
La reciente Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en Los Ángeles, dejó un sabor agridulce en Washington. La ausencia de ocho jefes de Estado latinoamericanos y de tres primeros ministros caribeños empañó la cita en California. “La política doméstica interfirió”, admite, en diálogo con DEF, Craig Deare, militar retirado y profesor de la National Defense University (NDU). “La presencia de los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua hubiera generado un gran revuelo en el electorado hispano de Florida”, completa este experto, quien sostiene que Joe Biden quedó “entre la espada y la pared”.
“A pesar de todo, los organizadores a nivel técnico hicieron lo mejor posible y la Cumbre tuvo resultados aceptables”, señala Deare, quien lamenta que la región no encuentre su lugar en la agenda de prioridades de EE. UU. “Los peligros globales terminan siendo más urgentes: China, Rusia, Irán, Corea del Norte… Lo urgente nunca deja espacio a lo importante”, completa.

-Al finalizar la Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, se firmó la Declaración sobre Migración, un tema muy sensible para EE. UU., México y Centroamérica. ¿Por qué cuesta tanto encontrarle una solución?
-Respecto de la cuestión migratoria, yo pienso en términos económicos y no de seguridad. La principal ley de la economía es la de la oferta y la demanda; hoy tenemos una demanda de trabajadores no calificados en EE. UU. y una sobreoferta de recursos en México y en la región. No hemos sido capaces de resolver ese tema y yo sé que ha tenido mucho que ver la política doméstica estadounidense. Deberíamos encontrar la manera de ponernos de acuerdo para establecer un ordenamiento y un flujo migratorio lógico.
Una oportunidad desaprovechada
-Usted señalaba recientemente que, en 2016, existió una “ventana de oportunidad” para mejorar la calidad de las relaciones entre EE. UU. y los países de la región. ¿Por qué se desaprovechó?
-Francamente, fue por un nivel de ignorancia en los niveles más altos del gobierno estadounidense. Había una serie de factores alineados para permitir un vínculo más estrecho. Yo estoy convencido de que la base para tener una buena relación con la región en su conjunto se construye a partir del vínculo con México. Si esa base no es sólida, el resto es muy complicado. Y Trump arrancó mal su relación con Enrique Peña Nieto por la cuestión del muro en la frontera. Se podría haber hecho mucho más. Fue una oportunidad perdida.
-Otro actor central en los últimos años ha sido Jair Bolsonaro, quien quedó muy alineado ideológicamente a Trump. ¿Qué rol puede jugar Brasil?
-Bolsonaro es un personaje muy especial y tuvo su propia agenda con Trump. Lo que más me sorprendió fue cómo Itamaraty (Cancillería brasileña) tomó posturas cercanas –o, por lo menos, no contrarias– a EE. UU. Otro factor fue el rol que jugó el primer secretario de Defensa de Trump, el general retirado Jim Mattis, quien visitó la Escuela de Defensa de Brasil y dejó una muy buena impresión. La relación bilateral se fortaleció en el corto plazo, pero la pandemia y otros temas, incluso acciones del propio Bolsonaro, debilitaron ese vínculo, que ahora con Biden es más problemático. Todo parecería indicar que Lula podría regresar al poder luego de las elecciones presidenciales de este año. En caso de volver a la presidencia, habrá que ver si será el Lula de la década anterior; o si volverá un Lula con resentimiento por lo que le pasó y no solo con actores de su propio país, sino también con vecinos y otros actores, incluido EE. UU.

China un gigante que acecha
-¿Considera que hoy China es una amenaza para EE. UU. en la región?
-China es, indudablemente, un actor global reconocido y tiene todo el derecho de competir económica y políticamente en el mundo. Hoy en día, al mismo tiempo que compra recursos primarios, Pekín ofrece la construcción de infraestructura crítica tan necesaria para los países latinoamericanos. El tema es a qué costo. Me preocupa que, de aquí a 15, 20 o 50 años, la libertad de acción de los países soberanos que tienen vínculos con China pueda verse limitada. Eso podría verse en distintos lugares del mundo y, cada vez más, en América Latina.
-¿Cómo se explica que el vínculo con China se dé tanto en los países con gobiernos liberales como con posiciones de izquierda o populistas?
-China presenta una oferta muy atractiva, que viene inicialmente sin condiciones. No opina sobre el tipo de gobierno del país con el que negocia. Para inversores de EE. UU. y otros países, que están atentos a cuestiones como la seguridad o la incertidumbre económica, la competencia china es un desafío enorme. Yo hablo de una “dependencia 2.0″, al comprarla con aquella teoría que un grupo de académicos brasileños desarrolló hace unas décadas: la “teoría de la dependencia”. Sería irónico que los mismos países que acusaron a Occidente de imponer su dominación sobre la región terminen escogiendo, por su propia decisión, esta nueva “dependencia 2.0″, en este caso de China.

La expansión del crimen organizado
-¿Considera que la amenaza de las organizaciones criminales y el narcotráfico se ha agravado en la región?
-Desafortunadamente, la situación se ha agravado. Quiero aclarar que, a largo plazo, no estoy de acuerdo con que el problema del crimen organizado se resuelva con el uso de las FF. AA. El desafío es resolver una multiplicidad de cuestiones, que incluyen la debilidad del sistema político, económico y judicial. Los altos niveles de desigualdad económica y de violencia se deben, a mi entender, a las debilidades institucionales que han ido acentuándose a lo largo de las últimas décadas. Me preocupa qué puede ocurrir en países pequeños, con capacidades reducidas y en los que la delincuencia organizada y el crimen transnacional tienen muchos recursos, muchas veces más que el propio Estado.
-Como experto en temas de seguridad y, en especial, en lo que sucede en México, ¿cómo evalúa la política implementada por el presidente Andrés Manuel López Obrador?
-Por ahora, lo que ha hecho el presidente mexicano es “militarizar” aún más la seguridad pública y me parece que es un paso equivocado. Había prometido operacionalizar a la Guardia Nacional y convertirla en una fuerza de carácter civil con un secretario de Seguridad civil. A lo largo de estos tres años, no ha sido así. La Guardia Nacional es conducida por un general retirado [Luis Rodríguez Bucio] y hay una propuesta del propio mandatario de transferir la Guardia Nacional completamente a la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena). Es algo muy diferente de lo que planteó en la campaña que lo llevó a la presidencia.

Argentina, un “Peso pesado” fuera de forma
-Usted acaba de visitar Argentina, que atraviesa una coyuntura política y económica muy difícil. ¿Qué lugar debería ocupar el país en la región?
-A mi juicio, debería cumplir una función mucho más importante que la que ocupa hoy. Es un país que lo tiene todo: tamaño, recursos, capacidad intelectual. Haciendo una analogía con el boxeo, durante muchos años EE. UU. veía a Chile como un “peso liviano” que boxeaba a un nivel más alto, contra “pesos pesados”. En cambio, Argentina presenta la situación contraria: parece “un peso pesado” que ha sido mal entrenado y hoy no puede competir contra los “pesos livianos” por malas decisiones políticas y económicas. Hay muchos casos de países en Europa y en Oriente que partieron de situaciones muchos menos favorables que las de la Argentina actual y hoy sus economías son desarrolladas. Argentina debería ser capaz de hacerlo y jugar un rol de “peso pesado” en la región. Es un país del G-20 y debería luchar por una posición que está en condiciones de ocupar.
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