Maggie Gyllenhaal había ganado cierto reconocimiento como cineasta y buscaba hacer algo grande. Algo épico. Algo honesto. Algo que no solo tocara una fibra, como lo hizo en su primer filme, una adaptación de La hija oscura de Elena Ferrante, sino que la expusiera por completo. Quería que hubiera sangre por toda la habitación, tanto en sentido figurado como, en el caso de su nueva película ¡La novia!, en sentido literal.
Todo comenzó con la curiosidad por una imagen del personaje La novia de Frankenstein de Elsa Lanchester que vio en un tatuaje. Esa imagen, sumada a su desbordante imaginación, se transformó en una de las películas más audaces y enérgicas del año. Al igual que otras producciones de su estudio como Sinners y Una batalla tras otra, ¡La novia! es un espectáculo que desafía los géneros, rebosante de personalidad y de elementos que apasionan a la cineasta. Hay romance, acción, baile, ídolos de matiné, mujeres profesionales, grandes ideas, temas complejos y Jessie Buckley, un alma afín que, como Maggie Gyllenhaal, se siente atraída por la idea de enfrentar sus propios monstruos.
“Tanto Jessie como yo... nos interesan los límites de lo que sabemos sobre nosotras mismas y sobre nuestra relación con el mundo, y llegar a un lugar donde realmente podamos aprender algo”, afirmó Gyllenhaal.

La gran apuesta de Maggie Gyllenhaal Tras dedicar la mitad de su vida a la actuación en Hollywood y en el teatro, Gyllenhaal encontró su vocación como cineasta. Frente a la cámara, sus ideas, su inteligencia y su creatividad solo eran valoradas o escuchadas en contadas ocasiones. Detrás del lente, la situación era diferente. Su primer filme fue modesto, con un presupuesto aproximado de 5 millones de dólares, pero logró destacar con tres nominaciones al Oscar para sus actrices, Buckley y Olivia Colman, y para el guion adaptado. “¡La novia!” la llevó a otro nivel.
“Tenía curiosidad por saber qué pasaría si era muy honesta, tan honesta como pudiera ser, en un formato diferente, mucho más grande, en un formato pop, intenso, como una montaña rusa”, relató Gyllenhaal.
“¡La novia!” es una ambiciosa producción de estudio con grandes estrellas como Christian Bale, Annette Bening, Penélope Cruz, su hermano Jake Gyllenhaal y su esposo Peter Sarsgaard. El presupuesto superó los 80 millones de dólares y el estreno en cines incluye pantallas IMAX. Fue la primera vez que Gyllenhaal participó en proyecciones de prueba y recibió retroalimentación significativa del estudio. La experiencia le permitió hacer algunos cambios y, según ella, siempre contó con el respaldo de Pamela Abdy, copresidenta y codirectora ejecutiva de Warner Bros.

“Si recibes la misma observación de varias personas, aunque al principio te pongas a la defensiva o te cueste escucharla, probablemente sea algo que debes considerar”, explicó. “Me resultó muy útil a lo largo de todo el proceso conocer qué funcionaba para la gente y qué no”.
En el centro de “¡La novia!” está Buckley, quien para el segundo fin de semana de la película en cartelera probablemente tendrá un Oscar reciente. Aunque el papel de madre angustiada en “Hamnet” es muy diferente al de la novia, su actuación reafirma que es una de las actrices más impactantes y originales de la actualidad.
Cuando leyó el guion por primera vez, no supo qué hacer con el personaje. En la película su tarea es triple: es una Mary Shelley omnisciente, una mujer de los años 30 rodeada de gánsteres y un cadáver reanimado contra su voluntad para ser la compañera de Frank, el monstruo romántico y solitario de Frankenstein (Bale). También es una figura inquieta que cuestiona y propone.

En la película de 1935, la novia de Frankenstein aparece menos de tres minutos en pantalla y ni siquiera habla. En manos de Gyllenhaal y Buckley, se convierte en una revolucionaria accidental, una vigilante salvaje y punk que dice la verdad y corre libre junto a Frank. Buckley se dio un año para entender al personaje, en un acto creativo y destructivo. Así es como tanto ella como Gyllenhaal prefieren trabajar.
“Quiero bajar hasta el fondo del océano de mí misma y tocar los límites que quizá no se han tocado en mucho tiempo o nunca, y encontrar la manera de llevar eso al mundo de la superficie”, expresó Buckley. “Traer lo inconsciente a la conciencia y agitar un poco lo colectivo. ¿Qué pasa si pongo en el mundo eso que me da miedo?”
Hecha para cines e IMAX La película llega a las salas en un momento de transición profunda en la industria, ya que Warner Bros., uno de los últimos grandes estudios que sigue apostando por ideas originales y cine audaz, enfrenta un cambio de dueños bajo Paramount. En el estreno de Londres, Bale dijo que siente que “estamos en los estertores de las películas de estreno en cines”.

Participar en películas arriesgadas como “¡La novia!” es “más que diversión”, sostuvo. “Es agotarse de la manera más alegre posible porque sientes que esto podría estar llegando a su fin”.
Gyllenhaal pensó la película para verse en pantalla grande y con público. Para ella, eso es lo que convierte al cine en un arte único y poderoso.
“Idealmente, una película como la nuestra desafía a pensar distinto, a dejar que salga el monstruo interior, a preguntarse si alguna vez sentiste un amor así, distinto al que dicen que debe ser. Vivir eso en una sala con otras personas realmente me entusiasma”, afirmó Gyllenhaal. “Eso me hace sentir que estamos haciendo algo radical y emocionante, con capacidad de tocar corazones y mentes”.
Fuente: AP. Fotos: Scott A Garfitt/Invision/AP
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