Más allá del teatro, Carlos Belloso sintoniza el clima de época con “una antenita media rota que tengo”

El actor y director que llegó del under a la popularidad televisiva, habla de aceleracionismo, discursos de odio, Peter Thiel y Mark Fisher. “Este es un tiempo de ilustración oscura”, afirma

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Retratos Carlos Belloso
Carlos Belloso habla de filosofía política, vigilancia de datos, el deseo mimético de René Girard y el rol del teatro como ritual colectivo

La excusa es conversar sobre Por amar a Mara, la obra que Carlos Belloso dirige los sábados en La Carpintería Teatro, “una comedia dramática de un acto desesperado” escrita y protagonizada por Diego Carreño junto a Sol Canesa, Diego Carreño, Cecilia Roche y Miguel Angel Vigna en donde, en palabras de Belloso, “el devenir es absurdo”. Entonces ¿Cómo es dirigir?. “La dirección me pone en un lugar donde me aparto del actor, pero veo actores. Hago muchas cosas (del teatro a la carpintería pasando por la pintura) y un día me pregunté ´¿Qué soy?’ Dirigir es un poco como armar un banquito, como pintar un cuadro, como obtener materiales con los que trabajar".

Sin embargo y muy rápidamente, la conversación en la casa-taller de una cuadra muy transitada, en el límite entre Villa Crespo y Chacarita, deriva rápidamente hacia territorios más vastos (e interesantes, por cierto): la filosofía política, el loco clima de época, la vigilancia de datos, el deseo mimético de René Girard, los libros de Mark Fisher y Michel Nieva, y el rol del teatro como ritual colectivo.

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Belloso no esquiva. No mide aunque a veces, luego de una larga reflexión, pregunta “¿Me fui un poco por las ramas, no?“. Como artista, este hombre que se inició en el circuito under del teatro independiente y se volvió popular con sus personajes en la televisión (”todavía la gente se acuerda y me dice ‘¡Eh, vasquito!’“, cuenta), elige definirse como artista, alguien con “una antenita media rota, pero que todavía la tengo”.

“El espíritu under no lo pierdo nunca”, afirma como parte de esa misma definición.

La antena y el clima de época

—¿Suponías que íbamos a llegar a este momento tan “explícito” en los discursos, la forma de ejercer el poder, el clima de opinión pública?

—A ver, como artista tengo una antenita media rota, pero la tengo. Y vi algunas tendencias. Yo me preocupé por las derechas del mundo, leyendo algún libro y al mismo tiempo dándome cuenta qué estaba pasando en el ambiente. Me preocupé cuando las dos derechas se juntaron en la votación para presidente en 2023. Y ahí empecé desde ahí a armar un espectáculo que tenía que ver con 1984 de Orwell. Este capitalismo vigilado sería como la mezcla que hice entre 1984 y las nuevas tendencias de derecha.

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Por amar a Mara
Carlos Belloso dirige 'Por amar a Mara' en La Carpintería Teatro, los sábados a las 22

Orwell escribió 1984 satirizando al socialismo, un socialismo de vigilancia. Pero en un momento me pregunté: ¿Quién es el gran hermano acá? ¿Quién es el poder? Y le puse la cara de Milei antes de que sea presidente. Trabajé con esa idea de payaso siniestro. Y entonces dije: acá hay algo. No era humor liviano ni superficial, era algo más profundo.

Peter Thiel está en la Argentina... Peter Thiel con esa empresa Palantir, que es un desprendimiento de lo que este tipo ya pensaba globalmente asociado con Elon Musk, influenciado por Curtis Yarvin y por una filosofía profunda que es la que más me interesa, que es el aceleracionismo, la ilustración oscura por Nick Land. Todos contribuyeron a que la democracia sea cuestionada. Democracia con “falta de libertad”, como que si ese fuera el problema... El problema es que la libertad garantiza la democracia: que opines vos que no sos de la mayoría o que opines vos que no sos de la minoría.

