
“Palo, palo, palo, palo bonito palo eh, eh eh eh, somos campeones otra vez”. Con las luces del Monumental creando un clima especial, los festejos del River campeón iniciaron en el campo de juego ante su gente; sin embargo, su punto álgido estuvo dentro del vestuario.
Además de los paraguas con los colores millonarios y los bombos, el cotillón utilizado por los de Núñez en esta ocasión tuvo un guiño histórico. La galera y el bastón, que también se observaron en el logo ubicado al dorso de las remeras especiales que utilizaron por el título de la Liga Profesional, no fue de casualidad. En Núñez se valora el buen juego y el paladar negro, algo que el equipo de Marcelo Gallardo logró con creces a lo largo de la temporada. Además de proclamarse con cuatro fechas de anticipación, le sacaron ¡12 puntos a sus más inmediatos perseguidores! y son el equipo más goleador.
También tuvo un lugar destacado la mítica corbata de Ángel Labruna, la misma que el Muñeco reeditó en el pasado Superclásico. Aunque la original, que fue diseñada por Ante Garmaz (hincha fanático de Boca) y fue la cábala en el Metropolitano de 1975, se encuentra en un lugar privilegiado dentro del Museo de River, esta réplica que fue utilizada para brindarle un mimo a uno de los máximo ídolos de la institución.

Antes de trasladar la algarabía a la intimidad del vestuario, algunas de las figuras del plantel fueron “atacadas” por los juveniles que oficiaron de alcanza pelotas en la goleada ante la Academia. Tres futbolistas de la Octava División fueron los que se quedaron con los shorts de Agustín Palavecino, Julián Álvarez, Paulo Díaz y Santiago Simón. “Fue una guerra”, soltaron entre risas tras tener el ansiado trofeo en sus manos.
En el medio de la fiesta, por supuesto, hubo un permitido. Las dos bebidas más elegidas por los futbolistas fueron la cerveza y el fernet. Por ejemplo, el paraguayo Robert Rojas y Jonatan Maidana se mostraron con un vaso XXL de la famosa bebida alcohólica con granos de cebada germinados. El juvenil Federico Girotti, por su parte, fue uno de los que se inclinó por el amaro italiano; aunque en su versión “viajero” (con una botella de gaseosa cortada).

La frase de Marcelo Gallardo hace algunas semanas, afirmando que en River Plate se mueven como manada, también quedó en evidencia al sumar a los festejos a todos los familiares y amigos de los deportistas, quienes se repartieron entre el vestuario o el césped del Antonio Vespucio Liberti. Una clara muestra de esa fuerte unión fue cuando Chabela, la mamá del capitán Leo Ponzio, tuvo un afectuoso abrazo con Javier Pinola. Ambos, con una sonrisa dibujada en el rostro, festejaron una nueva conquista y rememoraron viejas batallas.
También hubo pedidos de fotos cruzadas. Los allegados de algunos futbolistas aprovecharon la oportunidad para tomarse un recordatorio con sus ídolos millonarios. Los niños también tuvieron un rol protagónico en medio de la fiesta. El de Robert Rojas se transformó en la “pesadilla” de los micrófonos, ya que intentó llevarse alguno de regalo a su casa mientras su papá brindaba algunas entrevistas a diversos medios televisivos.

El de Braian Romero demostró que lleva el fútbol en la sangre. Mientras le jalaba el pantalón a su padre durante una entrevista, soltó: “Quiero una pelota, ¿dónde hay una pelota?”. El chico, además, generó un poco de temor en algún momento, cuando se arrimó con una bombucha llena de agua. El de Paulo Díaz, tras corretear por todos los sectores del Monumental, se entretuvo tocando uno de los bombos.
El Muñeco dio la vuelta olímpica junto a tres de sus hijos (el gran ausente fue Nahuel, a préstamo en Colón de Santa Fe). El director técnico estuvo acompañado por Santino, Matías (ambos se desempeñan en las inferiores del club) y el pequeño Benjamín, quien subió al escenario y se colgó la medalla de campeón.
Pese a que las matemáticas marcaban que River Plate solamente necesitaba un punto para proclamarse, hubo una cábala que dijo presente en el estadio. Se trata del clásico sweater rojo del presidente Rodolfo D’Onofrio (fue el título 15 en sus 8 años de gestión), el mismo que se hizo famoso en las épicas batallas contra Boca en Mendoza, por la Supercopa Argentina, o en Madrid, en la final de la Copa Libertadores. “Me da tranquilidad a mí, no a los jugadores”, soltó el mandatario entre risas.
Cuando restan tres partidos para la finalización del certamen, el Millonario armó una fiesta en la que no faltó la alegría, algún que otro cántico dedicado a su clásico rival y quedó en evidencia una de las claves del plantel: la unión del grupo, la cual trasciende fronteras e incluye hasta las familias de los deportistas.
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