“Una forma de cerrar los ojos”, de Raquel San Martín: secretos, desapariciones y un silencio que aturde en la costa argentina

La periodista, editora y escritora cuenta la cocina de su primera ficción, un policial negro que transcurre en un pueblo junto al mar, donde desapareció una mujer y nadie parece tener demasiado interés en resolver el caso

Raquel San Martín es escritora, editora y periodista. "Una forma de cerrar los ojos" es su primera novela.
Raquel San Martín es escritora, editora y periodista. "Una forma de cerrar los ojos" es su primera novela.
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Raquel San Martín (Buenos Aires, 1974) es editora, escritora y periodista. Licenciada en periodismo, tiene una maestría en antropología social de FLACSO y en la actualidad es editora en la editorial Siglo XXI. Durante muchos años trabajó en el diario La Nación, donde comenzó como redactora y llegó a ser la responsable de la sección Cultura y los suplementos Enfoques e Ideas. Fue también docente en la Universidad Católica Argentina. Es coautora del ensayo Dónde queda el primer mundo y escribió el hermoso libro de poemas Un año sin dormir.

Editorial La Crujía acaba de publicar Una forma de cerrar los ojos, la primera ficción de Raquel. Se trata de una novela policial negra cuya protagonista es Paula, una antropóloga que trabaja con jóvenes detenidos en una institución carcelaria, que llega a un pueblo de la costa atlántica en donde pasó sus vacaciones en la infancia y en donde hace tiempo vive su madre. Paula busca resolver qué será de su futuro: se encuentra en plena crisis matrimonial y llena de preguntas sobre su presente y también sobre su pasado. Llega en un momento tenso. En el pueblo acaba de desaparecer una mujer joven y Paula sabrá pronto que ese hecho está vinculado a la desaparición de una adolescente, diez años atrás, un caso que nunca fue resuelto y sobre el que cayó un deliberado manto de silencio por parte de la población.

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Sin saber muy bien por qué, aunque con intuiciones y sospechas dolorosas, la protagonista de la novela comienza a preguntarse quién era la mujer ahora desaparecida y a investigar quién es el responsable de su desaparición, lo que la obligará a indagar en las preguntas y los silencios que atraviesan su propia historia familiar y amorosa.

Días atrás conversamos con Raquel sobre Una forma de cerrar los ojos, sobre su trabajo con los textos de otros y también sobre su oficio de periodista, una forma de vida y una forma de mirar el mundo que no se acaba cuando salimos de una redacción.

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Paula, una antropóloga que trabaja con jóvenes detenidos en una institución carcelaria, es la protagonista del policial de Raquel San Martín.
Paula, una antropóloga que trabaja con jóvenes detenidos en una institución carcelaria, es la protagonista del policial de Raquel San Martín.

— Quienes te conocemos sabemos que hace mucho leés mucha novela policial y que ves todas las series, todas las películas del género. Y también quienes te conocemos sabíamos que estabas escribiendo hace años esta novela. Te conozco muy bien como editora y como ensayista, compartimos una experiencia de dos años de escritura de un libro, sé cómo sos escribiendo pero me gustaría que me cuentes sobre tu trabajo con la ficción. ¿Cuándo se te ocurrió que ibas a escribir un policial?

— Lo que terminó siendo la primera escena de la novela fue algo que yo vi en un momento. Imaginé a una mujer despertando a la madrugada en un pueblo parecido al pueblo en el que finalmente termina sucediendo la historia. La imaginé saliendo de su casa y yendo hacia un lugar que yo no sabía qué era, y me interesó explorar eso. Llevé esa escena como germen de un cuento a un taller de escritura que hacía en ese momento, y como sucede en los talleres, los compañeros te empujan: “adelante, esto es un cuento”, y el cuento se fue poblando de personajes y se fue convirtiendo en una novela. Yo quería explorar el género policial porque me interesa como lectora, me interesa como espectadora, porque creo que el policial hace muy bien algo que en general hace la literatura, que es contarte en primer plano una historia, entretenerte, captar tu atención con un caso, con un enigma, con un misterio que tenés que ir tratando de resolver y además ir contándote otras cosas y hablando sobre cuestiones que pueden tener que ver con la sociedad del momento o incluso con debates y discusiones mucho más profundas.

— Más filosóficas, claro.

