
El pedido formal de Boca a la Conmebol fue contundente: quiere que River sea descalificado de la actual edición de la Copa Libertadores y que el título quede en sus manos. Frente a ese reclamo que no hizo más que profundizar la grieta sorda que había entre ambas dirigencias, River deberá defenderse ante el Tribunal de Disciplina de la Conmebol. La Comisión Directiva que encabeza Rodolfo D'Onofrio quiere que se respete el compromiso firmado por ambas dirigencias con la Conmebol el sábado por la tarde, al posponerse el partido para el domingo, y que el Superclásico se juegue en el estadio Monumental y con público. Para ello, la estrategia de River apunta en dos direcciones: diferenciar el ataque al micro de Boca del ocurrido en 2015 en la Bombonera con el gas pimienta y dejar en claro que los disturbios ocurrieron fuera del perímetro de seguridad que le corresponde al club.
El 14 de mayo de 2015, Boca y River igualaban sin goles en la Bombonera el choque de vuelta por los octavos de final de la Copa Libertadores. River había ganado 1 a 0 el choque de ida en el Monumental con un gol de penal del uruguayo Carlos Sánchez y el empate en la revancha le daba la clasificación a la ronda siguiente. Compacto y aguerrido, River había sido superior a Boca en el primer tiempo. Y cuando el equipo de Marcelo Gallardo retornaba al campo de juego tras el entretiempo, en la manga de seguridad fueron víctimas de un ataque con gas pimienta. Leonardo Ponzio y Matías Kranevitter fueron los futbolistas más afectados con quemaduras de primer grado y ceguera temporal y ardor en los ojos, mientras que Leonel Vangioni, Jonatan Maidana, Ramiro Funes Mori y Gonzalo Martínez también la pasaron mal.
Tras una hora y cuarto de espera, el árbitro Darío Herrera determinó que el partido no podía continuar. Cuatro días más tarde, la Conmebol descalificó a Boca de la competencia, lo que generó una gran polémica. En la presentación que realizó el domingo ante la Conmebol, Boca reclama que se aplique el mismo criterio para sancionar a River y exige la descalificación del conjunto millonario de la competencia, con la consecuente obtención del título para los dirigidos por Guillermo Barros Schellotto.
En River consideran que no hay puntos en común entre aquella agresión ocurrida hace tres años y la que el plantel de Boca sufrió el sábado cuando se dirigía al estadio Monumental. El micro fue atacado a piedrazos y botellazos que rompieron cuatro ventanillas y, según los informes médicos presentados por Boca, le produjeron heridas a Pablo Pérez y al juvenil mediocampista Gonzalo Lamardo. River sostendrá ante la Conmebol que, a diferencia de lo ocurrido en 2015, el ataque no se produjo dentro del estadio sino a 800 metros y fuera del perímetro de seguridad que debe cubrir el club. River también mantendrá la postura de que no hay paralelismos con el ataque del gas pimienta pues aquella noche el partido se estaba jugando y todo ocurrió dentro del estadio, y ahora el encuentro no había comenzado y los disturbios ocurrieron a ocho cuadras del Monumental.

Además, buscarán dejar en claro que la responsabilidad del ataque no fue de River, sino de las importantes fallas que se produjeron en el operativo de seguridad. Uno de los principales dirigentes de River le dijo a Infobae que "hubo una zona liberada que fue responsabilidad absoluta de la Policía". Y agregó: "Cuando el micro llegó a Libertador y el boulevard Lidoro Quinteros, la Policía debería haber alejado a los hinchas de River a unos 50 metros del lugar por donde pasaba el micro de Boca y no lo hizo. Es muy extraño lo que ocurrió".
En River también evaluaban la posibilidad de incluir en su descargo que Pablo Pérez fue revisado en el sanatorio Otamendi por un Servicio de Oftalmología que está a cargo de Heriberto Marotta, quien es vocal de la Comisión Directiva de Boca y Jefe del Departamento Médico del club de la Ribera.
Los asesores letrados de River trabajaban contrarreloj para presentar el descargo ya que el martes están citados los presidentes de ambos clubes en la sede de la Conmebol, en Luque, para tomar una definición al respecto. Allí, en las afueras de Asunción, mañana a las 10 se encontrarán Rodolfo D'Onofrio, Daniel Angelici y Alejandro Domínguez, el presidente de la Conmebol, quien les propondrá que la final se juegue el sábado 8 de diciembre en el Monumental y con público en las tribunas. River dirá que está de acuerdo. Boca se opondrá y esperará un guiño favorable del Tribunal de Disciplina, que es independiente de la Conmebol.
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