
Un país en shock, y no es una exageración. Durante la mañana, los mensajes en los grupos de WhatsApp, los comentarios en las oficinas, en las escuelas, en las fábricas: murió en Indio Solari. Una leyenda, un mito, una forma de pensar, no solo el rock, también la cultura y el mundo. Pero detrás de esa figura enigmática había un hombre lleno de contradicciones.
Así se lo ve reflejado en su biografía Recuerdos que mienten un poco, publicada en el año 2019. Se trata de un libro de memorias, donde el Indio conversa con el periodista y escritor Marcelo Figueras.
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Además de sus increíbles historias, las frases filosas, las ideas profundas, el libro también echa luz sobre su parte más íntima, más humana. Las memorias de la gran leyenda del rock argentino narran su infancia, sus amigos, Los Redondos, la pelea con Skay Beilinson y la “Negra” Poli, Walter Bulacio y su teoría sobre un complot durante su último recital en Olavarría, entre otros temas.

El vínculo con el público
“La memoria es lo que uno recuerda, sí, pero al mismo tiempo es lo que uno cree que recuerda, y además lo que dice que recuerda”, escribe en el prefacio de este gran libro de 862 páginas. Solari, históricamente esquivo a la exposición pública aunque habituado durante años a dar entrevistas gráficas y radiales, usa el libro para fijar “apenas mi versión respecto de la vida que me tocó en suerte”.
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“Yo tengo la suerte de que el público de Los Redondos haya proyectado sobre mí ciertas destrezas o aptitudes”, escribe, antes de agregar que esa expectativa colectiva “te da permiso para ser mejor”.
El volumen reúne además definiciones sobre su identidad artística y social. “Mis letras no son crípticas. Siempre reflejan la realidad, sólo que contada poéticamente, a través de un lenguaje rítmico”, sostiene, y en otro pasaje se define como “un renegado de la clase media” y admite su “fascinación por los desposeídos”.
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La ruptura con Skay y Poli
Uno de los núcleos más ásperos de las memorias es la disolución de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una sociedad artística y comercial que funcionó entre 1978 y 2001 aproximadamente. Solari concentra sus críticas en Skay Beilinson y en la manager Carmen “la Negra” Poli, a quienes atribuye una traición ligada a la custodia de grabaciones audiovisuales de recitales de la banda.

Sobre el inicio del vínculo con Poli, Solari recuerda: “De pronto me sorprendió que Poli estuviese ahí, dispuesta a hacerse cargo de la parte administrativa y burocrática de la banda, que tanto a Skay como a mí nos excedía. (Cosa de la que me arrepentí, con el tiempo)”. Más adelante endurece el tono: “Perdieron significación en mi vida. La conservan históricamente, pero nada más”, afirma en el libro.
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Las muertes de Walter, Javier y Francisco
El otro eje sensible son las muertes en sus shows. Sobre el caso de Walter Bulacio, fallecido tras ser detenido en 1991, Solari responde a quienes lo acusaron de no haberse hecho cargo y asegura que en sus conciertos sigue proyectando la foto del joven junto a la palabra “justicia”: “No es algo que se va alegremente de uno”.
Las memorias también vuelven sobre el recital de Olavarría de 2017, el último de su carrera. Ese episodio dejó dos muertos y una causa que fue elevada a juicio, en la que el ministerio fiscal lo desligó de responsabilidad penal. Aquel el 11 de marzo murieron Javier León (de 42 años, oriundo de Los Polvorines) y Juan Francisco Bulacio (36 años, de Garín).
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Sobre ese show, Solari describe un cuadro de agitación social y política y formula una hipótesis de complot. “Nadie me quita de la cabeza que esto fue algo político-mediático”, sostiene, y enumera como elementos de sospecha el apagón final, calles bloqueadas por la policía, agentes que no asistían al público y la desaparición de las señalizaciones.
La enfermedad y la muerte
En el tramo final del libro, la enfermedad y la proximidad de la muerte quedan expuestas sin rodeos. “A veces me parece que lo mejor sería irse de acá sin levantar polvareda”, dice Solari a Figueras, y cierra con una definición de su lugar en la cultura: “No se confundan. Aun cansado y enfermo, yo no soy un artista dedicado al entretenimiento”.
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Siete años después, hoy, el Indio Solari partió de este mundo. Imposible que un artista de su magnitud no levante algo de polvareda.
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