Como un vendaval, la Feria del Libro de Buenos Aires pasó por el jardín de la cultura argentina. Todos lo estaban esperando: escritores, editores, lectores. La cantidad de actividades que florecieron en este megaevento es exorbitante. Y más en esta edición, la número cincuenta, que fue anunciada con bombos y platillos. Pero ya es historia. Ahora todos volvemos a la programación habitual, a los libros a destiempo, a las cosas de la vida cotidiana como los programas de streaming o no olvidarse de pagar el gas.
¿Qué dejó ese vendaval? ¿Cuál es el saldo? ¿Cuál, su verdadera potencia? ¿Qué fuerzas motoriza? Mientras un grupo nutrido de trabajadores barre bolsas y papeles, aspira las alfombras y desmonta de a poco, stand a stand, banner a banner, libro a libro, la gran estructura anual, Hernán Vanoli, Leticia Martin, Gonzalo Unamuno, Laura Ramos, Esteban Castroman y Enzo Maqueira conversan con Infobae Cultura sobre la singularidad de esta edición y la pregunta sobre el rol de la Feria en la cultura de hoy.
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Un país a microescala
“La Feria del Libro es hermosa”, comienza Hernán Vanoli, novelista, sociólogo, crítico cultural. “Va muchísima gente a reafirmar algo que se está perdiendo: la buena voluntad cultural, la idea de que los libros importan, de que la lectura es una experiencia que enriquece nuestra humanidad, y que vale la pena despegarse de las redes sociales o del entretenimiento barato digital y disfrutar de un buen libro”, sostiene el autor de libros como Arte Folk Americano y El amor por la literatura en tiempos de algoritmos.

“También funciona como una maqueta del país: está organizada como un loteo urbano con ubicaciones que se venden al mejor postor, sin ningún tipo de criterio cultural o literario, al punto que el país invitado de honor está en un lugar barato y marginal (todo lo contrario ocurre en la Feria de Guadalajara por ejemplo). A esto sumale que tiene una serie de actividades culturales de baja intensidad, sin grandes debates, que son consideradas tan poco importantes que ni siquiera se transmiten por YouTube”, agrega.
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Todas esas actividades, dice Vanoli, conforman una agenda “lo suficientemente flexible como para que todos puedan ir a hacer su gracia”, lo que pinta “ese plebeyismo tan entrañable que nos caracteriza”. “Después, cualquiera con un mínimo nivel de rosca corporativa puede entrar gratis, pero se cobra entrada a los giles; los libros están carísimos aunque se venda poco; los empleados que trabajan cobran chirolas... Bueno, es un país a microescala”, concluye.
Una instancia política
Para Laura Ramos, “la Feria del Libro, este año, se convirtió en una instancia política”. “La participación en la Feria del Libro como disertante, como público, como institución, tiene la fuerza y la magia que podría tener una caminata con antorchas sobre las aguas bíblicas del Río de la Plata. La lectura en este momento, así sea la lectura de Heidi, de Borges o de un libro de autoayuda, es por sí misma un acto político", asegura la escritora argentina, autora de la celebrada biografía novelada Mi niñera de la KGB.
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El contrataque cultural
“Con récord de visitantes y ventas no tan buenas, la Feria del Libro demuestra una vez más que ya no solo es un foco de resistencia cultural, sino que además es un espacio de acción cultural y político para enfrentar las medidas económicas, sociales y esta batalla cultural ridícula y, y decimonónica que pretende instaurar el Gobierno”. El que habla, del otro lado del teléfono, es Enzo Maqueira, novelista, docente universitario y fundador de la Unión de Escritoras y Escritores (UEE), sindicato de autores argentinos.
“No es solo resistir, es pasar a la acción y, si se quiere, si me apuran, contraatacar”, agrega en su caracterización del evento que todos los años se hace en La Rural y que este año alcanzó un nuevo récord histórico: 1.340.000 visitantes. “Creo que en ese contexto la gente respondió. Las actividades, en su mayoría, se llenaron. Hubo interés por participar, por conocer, por informarse, por debatir, por dialogar. Pero las ventas no estuvieron a la altura: una radiografía de lo que está pasando en el país”.
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“Una sociedad ávida de conocimiento, de educación y de cultura que no tiene un peso en el bolsillo y que intenta no empobrecer su pensamiento a pesar de los esfuerzos que están haciendo desde el poder para que nos convirtamos en una república bananera que nunca fuimos y nunca seremos”, concluye el diagnóstico de Maqueira, quien participó de varias actividades este año:, como el reencuentro de “los escritores del reviente” diez años después y una mesa del ciclo “Diálogo de Escritoras y Escritores de Argentina”.

