La amenaza de una guerra total en Medio Oriente preocupa a las cancillerías de todo el planeta. La histórica tensión entre Israel e Irán parece haber llegado a un pico jamás alcanzado antes. El primer ataque directo de la República Islámica sobre territorio israelí superó una línea roja que Tel Aviv no está dispuesto a aceptar.
La génesis del enfrentamiento
El triunfo de la Revolución islámica en Irán, en 1979, marcó el punto de inicio del enfrentamiento entre las nuevas autoridades de Teherán y el Estado de Israel. Los llamados del ayatolá Khomeini a “la destrucción del régimen corrupto de Israel”, al que los líderes religiosos iraníes bautizaron como el “pequeño Satán” (aliado del “gran Satán” estadounidense), prendieron la mecha de esta rivalidad.

La guerra silenciosa entre ambos países llegó a un punto de inflexión con la invasión israelí del sur del Líbano, en 1978, que tuvo como objetivo declarado la desarticulación de las bases palestinas en ese país. La Operación Litani, sin embargo, daría paso al surgimiento de un movimiento extremista chiita que sigue activo hasta el día de hoy.
Hezbollah, el “Partido de Dios”, se gestó en ese contexto y vio la luz en 1982, como parte de la estrategia iraní para unificar a diversos grupos armados chiitas que estaban involucrados en la guerra civil del Líbano. Se convirtió así en un instrumento de Teherán para desestabilizar a Israel.

Argentina y la sombra iraní tras los atentados
A comienzos de la década del noventa, la maquinaria del terror iraní se trasladó a América Latina, más precisamente a la República Argentina, país que cuenta con la comunidad judía de habla hispana más numerosa en el mundo.
Los atentados del 16 de marzo de 1992 contra la Embajada de Israel y del 6 de julio de 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) tuvieron la firma de Hezbollah y la autoría intelectual del régimen iraní. Así lo determinó la Justicia argentina, que dictaminó que ambos ataques respondieron a un “designio político y estratégico” de Teherán.

El Poder Judicial argentino identificó a dos diplomáticos iraníes, que cumplían funciones en su Embajada en Buenos Aires, y a tres altos funcionarios del régimen de Teherán como responsables últimos del diseño de este plan siniestro. Sobre todos ellos, aún pesan órdenes de captura internacionales de Interpol.
El “Eje de la Resistencia” y el programa nuclear iraní
Las primeras dos décadas del siglo XXI marcaron un salto de escala en el enfrentamiento entre estas dos naciones. Al accionar de Hezbollah, se sumó la proyección del poder de Irán en los países vecinos: Irak, tras la caída de Saddam Hussein, y Siria, en apoyo del régimen de Assad.

El último anillo de este “Eje de la Resistencia” es el grupo Ansar-Allah, más conocido como “movimiento hutí”, representante de la comunidad chiita en la guerra civil en Yemen. Como un movimiento de tenazas, el régimen teocrático iraní se valió de cada uno de estos grupos para golpear a Israel y EE. UU. en Medio Oriente.
Sin embargo, hoy la mayor preocupación del gobierno de Netanyahu es el programa nuclear iraní, y hacia él se ha dirigido una serie de operaciones encubiertas de sus servicios de inteligencia (no reconocidas oficialmente por Israel). Además del sabotaje de las instalaciones nucleares, como las centrífugas de la planta de Natanz en 2009, un exjefe del servicio secreto israelí confirmó que su país estuvo detrás del asesinato del el “padre” del programa nuclear, Mohsen Fakhrizadeh, ocurrido en noviembre de 2020.

¿Al borde de una guerra total?
El pasado 1° de abril, un ataque con drones, atribuido a Israel, tuvo como blanco el Consulado de Irán en Damasco (Siria). Allí murieron tres altos mandos militares de la fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní.
La respuesta de Teherán demoró solo dos semanas y tuvo lugar el sábado 14 de mayo: fueron más de 200 drones y misiles. No hubo víctimas civiles y los lanzamientos fueron interceptados por la Cúpula de Hierro, el poderoso sistema antimisiles israelí. A su vez, un posterior ataque con drones a instalaciones militares en Isfahán fue atribuido a Israel.
Las cancillerías de todo el mundo abogan por el fin de la escalada bélica. En un Medio Oriente explosivo, cualquier pequeño foco puede encender la mecha de un estallido a escala regional, de consecuencias devastadoras.
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