— Y me parece interesante el género por eso y quería explorar si yo podía contar esas dos historias al mismo tiempo. Entonces, yo sabía que había un caso y lo fui desarrollando a medida que escribía, cosa que no recomiendo particularmente.

— ¿Qué querés decir?

— Que cuando vas desarrollando el caso mientras escribís, después tenés que volver atrás para acomodar la trama. Una de las grandes dificultades del policial es que la trama tiene que funcionar como un reloj, perfecto, que lo que un personaje sabía en este capítulo no lo sabía en el anterior y cómo mostrar los personajes, cómo esconder los personajes. Hay toda una trama que hay que ir armando muy bien. Y por eso tuve muchas veces que retroceder. Pero, bueno, la trama policial se fue armando. Lo que sí tenía mucho más claro es la base de lo que quería contar, el otro tema que a mí me interesa, que es esto de la memoria y de cómo nos contamos el pasado. Y esta cualidad que tiene la memoria tan interesante, tan humana, de que frente a un mismo hecho que vivimos las dos, vos vas a contarlo de una manera y yo de otra, y las dos son verdad.

— Y cuando eso ocurre en una familia –esas diferentes versiones de los hechos– tiene otras connotaciones, también.

— Por supuesto, y ocurre mucho en las familias. Y me gustó extender esa idea a una pequeña comunidad, que yo imaginaba casi como un personaje. Yo quería que ese pueblo viera, escuchara, escondiera, hablara, ¿no? Y contar qué pasa cuando un pueblo entero decide “acá pasó algo”, “acá no pasó nada”, “éste fue el culpable, éste no”. Quería que eso estuviera en el fondo de ese caso y mi protagonista navega entre las dos tramas.

— Mencionás la primera escena, la que hace que desde el comienzo el lector sepa que hay una mujer que fue atacada. Ese capítulo está escrito en tercera persona, el resto no. ¿Cuándo tomaste esa decisión?

— Siempre pensé la novela en primera persona. Fue una decisión que también tuvo su dificultad posterior: vuelvo con lo del aprendizaje de la escritura, porque contar un policial en primera persona, por un lado, me ayudaba a hacer avanzar la escritura; para mí era mucho más sencillo meterme en los pensamientos y en las acciones de esa mujer, de mi protagonista, e ir contando lo que ella veía y lo que ella sentía, casi de manera entrelazada. Con el avance de la escritura me fui dando cuenta de que, obviamente, contar un policial en primera persona es difícil porque todas las tramas paralelas que van sucediendo tu protagonista no las conoce, tu lector entonces no las conoce.

— No podés tener los demás puntos de vista.

— Exacto. Entonces tuve que crear situaciones en las cuales ella se pudiera ir enterando de esas otras cosas que necesitaba para avanzar en su, pongo muchas comillas, investigación, porque también es una investigadora particular.

Un pueblo en la costa atlántica, mujeres que desaparecen y el incómodo silencio de los habitantes: de esta idea parte la trama del policial "Una forma de cerrar los ojos". (Foto: gentileza Raquel San Martín)
Un pueblo en la costa atlántica, mujeres que desaparecen y el incómodo silencio de los habitantes: de esta idea parte la trama del policial "Una forma de cerrar los ojos". (Foto: gentileza Raquel San Martín)

— Sí, es una investigadora desde la antropología. A mí me da mucha curiosidad saber cómo llegaste a esta forma de la escritura. Como periodista fuiste y sos una de las personas que mejor consigue encadenar las ideas del mundo académico con la divulgación en los medios. Pero en cambio no trabajabas los géneros más cercanos a la literatura como cierta forma de la crónica o los retratos y perfiles. Ya en tu poesía se había visto que podías tener otra escritura y ahora en tu novela apareció otra Raquel San Martín, me impactó mucho eso.

— Pero vos sabés que yo creo, ahora mientras lo decís lo pienso, eso también me lo dio el periodismo. El periodismo es una manera de mirar el mundo, y creo que una de las herramientas que nos da es esa capacidad de observación que tenemos que desarrollar para, muy rápidamente, entender qué está pasando.

— Aunque las tramas no tienen nada que ver, el hecho de que en tu novela aparezcan también formando parte de la investigación dos periodistas, uno mayor y uno más joven, con todo ese mundo que nosotras conocemos bien, me hizo acordar bastante a Betibú, la novela de Claudia Piñeiro, en donde Claudia, que si bien no es periodista viene ejerciendo el periodismo cultural en los últimos años, había conseguido también contar esa idea del viejo periodismo y el nuevo periodismo que están presentes en Una forma de cerrar los ojos.

