
Los 18° en descenso con que anochecía en la Ciudad de Buenos Aires no evitaron que La Rural, en el día inaugural de la Feria del Libro de Buenos Aires, se llenara de gente. El acto con que dio inicio al megaevento cultural —empezó minutos después de las ocho de la noche— se hizo en una amplia carpa instalada en la Pista Central. No era una edición más; son las Bodas de Oro, el aniversario número 50.
Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro, fue el encargado de dar la bienvenida. Agradeció la paciencia por la espera y habló de una sorpresa. “Alguien que no necesita presentación: un músico genial: Fito Páez”, dijo y llegó el artista. De traje y anteojos negros se sentó al piano que había sobre el escenario y todos se preguntaban para qué. Para escuchar a Fito Páez. Así arrancó el evento.

El músico rosarino cantó clásicos como “Yo vengo a ofrecer mi corazón” y “11 y 6”. “Que tengamos una feria maravillosa, como todos los años”, dijo y concluyó su breve concierto. Volvió al atril Rainone para recorrer la historia de la feria, agradecer el apoyo de gobiernos y empresas y hablar del complejo año complejo que atraviesa la industria editorial, donde aumentaron las publicaciones pero cayó la cantidad de ejemplares.
Cuando mencionó a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, por el programa que estaban lanzando en la feria, llegaron los primeros abucheos. Pero Rainone frenó su alocución: “Es algo para aplaudir, no para abuchear. Les pido a todos que aplaudamos”. Y continuó: “Quiero pedirles respeto para nuestros próximos oradores. Porque tenemos la suerte de vivir en democracia, en un país donde podemos pensar distinto”.

“Lo que esta feria lleva construyendo no son lectores para esta semana, sino lectores para toda la vida. Ese legado nos toca multiplicar”, concluyó Rainone. Luego llegó el turno de Carlos Chocano Burga, embajador del Perú en Argentina, ya que ese país es el Invitado de Honor de la feria. “Los libros son puentes entre culturas, entre formas de entender el mundo y entre distintas generaciones”, dijo el diplomático.
Editores de todos los colores estuvieron presentes. También escritores: Ana Ojeda, Sonia Budassi, Carlos Gamerro, María Rosa Lojo, Enzo Maquieira y Pablo Alabarces, entre otros. También la ilustradora Maitena, la directora del CCEBA Paula Palicio, el abogado ambientalista Enrique Viale, el director de la feria Ezequiel Martínez, y la ministra de Cultura porteña Gabriela Ricardes.
El secretario de Cultura de la Nación Leandro Cifelli fue el representante del gobierno nacional en la noche. Comenzó su discurso leído diciendo que “Este año celebramos sus 50 años en un momento muy particular de la Argentina: un momento de transformación profunda, donde el país decidió ordenar sus prioridades, recuperar la confianza y volver a poner en el centro la libertad de cada persona”. Ahí volvieron los abucheos.

“La cultura también necesita de una administración responsable”, dijo y tuvo que dejar de hablar porque aparecieron gritos y cartulinas.. “Saquen los carteles”, pidió. Uno de ellos decía: ”¿Hasta cuándo nuestros libros junto con Martínez de Hoz y la Sociedad Rural?“ Entre los gritos, algunos presentes pedían que el gobierno cumpla con la Ley de Financiamiento Educativo. Luego comenzaron a gritar “¡Argentina! ¡Argentina!” y el ministro se sumó al cántico.
Siguió con una mención a los 1.500 millones de pesos que aportó el Estado en la compra de libros durante la feria. “Y este año, vamos a dar un paso más. La Secretaría de Cultura, junto a la CONABIP, destinará en el año 2026 2.300 millones de pesos para el programa Libro%, lo que significa un aumento del 50% respecto del año pasado. Un nuevo récord histórico”, agregó y se sintieron muchos aplausos.
Ante los gritos y abucheos que interrumpían su discurso, Cifelli los increpó, irónico: “Chicos, son cuatro nada más, no se puede creer. ¡Cuatro!” Cuando dijo que estamos en presencia de “un proceso que busca dejar atrás décadas de desorden” señaló a quienes lo criticaban. Luego agradeció a Javier Milei y a Karina Milei, y como el griterío fue más fuerte, Cifelli lo repitió a propósito. “¿Lo repito de nuevo? No, lo entendieron“.
También hizo una mención a YPF (“Argentina empezó a liberarse de problemas estructurales”) y cerró aludiendo a Jorge Luis Borges, “uno de los autores más universales que ha dado nuestra lengua”: “Muchos, como algunos de ahí —y volvió a señalar a una parte del público—, lo habían olvidado”. AL cerrar, se escucharon los cánticos nuevamente: “¡Argentina! ¡Argentina! ¡Argentina!”