En este contexto, me fui para Mark Fisher, que tenía una mirada de izquierda sobre el aceleracionismo. Leí todos sus libros con respecto a lo que él veía... Porque después se suicidó. Sin embargo veía una tendencia que era posible en contra de esta ilustración oscura. Me apoyé en una especie de ideal de aceleracionismo poscapitalista de Mark Fisher, y no en eso.

Por la misma actividad teatral, también estudié mucho a René Girad desde fines de los noventa, principios del 2000. Él tiene un concepto que es el deseo mimético: vos deseas algo porque alguien lo desea. Vos estás deseando tomar café porque yo estoy tomando café. En teatro, eso es conflicto. Vamos a disputar la taza de café y hay conflicto, hay violencia. Él estudia la violencia y lo sagrado, porque al mismo tiempo la víctima del conflicto es un chivo expiatorio.

—¿Y cómo conecta eso con Peter Thiel?

—Me entero que Peter Thiel lo estudió también. No solamente que lo estudió, sino que tuvo como profesor en la universidad. Y mirá la inversión retórica que hace: si el ser humano tiene un deseo mimético, yo me pongo en conflicto por la taza. Esto es el ser humano: yo tengo que ser antiposhumanista, tengo que ir del otro lado. Para no caer en esa disputa humana, lo que valen son los monopolios. Y él concentra en Palantir el monopolio de la vigilancia global.

—¿Cómo aplicaste el deseo mimético en tu trabajo teatral?

—Hice una puesta de El mercader de Venecia donde Shylock quería ser Antonio. Lo hice en el IFT, y el director del teatrao me dijo: “¿vos sabés lo que estás haciendo?" No hay responsabilidad moral del judío ni del cristiano, es al ser humano que en la profundidad, en el conflicto, le surge la violencia. Algo de eso está pasando ahora.

Retratos Carlos Belloso
Belloso vincula a Peter Thiel, Curtis Yarvin y Nick Land con corrientes que cuestionan la democracia desde una "ilustración oscura"

—Muchos artistas de tu generación prefieren el silencio. Vos no. ¿Por qué?

—Hay un componente de personalidad. Yo soy ariano y creo en las características de los signos: en mi caso es no tener filtro. Es tirarse a la pileta y después fijarse mientras va cayendo si la pileta está vacía o está llena. A veces me pasa eso. A veces te dicen “mejor no hablar de eso, porque espantas”. Bueno, qué sé yo... Algunas veces digo “está bien, no hablo” y es mejor porque a veces me voy a la mierda.

—¿La cuestión Malvinas y tu reclamo tiene que ver con esta forma de ser, también?

—Yo estoy reclamando hace más de diez años mi reconocimiento por el conflicto de Malvinas. A mí me curtió mucho eso, porque yo discuto con veteranos de guerra que me dicen “no te cagues en nuestros muertos”. Y yo digo “No, justamente reivindicando todos los días que me ponen un micrófono en la boca”. A vos te ponen el micrófono el 2 de abril y nada más. A mí me lo ponen todos los días y yo todos los días voy a reclamar y a exaltar a esos héroes: 649 héroes que murieron por una causa. También quiero remarcar que en el litoral marítimo, de esos 649, hubo 17 que murieron cerca mío.

—En este contexto social que describís ¿Qué rol ocupa el teatro como acto colectivo?

—Hay muchos teatros. Es como un supermercado rarísimo... Teatro, microteatro, teatro oficial, teatro independiente, teatro comercial. El teatro comercial es asombroso: un público que conserva cierto poder adquisitivo y que puede acceder a eso, y que al mismo tiempo lo que va a buscar es entretenimiento antes que reflexión.

—¿Y el teatro independiente?

—El teatro independiente es el manantial creativo que profundiza en ciertos conflictos de la sociedad. El teatro es un acto social. Y también hay estéticas interesantes que después toma el teatro comercial y las convierte en un vehículo atractivo. Hay vasos comunicantes.

En el teatro independiente no hace falta una escenografía rimbombante: metés tres actores en un espacio negro y te tienen que conmover. Eso viene del teatro pobre de Grotowski. Se sabe que no hay guita en el teatro independiente y te tiene que conmover el hecho social. Sí o sí.

[Fotos: Adrián Escandar]

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