
La pandemia que padece el mundo obligó a Estados y gobiernos a trabajar a prueba y error. Y la prueba y el error han significado pasar al lugar opuesto respecto de una decisión tomada. Todo el mundo ha entendido que humanamente la lucha es desigual. Y frente a una lucha desigual, el hombre tiene la obligación de apelar al eclecticismo para encontrar el camino. La única institución del mundo que mantuvo rigor absoluto sobre las decisiones tomadas fue la Conmebol; al menos respecto de los demás, pero no de sí mismo, porque llegado el momento cambió acertadamente la sede de partidos ante circunstancias especiales, como sucedió en Independiente Santa Fe-River, que se mudó a Asunción.
En esta inteligencia, la mente debe estar abierta a contingencias que, tal como su definición nos anticipa, resultan imprevistas, inesperadas y sorprendentes. Por ejemplo, el caso River. Fue obligado a jugar su partido frente a Boca en cumplimento estricto de un reglamento establecido post declaración de la pandemia, pero no modificado en la evolución y gravedad de la pandemia. No hubiera sido grave en la disputa de fase regular, que lo hubiera puesto en igualdad de otros clubes que pasaron por lo mismo, como por ejemplo Banfield, Sarmiento, Independiente o Gimnasia. Pero al llegar a este atractivo sistema de playoffs, el que pierde queda eliminado. Entonces, se rompió el equilibrio deportivo.
River no podía pedir aplazamiento del partido, por cuanto sus dirigentes aceptaron la reglamentación de la Liga después de la suspensión fáctica al declararse la pandemia. Es el momento de que entre la federación a la que está afiliada River y eximir a los dirigentes de ese club; debió haber sido la AFA quien asumiera la defensa de un afiliado y de la credibilidad de un torneo propio.
Hemos pasado por una situación especial el 24 de noviembre de 2018, en la revancha del partido final de la Libertadores, que fue suspendido, en aquella oportunidad, por la lesión de Pablo Pérez y otros jugadores de Boca Juniors. Se votó en Asunción y el River-Boca se mudó a España. El representante argentino, el mismo presidente que tiene la AFA -Claudio Tapia- ahora, votó a favor de llevar el partido a Madrid. En esa circunstancia, su voto hubiera sido simbólico pero representativo, más allá de que el partido hubiera ido a Madrid de todas maneras.
En esta circunstancia, el presidente de la AFA debió asumir la responsabilidad de defender a uno de sus afiliados, porque al no estar en condiciones de jugar, el fin de semana con 15 casos de coronavirus; hoy 22, hubiera resultado reconfortante y ampliamente concordante con el sentido deportivo haberle pedido a la confederación a la cual está afiliada un tratamiento excepcional y emergente, dado el contexto con pocos antecedentes, en la centenaria historia del fútbol mundial.
Cuando se libraba la Segunda Guerra Mundial, el fútbol paró en Europa. Debió esperar más de un año para que sus clubes fueran recomponiendo el mapa de cada país y así volver a reagruparse como federación y darle vida a la FIFA. ¿Qué es esto sino una guerra? ¿Se jugó al fútbol en Yugoslavia en la partición geopolítica del país? ¿Se jugó al fútbol en la Vieja Unión Soviética después de la Perestroika? Siempre el reglamento debe subordinarse al deporte.
Entendemos el esplendor futbolístico antes de la pandemia en todo el mundo. Entendemos que ese esplendor deba ser un objetivo inmediato, pero la industrialización del fútbol, como uno de los 10 negocios más poderosos del universo, solo será saludable si se prioriza el espíritu deportivo. Habrá grandes negocios, cuando más grandes equipos hubiera. ¿Cuál sería la imagen del fútbol sudamericano con un jugador de campo defendiendo una valla? Se explotará la industria si hay igualdad, equilibrio, deportividad. Esta pandemia nos impone todos los días ejercer la dinámica ley del movimiento, que puede producir cambios y no nos deben sorprender. La Conmebol actuó con sensibilidad compartida cuando vulneró el reglamento postergando un partido de Boca por la muerte de Maradona. Fue una muestra de humanidad frente al dolor del fútbol mundial.
Es un momento especial que impone flexibilidad, inteligencia y comprensión. River no puede ser doble víctima; no puede ser víctima del padecimiento de sus jugadores y ser víctima del resultado deportivo por su inferioridad, que hoy es de River, y mañana puede ser de cualquiera.
La rigurosidad con que se actuó en el pasado (adviértase que no es el mismo caso de Atlético Paranaense), no debe convertirnos en rehenes de errores del mañana. Cuando pedimos salvar a River, estamos pidiendo salvar al fútbol como deporte. Y salvar a los River del futuro.
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