— Yo quería marcar esa diferencia generacional, esa capacidad de investigación de los periodistas, porque también me ayudaba a mover la trama hacia adelante. Pero el periodismo, te decía, te da esto de mirar, de observar, de estar buscando el detalle y de muy rápidamente entender de qué va una situación. Cuando uno tiene que ir a cubrir algo, por ejemplo, ¿no? Un escenario, una situación de la cual uno no es parte, a la cual uno no pertenece necesariamente, cuando vos estás trabajando cubriendo un determinado tema, cualquiera sea, vos sos un extraño en esa situación y rápidamente tenés que entender quién es quién, qué está pasando, con quién tenés que hablar, quiénes son tus fuentes.

— Sos un forense de los hechos.

— Algo así. Lindo título eso. Algo así. Entonces, a la hora de escribir creo que esa capacidad de observación para el detalle que había desarrollado profesionalmente me ayuda mucho. Ahora mismo nosotras estamos conversando, vos no solo me estás escuchando, estás pensando cuál es la próxima pregunta, estás viendo mis gestos. Si tuvieras que escribir esta situación lo harías con mucho detalle. Bueno, eso me ayudó mucho a la hora de escribir, porque yo quería además una trama muy visual.

— Y lo conseguiste.

— Creo que porque está muy alimentada de las series y películas que veo medio obsesivamente, y que ya veo, no solo porque en un punto me entretienen, sino para ver cómo lo hacen, para entender cómo funcionan esos guiones, o por qué no funcionan, que también es una manera de leer literatura.

— Durante todos estos años viajaste mucho a la costa.

— Muchísimo.

— Entonces, claro, todas esas veces que viajabas supuestamente a descansar te imagino con el cuadernito, tomando nota de todo.

— Con el cuaderno, con la memoria.

— Fotografiando con la cabeza.

— Lo que me interesó también es poder retratar, por un lado un paisaje que para mí es muy querido, porque tengo muchos recuerdos muy hermosos de infancia en lugares parecidos a este. Un lugar donde me gustaría ir, el lugar de los sueños para ir al retiro también para mí. Pero quería extrañarme un poquito, quería alejarme un poco y pensar qué pasa en esos lugares pequeños que funcionan de manera estacional. Qué pasa cuando todos se van de esos lugares. Qué queda, ¿no?

— Claro, porque Paula llega a ese lugar justamente cuando no hay nadie, cuando están solamente los habitantes del pueblo.

— En agosto. Entonces, qué pasa cuando esas casas están cerradas, qué pasa cuando los comercios no funcionan como siempre, qué pasa con esos silencios. Me interesó mucho construir una naturaleza que tuviera varias caras y que por momentos fuera un poco inquietante, también.

Raquel San Martín: "Cualquier decisión que tomamos deja afuera un universo de cosas que podrían haber pasado".
Raquel San Martín: "Cualquier decisión que tomamos deja afuera un universo de cosas que podrían haber pasado".

— Es inquietante también el pasado, en el sentido de que la madre de Paula vive ahí y no se fue a vivir ahí ya retirada sino que tomó la decisión cuando tenía una hija que todavía chica y que la necesitaba. Ella decidió instalarse en el que había sido siempre el lugar de las vacaciones familiares. Hay un montón de cosas que Paula seguramente sospechaba, pero que las va a confirmar a lo largo de la novela. ¿Esa idea y ese vínculo con la madre apareció pronto, apareció como una necesidad para esto que mencionabas antes acerca de que ella pudiera saber cosas? Porque esa madre no es cualquier persona en el pueblo, es como la presidenta del pueblo, digamos, al ser la presidenta de la sociedad de fomento toma muchas decisiones.

— El personaje de la madre fue creciendo a medida que se fue desarrollando la trama, fue creciendo en su participación en este hecho más superficial, si se quiere que se cuenta, y también fue creciendo ese vínculo problemático con la hija, porque hay otro tema que me interesaba mucho tratar y es el de los caminos no tomados, que es otra cosa que la protagonista se pregunta también.

— Ese “qué habría pasado conmigo si en vez de elegir esto, elegía esto otro”.

