El encuentro que Boca Juniors y Quilmes protagonizaron por los cuartos de final de la Copa Argentina se vio interrumpido por 17 minutos en el complemento producto de los serios incidentes que provocaron los simpatizantes del Cervecero. Un grupo de violentos arrojó piedras hacia la platea del Xeneize y, no conformes con ello, superaron el vallado perimetral para ir en búsqueda de ellos. Además, arrancaron las butacas y las arrojaron, junto con las botellas que iban encontrando a su paso.
El árbitro Ariel Penel le informaron de inmediato lo que ocurría en las gradas del estadio Malvinas Argentinas de Mendoza y automáticamente paró el encuentro, que se encontraba 3-2 a favor de Boca Juniors, tras llamar a ambos capitanes, Guillermo Fernández y Mariano Pavone. De hecho, sorprendió este accionar del grupo de violentos de Quilmes porque se originó en el mismo momento en el que el ex delantero de River Plate descontó y su equipo atravesaba el mejor momento del partido.
Una vez que se pudo armar el cordón policial, los hinchas retrocedieron hasta su tribuna, pero continuaron arrojando proyectiles. No solo a la platea de Boca Juniors, sino también al campo de juego. Detrás del arco que custodiaba su arquero Esteban Glellel, se ubicaron los bomboneros que arrojaron agua buscando calmar a los violentos. Pero las agresiones no cesaron pese al pedido de los propios jugadores.
Incluso, el jefe de seguridad de la delegación del Cervecero, Pablo Otero, recibió el impacto de uno de los proyectiles en su cabeza y debió ser atendido por un importante sangrado. También otros efectivos policiales que tuvieron que ser retirados.
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