Desconexión con lo real
Leticia Martin es escritora —poeta, narradora, ganadora del Premio Lumen— y editora —dirige Qeja Ediciones—, y en ese doble juego es que mira la Feria del Libro. Por eso dice que “siempre es linda”, por “la oportunidad de encontrarnos con colegas y conocidos que nos recuerdan una trayectoria que el día a día nos hace olvidar”. Sin embargo, continúa, “este año noté que muchas editoriales enviaban links para descargar entradas gratuitas para la participación en los eventos. Supongo que fue una buena estrategia”.
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“A juzgar por los pocos pedidos de reposición de libros recibidos —como hemos tenido otros años— imagino un saldo magro de ventas cuando sea el momentos del balance (me estoy adelantando). Esperaba un evento más convocante para esta celebración de los 50 años de la Feria", dice sobre la singularidad de esta edición, y luego agrega sin vueltas: “Me surge pensar que la Feria expone cierta desconexión con lo real. Como pasa entre el gobierno y la realidad de la mayoría de los argentinos”.
“Hay un clima de aparente festejo que descuida el gran impacto de las políticas de apertura de importaciones de libros que vienen principalmente de España y el resto de Latinoamérica (sobre todo Brasil) y que implica el deterioro del mercado local. No hay ningún reparo en la labor de las editoriales independientes, ni líneas de apoyo económico o de fomento. El estado de la cultura es preocupante y ‘nadie lee nada’ ni acusa recibo de la situación. Hemos sido arrojados a nuestro propio devenir individual”, asegura.
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Contra el scroll infinito
Esteban Castroman tiene a cargo Zona Futuro, un espacio dentro de la feria que funciona como radar de nuevas tendencias. “Como todos los años desde 2012, en Zona Futuro encendimos el festival de cultura alternativa dentro de la Feria, con más de 80 actividades alucinadas, para encontrarnos y compartir el amor por los libros y trascender el scroll infinito de esta pesadilla grotesca que infecta nuestro presente”, asegura este escritor, editor y gestor cultural en diálogo con Infobae Cultura.

El gran capricho argentino
Gonzalo Unamuno participó en varias mesas de la feria, como el reencuentro de los “escritores del reviente”. También presentó su nuevo libro: Las máscaras de la bestia. “Independientemente de todas las desavenencias económicas que podamos estar sufriendo como país, los argentinos nos negamos a dejar de ser una de las potencias culturales más importantes de la lengua castellana, sino la más. En la feria confluyen todas las ideologías, todos los quilombos ideológicos que podamos tener”, comenta.
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“Es una feria que amalgama todo lo que los argentinos podemos tener de contradictorios. Somos un país que todavía tiene la capacidad de convocar a las mejores plumas del idioma. Somos un país que todavía tiene una producción extraordinaria en materia de pensamiento, de cultura en general, no únicamente de literatura”, dice y destaca que “estuvo rebalsada de gente”: “Ahí hay un foco de resistencia a no abandonar ese lugar que representamos en la cultura del idioma castellano”.
“La feria junta a quienes piensan distinto, a quienes están en las antípodas. El libro atenúa toda esa violencia generalizada que vivimos a diario”, dice Unamuno y sentencia que representa “el capricho argentino a negarse a dejar de ocupar el lugar que hemos ocupado históricamente”. “En tiempos donde la palabra está tan amenazada en pos de la imagen, de la inteligencia artificial, del scrolleo feroz, que haya una pausa para convidarse semejante fiesta alrededor del libro es espectacular”, cierra su reflexión.
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