James “Jimmy” Story conoce Venezuela como pocos diplomáticos occidentales. Pasó casi cinco años manejando uno de los expedientes más complejos de la política exterior estadounidense: la crisis venezolana, primero como encargado de negocios desde Bogotá –después de que Washington retirara a su personal de Caracas en 2019– y luego como embajador confirmado por el Senado en 2020.
Desde esa plataforma inusual, sin embajada física en el país que representaba, construyó una lectura de primera mano sobre el régimen, sus debilidades y sus apoyos externos.
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Hoy, retirado de la función pública, Story sigue siendo una de las voces más escuchadas en Washington cuando se habla de Venezuela y del tablero hemisférico.
En diálogo con DEF en el marco de la XI Conferencia Hemisférica de Seguridad, el exembajador va más allá de la diplomacia: advierte que, sin una recuperación institucional real, no habrá inversión ni estabilidad; desmenuza los vínculos entre el régimen y el crimen organizado; y traza lo que considera el único camino posible hacia una transición. También habla de Colombia, de Cuba y del costo que toda la región ya está pagando por una crisis que el mundo parece haber dejado de mirar.
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El rol de Estados Unidos en el caso Venezuela
-¿Cuál es la evaluación real de Estados Unidos sobre la viabilidad de una transición en Venezuela?
-Todos saben que la recuperación económica debe ir de la mano de una recuperación democrática de las instituciones. El capital es cobarde: si una empresa internacional de petróleo, de gas o de construcción quiere invertir en Venezuela, necesita saber que tiene un contrato real y que el dinero que pone ahí tiene rentabilidad.
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Con este grupo que rodea a Diosdado Cabello –que es, básicamente, el mismo de siempre, salvo por Maduro y Cilia Flores–, después de 25 años, las instituciones ya no sirven. No hay fe en el sistema, y cuando no hay fe en el sistema, el capital espera. La administración hoy habla más de recuperación económica, pero es bastante obvio para todos que también hay que arrancar otro proceso.
-¿Es posible cambiar la inercia del régimen? ¿Se puede romper de alguna forma?
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-Casi todos los días hay aviones de Estados Unidos que se acercan a Venezuela. Ese es un mensaje bastante claro: cuando queremos, podemos. Diosdado Cabello y su entorno saben que tienen un límite. Hasta el momento, el presidente Donald Trump y el secretario Marco Rubio están haciendo más o menos lo que correspondía.
Pero hay señales que me preocupan: Vladimir López, que era ministro de Defensa, pasó a ser ministro de Agricultura; González López, jefe del SEBIN, ahora es ministro de Defensa. Eso indica que el régimen tiene que mantener a ciertas personas dentro del sistema. Hay que hacer cambios profundos e iniciar el proceso de reinstitucionalización.
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-¿Qué otros caminos existen para provocar ese cambio, más allá de lo militar?
-Hay muchos frentes. El sistema judicial, en su totalidad, no funciona como debería. Durante 15 años, no hubo elecciones en las universidades. Los padrones de votantes y los partidos políticos están desarticulados. Hay que arrancar ese proceso porque una elección sola no hace un país democrático: las instituciones valen. Y eso también ayudaría a la recuperación económica, porque les daría confianza a las empresas internacionales para invertir.
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También llamé la atención sobre la libertad de prensa el 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Prensa: habría que exigirle al régimen que deje entrar información de la oposición. Sin eso, no estamos avanzando en la recuperación democrática.

-¿Qué riesgos genera para la región que la crisis venezolana se extienda en el tiempo?
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-Para Colombia, es un riesgo real. El presidente Gustavo Petro tuvo que reunirse con Diosdado Cabello porque ambos tienen un problema en común: las FARC-D y el ELN. En el caso de Argentina, hay que recordar que el Tren de Aragua fue utilizado para matar a un exoficial de las Fuerzas Armadas venezolanas en Chile. Imagino que también están operando en Argentina.
La crisis humanitaria, además, no está mejorando: hay unos 3 millones de venezolanos en Colombia, 800.000 en Perú, cientos de miles en Argentina. Eso es una carga real para los gobiernos de la región, que deben proveer alimentación, vivienda, salud y educación a personas que llegan sin nada.
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-¿Qué puede aportar el hemisferio en su conjunto a esta transición?
-Una conferencia de donantes podría ser un primer paso, no necesariamente con grandes sumas. Estoy hablando de cosas concretas: 5 millones de dólares en medicamentos, por ejemplo. ¿Por qué los cubanos son los únicos que mandan médicos? Se puede hacer algo así, sencillo, que llame la atención y tenga una respuesta para ese país. Una Venezuela democrática, segura y en crecimiento sería un alivio para toda la región. Ese es el argumento central.
-¿Cómo se rompe el vínculo entre el crimen organizado y el poder venezolano?
-Publiqué un artículo junto a David Bellon, un general de tres estrellas de los Marines, en el que planteamos la necesidad de un plan Venezuela. Hay que trabajar con Colombia para hacer más profesionales tanto a su policía como a las Fuerzas Armadas venezolanas, porque ellas no tienen hoy la capacidad de enfrentar a grupos como las FARC, el ELN o el Tren de Aragua, que forman parte del propio cartel de los Soles.

Se requieren inteligencia y presencia en terreno: grupos de soldados norteamericanos trabajando con colombianos dentro de Venezuela para apoyar ese proceso. Si hoy el secretario del Interior va con empresas mineras a explorar el arco minero venezolano, ¿qué ejército lleva? El ELN está ahí. Eso también forma parte de la recuperación democrática.
-¿Cómo quedaría Cuba si Maduro cae?
-Muy mal. Lo que pasó con la Unión Soviética en 1992-1993, cuando Cuba perdió el petróleo subsidiado, da una idea de lo que viene. Ahora hablamos de perder no solo ese suministro, sino también las rentas que Cuba generaba reexportando petróleo venezolano. El régimen en La Habana sabe que su economía no funciona y que está en problemas. El mayor impacto de una salida de Maduro y Cilia Flores recaería sobre Cuba.
-¿Qué se juega en las elecciones de Colombia y cómo se relaciona con Venezuela?
-El pueblo colombiano es históricamente de centro a centro-derecha, y la presidencia de Petro no fue exitosa. Pasaron de 800 candidatos a esencialmente tres nombres. No sé si Iván Cepeda es el indicado para corregir los errores de Petro, o si es la señora Paloma Valencia, que también es muy fuerte. Estados Unidos debería trabajar con quien gane, pero la pregunta que los colombianos se hacen en silencio es quién tendría más voluntad de ayudar a Venezuela. Esa respuesta la tienen ellos.
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