— Me parece una de las preguntas más humanas que nos hacemos, porque no vivimos en borrador, ¿no? Lamentablemente. Entonces, cualquier decisión que tomamos deja afuera un universo de cosas que podrían haber pasado. A veces son decisiones muy menores, pero otras veces son decisiones muy vitales. De alguna manera quería que la protagonista atravesara también esa pregunta que para ella estaba abierta y que tenía que ver con resolver cuestiones con su madre, como creo que nos pasa.

— En tu novela hay dos mujeres desaparecidas y con la posibilidad de haber sido asesinadas. La palabra femicidio aparece pero la tuya no es una novela de tesis ni es una novela activista o militante. ¿Cómo fue trabajar eso? Porque hay un concepto que 15 años atrás no habría estado, que es el de femicidio, y sos periodista: me gustaría que me cuentes un poco cómo decidiste trabajar eso que es tan delicado.

— Yo no me propuse hacer una novela como vos decís, militante, ni de tesis, ni feminista, pero creo que es un poco imposible escapar de una época cuando uno forma parte de esas discusiones. Yo no diría de mí misma que soy una militante feminista porque conozco muchas militantes feministas y sé cómo ponen el cuerpo, el tiempo, sus investigaciones, su vida al servicio de esa causa. Yo no podría decir que hago lo mismo, pero sí por supuesto que comulgo con esas ideas. Y me pareció más interesante no ponerlo en primer plano, no decir yo acá te vengo a hablar de una injusticia contra una mujer, sino colocar mujeres en distintas posiciones, que desde esas distintas posiciones, más menos militantes, llevan adelante también algunas de estas ideas. Porque creo que ahí cuando esas ideas, con esos ideales, se entremezclan con la vida cotidiana normal, tienen quizás un poco más de fuerza que si uno las enuncia. A mí al menos no me gustan las novelas que me enuncian principios, los quiero ver en todo caso en la trama, en los personajes, en las contradicciones de los personajes. No todas las mujeres son feministas, desde ya estoy diciendo una obviedad. Y no todas están pensando en esos ideales cuando viven y actúan. Me parece que eso tiene más fuerza si uno quiere encontrar de alguna manera alguna denuncia. No fue igual mi intención, no fue mi intención primera.

— Dijiste varias veces que la escritura de la novela fue un aprendizaje y es natural, es tu primera ficción, si bien escribir y editar lo que escriben otros es aquello a lo que te dedicás hace mucho tiempo. ¿Qué dirías que fue que más te constó, lo más difícil de llevar adelante?

— Delinear bien a esta protagonista. Tenía en una primera versión una intensidad un poco insoportable.

— Es una mujer que se hace muchas preguntas todo el tiempo.

— Se hacía muchas más. Delinear este personaje de manera que pudiera generar en el lector cierta empatía, no toda ni completa, porque yo tampoco quería que necesariamente uno la quiera, pero sí que la entienda. Lo que quería lograr es una historia verosímil, una historia posible y creíble en sus propios términos y lo que más me costó creo, es darle esta forma a esta protagonista para que su educación sentimental, su formación intelectual, su historia, su vínculo con su madre, fueran verosímiles, fueran creíbles y, a la vez, generar un personaje que al lector le pudiera provocar algo así como un: “bueno, a ver, te acompaño en esto”.

— Hablábamos antes de lo que pasa entre Paula y su mamá, que son dos mujeres muy diferentes, y se buscan una a la otra, tratan de leerse, pero no se terminan de entender. ¿Eso fue siempre así?

— Creo que se fue imponiendo por el desarrollo de los propios personajes. A medida que vas escribiendo el personaje, en un momento empieza a separarse de vos. Es una experiencia que como primera ficción me resultó muy atractiva, bastante adictiva. Hay un momento en que tu personaje empieza a hacer cosas que vos no harías y la dejás seguir por ese camino. Y estos dos personajes fueron creciendo, fueron distanciándose y acercándose. A mí me interesaba crear situaciones en donde se encontraran como pudieran, ¿no? Y que el final también en ese punto dejara alguna cosa abierta porque creo que así funciona básicamente la vida.

— Aparecen varias familias retratadas por distintos motivos, espacios familiares por decirlo así, que van mostrando que es una novela policial pero también es una novela que trata sobre los vínculos, ¿no?

— Sí.

— Eso por un lado. Y por otro lado es una novela en la que aparecen muchas preguntas que tienen que ver con los caminos no tomados de los que hablabas antes, con los amores no terminados de construir, pero también hay sexo. O sea, te jugaste a escribir una primera novela policial que además tiene escenas de sexo, y escribir escenas de sexo no es sencillo.