Jorge Macri fue el siguiente. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entró con una sonrisa: “Quedó cargado el ambiente. Yo, como invitado, lo voy a bajar”. Mientras leía su discurso empezaron los silbidos. Pero fue breve y se enfocó en la literatura. Mencionó a Samanta Schweblin y a Borges. “Hablamos de un arte, el arte de escribir, y también de una industria que tiene en Buenos Aires su principal epicentro”.
Continuó hablando de la Ciudad. Contó que “más del 60% de la producción editorial se realiza acá” y de las casi 400 librerías, lo que “representa miles de empleos calificados”. “Cuando se pone en discusión el valor de la cultura o se la mira como algo secundario, nosotros la vivimos como algo identitario. La cultura es una inversión que siempre vamos a sostener”, agregó y recibió los aplausos del público de la Feria del Libro.

Finalmente llegó el plato principal. Lo que iba a ser un discurso de apertura a cargo de un autor se convirtió en una conversación entre tres autoras: Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, bajo la coordinación de María O’Donnell. Cabezón Cámara comenzó mostrando una inscripción en su camisa: “El agua vale más que todo”. “La Ley de Glaciares no se toca”, explicó.
La autora de clásicos contemporáneos como Las aventuras de la China Iron leyó una suerte de manifiesto poético donde dio cuenta del valor del agua. Luego convocó a una marcha para el sábado por la tarde para defender la mencionada ley. Como muchos presentes, Almada y Guerriero levantaron carteles alusivos, que había dibujado Maitena. Luego se centraron en los temas que venían a indagar: métodos, lecturas, cruces con otras disciplinas.
La charla versó sobre la idea de “literatura femenina”, categoría que las tres autoras desecharon enseguida. “No me gusta, es algo de gueto”, dijo Guerriero, sin embargo celebró cómo las mujeres están en “primera plana” en la industria. “Parece rarísimos tener que aclararlo: las mujeres somos seres humanos y los seres humanos escribimos”, comentó Cabezón Cámara y habló de grupos sociales que están subrepresentados.

“La lectura es un derecho”, dijo Selva Almada. “Lo aprendí en la escuela, me lo enseñaron mis maestras. Antes en mi casa, porque estaba el estímulo de la lectura, pero me lo reforzaron en la escuela. Pero en estos días, donde la educación pública está cada vez más desmantelada y los sueldos de los docentes son miserables y tienen que tener un montón de trabajos, eso vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños”.
“A mí la lectura me salvó la vida”, sostuvo Cabezón Cámara. “Te abre la cabeza, te ayuda a pensar que siempre hay alternativa, a ver que hay muchos mundos y que se pueden construir. Eso es del orden de lo elemental: todo ser humano tiene que poder articular su propio discurso, a poder crear otros mundos. Y hoy está todo muy oscuro. Se nos vende que lo único que hay es el apocalipsis. Y por ahí... no”, agregó.
“La lectura es un derecho y me parece que mucho de ese derecho lo aprendí en las bibliotecas populares de mi ciudad: Junín”, contó Leila Guerriero. “Es como tener una vida paralela. Te hace saber cosas que no sabías que sabías”, agregó.

Sobre la “hostilidad permanente que prima en el discurso”, dijo Guerriero, “prefiero sumar sarcasmo e ironía, no más hostilidad”. También aseguró que “la degradación es peligro”, que ve “una sociedad infectada por el desprecio”. “Promover ese discursos desde el poder es de una irresponsabilidad gigantesca”, agregó. Para Cabezón Cámara, el género que hoy define al país y al mundo es “necro grotesco”: “Esa violencia no es inocente”.
“Cuando desde el poder se es tan descuido con el lenguaje, eso hace que el resto de la sociedad se sienta habilitada a poder hablar con ese descuido, con ese desprecio, con esa liviandad y oscuridad. Quizás quienes escribimos podamos hacer un esfuerzo por ser amorosos. Eso tiene que ver con la lectura: leer nos acerca a otros maneras de ver el mundo y no solo esta tan mezquina y tan burda”, concluyó Almada, entre aplausos.
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