
El debate entre memoria histórica y cancelación del pasado ha tomado una polémica forma en Viena con la decisión de volver a exhibir, aunque de forma peculiar, la estatua de un alcalde antisemita de Viena que fue admirado por el dictador nazi Adolf Hitler.
A finales del pasado enero, tras cien años ocupando un pedestal en el centro de Viena, se retiró la estatua de Karl Lueger, el alcalde de Viena entre 1897 y 1910 que llegó a decir que “el antisemitismo no perecerá hasta que el último judío haya perecido”.
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En su obra Mi lucha, Hitler se refirió a él como “el alcalde alemán más grande de todos los tiempos”.
El pasado 26 de mayo, la estatua reapareció por sorpresa, aún rodeada de andamios, en su pedestal de la céntrica Plaza Karl Lueger, pero con una ligera inclinación de 3,5 grados hacia la derecha con la que se pretende generar “incomodidad” y reflexión en torno a la figura de Lueger y del antisemitismo.
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Esa es al menos la intención de Klemens Wihlidal, autor del proyecto ‘Inclinación (Karl Lueger 3,5°)’ que ganó el concurso abierto en 2023 para contextualizar y explicar quién fue y qué representó Lueger.
Esta semana, con la retirada de las vallas que rodeaban el monumento, la polémica ha vuelto a primera línea del debate sobre cómo gestionar el pasado.
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Acto de cobardía...
La decisión de recolocar la estatua ha sido criticada por la comunidad judía de Viena.
“Esta cobarde solución, esta política de monumentos, no dice nada sobre el problema. ¡El problema es el antisemitismo!”, dijo la copresidenta de la Unión de Universitarios Judíos, Lia Guttmann, el pasado jueves, durante una protesta mientras se retiraban las vallas.
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“No es tan impresionante como esperaba”, dijo frente al monumento Eva Höfer, de 71 años, que consideró que no están justificados los 776.000 euros que ha costado el proyecto.

“La intervención parece sencilla, pero altera de raíz su efecto simbólico: irrita e invita a confrontarse de forma crítica con la persona y con el tema”, ha afirmado esta semana Wihlidal sobre esa leve inclinación, apenas perceptible, de la estatua.
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El artista opinó que el monumento se convierte “en un signo públicamente visible contra el antisemitismo y el racismo, contra la exclusión y la incitación al odio”.
Sobre por qué decidió una inclinación de 3,5 grados, y no mayor, Wihlidal ha explicado que su objetivo principal es “agudizar los sentidos, despertar la curiosidad, animar a acercarse y a hacer preguntas”.
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... o reflexión sobre el pasado
Wihlidal también ha dicho que el panel informativo colocado frente al monumento es una parte fundamental de su propuesta, ya que permite acceder a más información sobre la figura de Lueger y su papel en la historia de la ciudad.
La concejala de Cultura, Verónica Kaup-Hasler, ha reivindicado por su parte el papel del arte como vía de reflexión sobre el presente y ha advertido de que “ese uso populista de los resentimientos antisemitas es justo lo que vivimos hoy”.
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La estatua de bronce de cuatro metros de altura, asentada sobre una base de piedra, fue tallada por el escultor Josef Müllner, que luego sería un ferviente nazi, y el monumento se inauguró en septiembre de 1926, con los socialdemócratas al frente de la Alcaldía de Viena y en una ceremonia oficial a la que asistió toda la élite política de entonces.
La polémica con la estatua de Lueger, y con que una plaza lleve aún su nombre, no es nueva. Por un lado ha habido peticiones para que se cambie el nombre a la plaza, algo a lo que se ha negado el Ayuntamiento, aún en manos del Partido Socialdemócrata.
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Además, en el año 2020 colectivos de estudiantes, artistas y activistas antifascistas pintaron en el pedestal la palabra ‘vergüenza’, y las pintadas se fueron repitiendo periódicamente.
Pese a ese historial, la concejala de Cultura ha asegurado que la estatua no estará vigilada y ha confiado en que la sociedad pueda asimilar esta iniciativa.
Fuente: EFE. Fotos: Joe Klamar / AFP
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