— Es muy difícil. Cuando me iba acercando a ese momento… porque yo sentía que ese momento tenía que estar. Vuelvo a la verosimilitud: en la vida hay sexo, y en esta novela hay vínculos de ese tipo, amorosos, más o menos concretados o no, y yo quería que eso existiera en la novela. Y ahí la primera persona me ayudó mucho, por ejemplo, porque dije bueno, me voy a limitar, si está bien utilizado el verbo, a contar lo que ella siente, no a describir la situación, que es cuando para mí como lectora una escena de sexo a veces se vuelve un poquito rara..

— Porque es la mirada del voyeur.

— Claro, es la mirada de alguien que está mirando a esas personas teniendo sexo en ese momento. En primera persona no tengo que contar absolutamente todo lo que pasa, que es también qué palabras usar. Ella tiene que sentirlo como es ella además, no como soy yo. No como lo sentiría yo. A ver: ¿cómo lo sentiría ella?

— Un desafío

— Sí Pero me resultó, creo, más sencillo y más cómodo seguir con la voz de ella solo que ahora contando una relación sexual. Ahí creo que esa fue una buena elección.

Raquel San Martín: "Me animo a decir que ahora los grados de violencia y el lugar de la violencia en la carrera delictiva es lo que ha cambiado". (Foto: Dominique Besanson)
Raquel San Martín: "Me animo a decir que ahora los grados de violencia y el lugar de la violencia en la carrera delictiva es lo que ha cambiado". (Foto: Dominique Besanson)

— Algo que pensaba en relación al pueblo y los silencios: en este caso hay un silencio que tiene que ver con una razón no exactamente comercial sino casi existencial. Conocemos pueblos o ciudades de la costa a los que después de un crimen o de un episodio muy violento, la gente decide no ir y las temporadas se arruinan, entonces muchas veces hay decisiones que se toman en función de no arruinar eso que es el motor del lugar. Y en este momento todo se mide de modo utilitario, creo que como no lo vivimos nunca. También es un clima de época. ¿Cómo fue tomar esa decisión?

— Es un clima de época y hay política además. Quizás se responde parecido a por qué hay sexo, bueno, hay política porque hay vida y la vida en comunidad incluye la política, ¿no? Entendida también así, como la sospecha sobre los concejales, si habilitan o no ciertas construcciones. Entendida como “no digamos nada porque esto nos va a arruinar la temporada, dejemos que esto pase”. Me pareció que completar el universo de ese pueblo implicaba hablar del poder. Hablar de la política es hablar del poder. Hablar del poder y de cómo se reparte un poder pequeño en un pueblo pequeño, que depende a su vez de una ciudad más grande cercana donde está el intendente, ¿no? Hay una marcha para pedir por la víctima. Hay un vínculo ahí con esas autoridades. Hay periodistas más o menos en connivencia.

— Claro, la corrupción está.

— Está. Tampoco quería que fuera un alegato contra la corrupción, quería que eso apareciera de la manera más, con muchas comillas, normal posible. Que apareciera como un dato más del funcionamiento en general de esa comunidad. Pero bueno, el poder es algo que está y que aparece. Y un desafío ahí fue cómo hacer aparecer a la policía, por ejemplo. Porque es una novela policial pero la protagonista no es una detective.

— Pero hay algo más, que tiene que ver también con la coyuntura en un punto, porque ella trabaja con chicos, con chicos que están detenidos.

— Me interesaba que ella tuviera un vínculo con el sistema judicial de alguna manera. Que conociera ese mundo por ese costado que es bien complejo, además, por el lugar en el que quise ponerla, pero que su profesión no fuera la de investigadora, detective, policía. Porque el detective en la Argentina además no funciona como tal, no existe como tal, los fiscales hacen las investigaciones o la policía como auxiliar de la Justicia y demás. Pero yo quería que entrara como en diagonal al caso y que entrara por razones que no siempre son ni de su función, no es la fiscal de turno, ni muy altruistas, ni para buscar la verdad.

— Sí, porque hay intereses propios.

— Exactamente. Y que se preguntara todo el tiempo “qué estoy haciendo yo acá”. Me gustaba que su entrada al caso y a la investigación fueran así.

