuel Molina fue exacta y el despeje de Emiliano Martínez fue efectivo. La pelota llegó a Dayot Upamecano, quien confiado con su técnica prefirió controlar antes que despejar y devolverla de cabeza. Julián Álvarez no iba a permitir que jugara sereno: su presión obligó la resolución apresurada. Y la posesión volvió a Argentina.
La jugada en sí empezó con ese toque magistral, preciso de Nahuel Molina. Lo había visto a Alexis Mac Allister, solo y de espalda cerca de la mitad de cancha. A la derecha y a la izquierda del volante argentino, sus compañeros ya desplegaban las alas de un contraataque prometedor. Pero en la misma línea, metros adelante estaba el faro, el imán del juego. Lionel Messi recibió también de espalda: le bastó un control de zurda y, antes de que toque el piso, girar su tobillo izquierdo para soltar un toque excelso que encontró abierto por derecha a Julián Álvarez.


El pase de Messi a Julián también fue un aviso. Mac Allister ya había partido disparado desde mitad de cancha para encontrar el vacío que habían generado los centrales franceses. La asistencia en profundidad del delantero del Manchester City provocó que la multitud que no estaba parada se impulsara de sus asientos. La corrida de Alexis estuvo cargada de dramatismo. Él podría haber rematado. Eligió dar un pase extra. A la izquierda de todos estaba Ángel Di María, el hombre de las finales.


El futbolista rosarino que hoy juega en la Juventus de Italia no había podido participar en la final de Brasil 2014 por una lesión muscular. Había marcado ya tres goles en finales con Argentina: ante Nigeria en la final de los Juegos Olímpicos Beijing 2008, frente a Brasil en el Maracaná para conquistar la Copa América 2021 y contra Italia en la goleada por 3-0 en la Finalissima. Todos reúnen una particularidad: fueron tras picársela al arquero. Contra Francia en la final volvió a la titularidad después de unas molestias que lo dejaron afuera de competencia: contra Croacia en la semifinal, a pesar de haber ido al banco, no sumó minutos. Lionel Scaloni no dudó en incluirlo en un partido decisivo.
Jules Koundé no llegó a interceptar el pase fino de Mac Allister que habilitaba la corrida de Di María. Un nuevo mano a mano. Hugo Lloris se tiró bajo. Ángel definió cruzado de zurda: no hubo empeine esta vez. Toda cara interna para superar la estirada del arquero y enviar la pelota al palo más lejano. Era el 2 a 0 para Argentina en la final de Qatar. Era la coronación de un contraataque perfecto, de sutilezas en velocidad, de toques exactos, de pases con sentido. Todos hicieron lo que pedía la jugada.

La celebración convocó a todos los jugadores. Se tiraron al piso, se abrazaron, formaron una montaña. De ahí salió Ángel Di María visiblemente emocionado, con lágrimas en los ojos, con los dedos de sus manos construyendo un corazón.
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