
Una calle de una sola cuadra que parece de otro tiempo. Está ahí, a dos minutos del Palacio Barolo y tiene algo de misterio. Al verlo, la primera impresión es cinematográfica: cúpulas, herrería, mármoles y detalles de época remiten al academicismo francés y explican por qué es uno de los lugares más preciosos de Buenos Aires. Son ocho edificios, cuatro de cada vereda, que tienen un mismo frente, como si una mitad de la calle fuera el espejo de la otra. Fue construido en la década de 1920, por la empresa Geopé, la misma que participó de obras emblemáticas como el Obelisco y La Bombonera.
Pero la novedad no es esa, ¿o sí? Como sea, el Pasaje, que se fundó hace 101 años, hoy vuelve a nacer de la mano de algunos proyectos e iniciativas que cambiaron su ritmo cardíaco para siempre. Con la llegada de nuevos vecinos, empezó a transformarse en un reducto cultural, donde conviven arte, libros, objetos de diseño, moda, música, gastronomía y oficios tradicionales. Es como un renacimiento o algo así.
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Como sea, hoy el Pasaje Rivarola es una calle donde pasan cosas. Y lo más encantador es que la renovación no borró lo que ya había ahí. Al contrario: lo potenció. Y entre las cosas que pasan, surge Hola Rivarola, un desafío colectivo para activar este pasaje urbano y centenario, con las propuestas de los locales a la calle. Hola Rivarola, marca registrada del diseñador gráfico Santiago Arce, es parte de una de las acciones impulsadas por Mariela Ivanier, comunicadora, coleccionista y vecina del barrio, junto a los nuevos comercios del lugar.

La idea es revitalizar la cuadra y darle una impronta que se traduzca en interés cultural. Una iniciativa que genere un diálogo entre la gente y los emprendimientos del vecindario y los ponga en valor, en una jornada de intercambio mutuo. Las próximas fechas son: el 5 el noviembre y 10 de diciembre. De 17 a 21 (¡y hasta las 22 también!) las puertas de todo el pasaje se abrirán al público y se podrán recorrer todos y cada uno de los espacios que ofrece.
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Ivanier es también la responsable de una de las propuestas más recientes: Colección Rivarola, el Local. La idea tuvo su antecedente en el evento “Té de Colección” que reunió artistas, escritores, políticos y empresarios alrededor de más de 400 obras de arte contemporáneo, en su propia casa. Podríamos decir entonces que fue ella quien, en parte, encendió la mecha para que el Pasaje se pusiera en marcha. Y sí.
Pero mucho antes de esto, ya estaba Asunto Impreso, una librería y editorial, que aterrizó en 1997 y se especializa en libros de artista, fotografía, diseño y arquitectura. Es uno de esos lugares que invita a entrar y tentarse con la gran oferta de ejemplares de diversas disciplinas vinculadas al arte y a la literatura también. Eso sí, seguro salís de ahí con uno o varios textos en la bolsa de compras. No digas que no te avisé.
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Pero si vamos a hablar de emprendimientos, que lograron que el pasaje cambiara su cadencia y fisonomía, hay que hablar también de Café Rivarola. Llegó en el 2023, y es el único en su especie. Es el local gastronómico primigenio que tuvo la cuadra y ofrece café de especialidad, panadería de estilo francés, sándwiches y opciones dulces y saladas sin gluten. Pero su atractivo no reside solo en sus delicias y el pintoresco patio lleno de plantas y flores: también se convirtió en el punto de encuentro del Ciclo de Charlas con Autores Argentinos, donde se presentan libros y se conversa con escritores. Anotá: los últimos días jueves de cada mes, con entrada libre y gratuita.
Sorpresas de otro tiempo y algo más
El paseo sigue. Y de pronto, es un viaje al pasado. Imprenta Ideal, el taller privado de Patricio Gatti, rescata y conserva máquinas gráficas históricas para luego devolverles la vida e imprimir libros artesanales con el único propósito de mantener vigente la memoria del antiguo oficio de la impresión. Se puede visitar con cita previa y te aseguro que es imperdible.
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Y en esa misma dirección, de reencontrarnos con épocas pasadas, está Locas por los Trapos, una tienda pionera en moda circular en Argentina, (nacida en 2004 de la mano de la vestuarista Ana Markarian) que decidió apostar al Pasaje Rivarola para abrir su emprendimiento al público, luego de años de atender a puertas cerradas. El espacio ofrece ropa vintage, vestuario de obras de teatro, antigüedades y objetos encontrados en mercados de pulgas varios. Pero: ¡ojo! no es una tienda de ropa usada y nada más. El espacio también funciona como una colección exquisita, una suerte de viaje por el túnel del tiempo que no vas a poder olvidar.

Así las cosas y en armonía con volver atrás las agujas del reloj, Lemarais, es otro de los nuevos proyectos que llegaron a este rincón parisino de Buenos Aires. Es un showroom que se especializa en piezas de diseño Mid-Century Modern: sillas, sillones, lámparas y muebles, seleccionados especialmente por sus dueños. Visitarlo puede ser una gran aventura.
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Y para quienes buscan algo más que objetos, Espacio Riva suma de todo un poco: música, artes visuales, literatura, cine, teatro, charlas, presentaciones de libros y hasta juegos de mesa. El objetivo principal es volver a encontrarse cara a cara.
¡Ah! y no me quiero olvidar del Museo de la Mujer, justo al lado del Café, que este año festeja sus primeros 20 años e inaugura en octubre una tienda de decoración inusual que se llamara Ancestra. Y de la casa de cueros Perlmutter, un establecimiento muy activo que pertenece a un repatriado argentino que supo vivir varios años en París.
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Finalmente, y como si todo esto no fuera suficientemente atractivo para lanzarse a descubrir el lugar, el Pasaje Rivarola también tiene una relación especial con el cine y la televisión. Su arquitectura simétrica y su aire europeo lo convirtieron en escenario de distintas producciones audiovisuales, entre ellas están: Hay unos tipos abajo, Santa Evita y Envidiosa. Quizás por eso la sensación al recorrerlo sea casi de ficción. Así las cosas, ahora son los visitantes quienes podrán vivir su propia película al entrar en los locales, tomar un café, mirar una exposición, buscar un libro, descubrir una prenda vintage o simplemente sentarse a observar.
El Pasaje Rivarola tiene algo que Buenos Aires atesora: la capacidad de sorprender a pocos metros de los lugares ya conocidos. Entonces, el mejor plan tal vez sea sencillo: llegar hasta el Centro, doblar en Rivarola y empezar a caminar despacio. Sin mapa, sin apuro y, sobre todo, mirando hacia arriba. Porque algunas de las historias más impactantes están allí, esperando a ser descubiertas.
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