— Pero sí hay algo interesante que tiene que ver con el lugar de ella de escucha y de trabajo con los chicos detenidos y expresiones que aparecen en la novela como que hay chicos que corren menos riesgo adentro de la prisión que afuera. Si yo extrapolo esa idea, y la pienso hoy en relación al debate por la baja de la imputabilidad y las críticas a las juezas que se oponen, tengo otro resultado. Y ahí vinculo esto con tu trabajo como editora de textos de otros, con tu propia maestría de antropología y con tu mirada de lo que estamos viviendo ya desde la política. Me gustaría saber qué pensás de este asunto después de haber trabajado con un personaje como el de Paula.

— Esas cosas que menciona ella, cosas que dice que escucha de los chicos, vienen de personas que trabajan en eso que yo conozco y que han investigado el tema y hace años que esto sucede: la cárcel como un lugar de pertenencia, ¿no? Lo que parece ser nuevo hoy es que la violencia está teniendo otro carácter.

— ¿Por el narco, decís?

— Exactamente. La violencia es algo que hasta se busca y legitima las carreras delictivas, ¿no? Cuando cursaba antropología durante un tiempo trabajé bastante con investigadores que trabajaban temas de delito y demás. Me animo a decir que ahora los grados de violencia y el lugar de la violencia en la carrera delictiva es lo que ha cambiado. Lo que traté de reflejar en el personaje fue cierta sensación de impotencia frente a lo que uno puede cambiar mínimamente y qué tanto vale eso. Que me parece que para muchas personas que trabajan en ciencias sociales, en trabajo social, en antropología, eso es una pregunta que puede ser recurrente. Esto que estamos haciendo, ¿a quién salva, a quién ayuda, para qué sirve? Y quería que esa pregunta apareciera también como contradicción ahí, porque me interesa mucho además en particular el trabajo de la antropología y creo que la palabra útil es difícil, por qué las ciencias sociales tienen que ser útiles. Bueno, a veces hay que explicarlo. Sí, también sirven, también son útiles. También son necesarias y fundamentales para diseñar políticas públicas. Si hablamos de lo que tiene que ver con seguridad, seguro, pero en cualquier área.

— Bueno, si pensamos en el organismo más respetado de la Argentina, pensamos en el Equipo Argentino de Antropología Forense.

— Por ejemplo. Para empezar.

— Creo que atraviesa todas las épocas y sigue siendo el organismo argentino más respetado acá y en el mundo.

— Y la contribución que hacen de todo tipo, para las familias, para todos los argentinos, para la memoria, para la historia. Para mí la antropología tiene, junto con otras ciencias sociales, pero me interesa particularmente, es también un modo de mirar el mundo. Las ciencias sociales se definen en general por su objeto: ¿qué cosas miran del mundo? La antropología, en su propia definición incluye su metodología: ¿cómo mira el mundo?

— De eso habla mucho Paula en la novela.

— Porque es, lo voy a decir en un trazo gruesísimo y me disculpan los especialistas: mira el mundo poniéndose en el lugar del otro. Básicamente es entender cómo mira el mundo esa otra persona, por qué hace lo que hace, qué sentidos, qué significados le encuentra a lo que está haciendo, a decir lo que está diciendo. Ese ponerse en el lugar del otro, que tiene toda una metodología muy desarrollada y se hace de muchas maneras, incluye, por ejemplo, pasar tiempos extensos en tu objeto de estudio, compartir distintos momentos, participar en lo que se pueda, preguntar, observar. Eso está todo estructurado y protocolizado. Y eso se empezó haciendo en las islas alejadas donde vivían los salvajes en el siglo XIX en Asia y en África, y hoy se hace en cualquier lugar. Uno puede hacer una etnografía del servicio de guardia de un hospital público. Uno puede hacer una etnografía de una escuela en el conurbano. Uno puede hacer una etnografía de las empleadas domésticas de Nordelta. Uno puede hacer una etnografía en la cárcel y tratar de entender qué es para esos internos, para esos presos, estar en la cárcel y qué les pasa cuando salen. Ahora, toda esa información puede alimentar, de hecho alimenta, podría alimentar mucho más, las políticas públicas que se piensan para esas personas.

— Si se piensan.

— Si se piensan. Si se vuelven a pensar.

"No me gustan las novelas que me enuncian principios, los quiero ver en todo caso en la trama, en los personajes, en las contradicciones de los personajes", dice San Martín.
"No me gustan las novelas que me enuncian principios, los quiero ver en todo caso en la trama, en los personajes, en las contradicciones de los personajes", dice San Martín.

Enriquecer la conversación

— Si se vuelven a pensar, exactamente. Estamos hablando de antropología, de ciencias sociales y vos trabajás, te ganas la vida, como uno suele decir, editando las palabras de los otros. Leyendo, ordenando, guiando, acompañando. Lo hacías desde el periodismo y ya hace varios años que lo hacés en una editorial especializada en ciencias sociales, como es Siglo XXI. ¿Cómo es trabajar con las palabras de los otros y, al mismo tiempo, no conducirlo del modo en que conduciría uno su propio libro?

— Es eso. Básicamente esa es la definición. Hay autores que me han dicho arquitecta, hay un autor que me dijo: ¿viste los que mezclan el sonido cuando se termina de grabar?, vos sos eso”. A ver, yo lo pienso como el trabajo de entender qué quiere hacer el autor o la autora, cuál es su objetivo, qué es lo que quiere contar, qué es lo que quiere decir. Pensar juntos a veces qué es lo más original de eso, lo más nuevo, lo que más puede atraer la atención, cuál es el mejor aporte que puede hacer. Eso implica un montón de etapas: conversación, trabajo sobre un texto, pensar un título y una tapa que sean atractivos. Implica acompañar en el momento de la casi salida del libro, acompañar después. Pero yo creo que tiene que ver con escuchar qué quiere hacer y darle juntos forma al mejor libro posible. El mejor libro posible es también el libro que atraiga a la mayor cantidad de lectores a los que uno quiere llegar.

— Claro, porque tiene que ser el mejor libro posible para el autor pero también para la editorial.

— Exacto. Y sí, y está bien que así sea.

— Y lógico, la editorial no es una ONG.

— Y, además, las editoriales hacemos un trabajo profesional, no es ponerle una tapa más o menos. Y las editoriales comerciales, profesionales, damos este servicio que tiene que ver con este saber de cómo conviven un libro con otro en la librería, por qué es importante que el libro aparezca en una colección, cómo acompañamos ese libro con otros libros parecidos, cómo puede un libro dialogar con su época y con su momento.

— Con respecto a eso te quiero preguntar, ¿qué pasa, por ejemplo, cuando un libro que vos acompañaste como editora termina siendo muy influyente en el mundo de las ideas? ¿Y qué pasa cuando, desde otro lugar, se te ocurrió a vos de pronto la idea que termina llevando a otro a hacer un libro exitoso? ¿Cómo se siente? Porque sos la partera pero no quien da a luz…

— Se siente muy bien. Como cuando era periodista, me gusta pensar que el aporte que puedo hacer es a la discusión pública, me interesa eso. Y a vos te pasó porque fuiste editora también, cuando encargabas una nota, cuando veías un tema y pensabas quién lo podía escribir y eso se publicaba y después alguien lo reflejaba o se seguía pensando. Bueno, eso me hacía muy feliz. Y sigo pensando que el aporte de los libros, sobre todo los libros en los que ahora trabajo, es ese, enriquecer la conversación, sumar argumentos que no se están viendo, llamar la atención sobre algún problema al que no se le está prestando atención. Es también hacerle lugar a un autor o a una autora. Los editores también hacemos eso. Quizás la palabra no es descubrir, pero es hacer lugar, llamar la atención, escuchen a esta persona, escuchen porque tiene algo para decir y seguramente va a seguir creciendo.

— Lo último, y me das pie con lo que estás diciendo, porque sos periodista, editora, autora, tenés los tres sombreros. ¿Cómo los hacés convivir? Bueno, periodista en este momento, poco, aunque algo.

— Una vez periodista, siempre periodista.

— Exacto.

— Creo que se alimentan todo el tiempo. Esto que te estaba diciendo acerca de cómo se piensa un libro, yo lo nutro mucho de cómo pensaba una nota. Cómo describo un diálogo lo nutro mucho de las entrevistas que hice, cómo aprendí a observar. Vuelvo al principio: son tres maneras de mirar, y cuando uno entrena la mirada en una u otra, lo seguís usando. En el periodismo es una nota de más corto aliento, en la novela tiene otra pretensión, también artística, que no tiene el periodismo, y la edición tiene igual esa parte de acompañar a otro en su texto, que también lo hacés en periodismo como editora. Entonces creo que naturalmente tiene que ver con una manera de mirar el mundo buscando cosas para contar, historias para decir y eventualmente buscar a quienes puedan contarlas.

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