
Inevitable: todos alguna vez seremos viejos. Y agrego: “La longevidad es una de las peores enfermedades – dijo Jorge Luis Borges- y ciertamente la más larga”. Pero Valeria Groisman, autora de Vantablack (Gata Flora Editorial, 2025) propone otra mirada. Una menos estereotipada.
Es la historia de Raquel y Beba, las dos pasaron los 80 años, pero no por eso son dos ancianas aburridas de la vida. No, para nada. Más bien diría, todo lo contrario. Raquel, gran personaje construido por la escritora argentina, se sigue animando a todo: hasta le inicia un juicio a su mejor amiga por haber revelado lo que no debía luego de una noche un tanto perturbadora. Y aquí es donde la historia se despliega como una de esas que será inolvidable.
Imaginen una cena de “chicas”, la de los viernes. La anfitriona (Raquel) decide por sí misma y sin consultarle a nadie, decirle a la empleada de la casa que prepare la comida para sus amigas, pero con un agregado inesperado: hongos alucinógenos. En fin. ¿Qué podría pasar? ¡De todo! Un encuentro que se suponía catártico y divertido se transforma en un escenario de enredos afectivos, un tanto tragicómico por momentos, al mejor estilo sainete. Y aquí es donde la autora le da un giro al relato: qué sucedería si en lugar de transitar la tercera edad con hastío y solemnidad lo hacemos con humor para bancar la parada de los años que nunca vienen solos y pesan. Se pasa. Y es sensacional.

Dos locas lindas
Raquel Steiner de Epstein es una artista plástica que hace tiempo dejó de pintar, obsesionada con el vantablack, el pigmento más negro del mundo. Y Berta, es la amiga incondicional, dependiente y leal, pero hasta ahí. Las dos decidieron compartir techo, luego de enviudar y son cuñadas.
Así las cosas, el texto inicia con una carta de Raquel a la jueza Salavarría, la magistrada responsable de llevar adelante el juicio penal que le inicio a Berta. Y entonces te preguntas: ¿pero qué necesidad de iniciar una querella, a esa edad? ¿Qué pudo haber pasado entre estas dos señoras grandes para semejante cosa? Bueno, es sabido que toda relación, por más buena que sea, tiene grietas y fisuras. Y este es el caso de las dos octogenarias que ya desde el comienzo del relato se las nota conflictuadas.
“Beba traga saliva cuando, en realidad, lo que quiere es disolver en el ácido de su estómago la angustia que la parte al medio. Le gustaría rogarle a Raquel que clausure la pantomima de la ofensa, ese esfuerzo de venganza que viene sosteniendo desde que ella se mandó la cagada. (…) se imagina diciéndole que todavía están a tiempo de hacer las paces, como si nada, que son grandes ya, que no vale la pena ni el escándalo ni el castigo y menos que menos el bochinche.”
Resulta que más adelante en la lectura, nos enteramos de que llegaron a esa instancia límite porque aquella noche de los hongos raros donde Raquel derrapó, Berta no tuvo mejor idea que filmarla y subir el video a las redes sociales. Claro que semejante espectáculo, una anciana drogada haciendo el ridículo, se viralizó en segundos y entonces Raquel explotó.

“Era una carta documento. Raquel la intimaba a presentarse el mes siguiente en un tribunal penal para declarar en relación con la publicación no autorizada de un video que contenía imágenes privadas y denigrantes. En el documento aparecían términos como Violación de la intimidad, daños y perjuicios, daño moral, reparación, daño a la imagen pública y deterioro público del valor artístico. (…) Después de la carta documento, los canales informales entre Raquel y Berta quedaron clausurados”.
¿Y por qué Beba, su amiga incondicional, su persona de confianza, le haría una cosa así? Y simplemente porque ella también comió los hongos locos y a pesar de estar menos mal que las demás un poco pasadita estaba.
“Por un momento se sale de sí misma. Deja de lado sus preocupaciones. Se imagina otra. Libre. Siente la necesidad de hacer una locura. Busca las fotos de la noche anterior. Son increíbles. De manicomio, son. Siente una mezcla de furia y excitación, un combo explosivo que la anima a hacer lo que va a hacer sin sentir culpa ni pena, sin siquiera dudar. (…) Va directo a Facebook, hace clic en un botoncito y sube el video. En el cuadro de texto escribe: Qué papelón. Y a punto de dar enter, rebobina y agrega: asterisco Viejachota. Enter.”
Pero esto recién empieza. Es solo una porción de lo que ofrece la trama a lo largo de sus 300 páginas. Es la punta del iceberg. El acto de Beba de difundir el video, que ella misma había grabado, es el puntapié para todo lo que sucede después. Y no tiene desperdicio.

Hay traición y también culpa en esta historia. Y la amistad entre las dos protagonistas termina hecha un bollo arrugado difícil de planchar. Pero al final, sí. Como sea, será mandatorio transitar todas y cada una de sus hojas antes de poder llegar hasta el cierre inesperado que nos ofrece Groisman. Y en ese fin de fiesta hay algo sobre la reivindicación del deseo y la dignidad en la vejez, eso de que nunca es tarde cuando la dicha es buena. Aunque esa “dicha” venga de una “intoxicación” con falsos champiñones. Y hay más. Es una sucesión de reflexiones divinas, con algunas citas memorables para anotar en algún cuadernito. Una novela audaz, contemporánea y profundamente humana, escrita con humor y lucidez. Y me pegunto: ¿Hasta qué punto una alucinación puede cambiar el rumbo de una vida? Y, habría que ver. ¿No?
Quién es la autora
Valeria Sol Groisman nació en Buenos Aires. Es Licenciada en Comunicación, periodista, docente universitaria y gestora cultural. Cursó la Maestría en Periodismo de Clarín y la Universidad de San Andrés. Se graduó como Magíster en Escritura Creativa en la Universidad de La Rioja, Logroño, España. Trabajó en el diario La Nación y actualmente escribe sobre cultura y entrevista escritores en la revista BeCult.
Fue redactora de discurso político en una de las principales consultoras de comunicación pública. Dictó clases en Taller, Escuela, Agencia (TEA), la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), la Universidad Favaloro y la Universidad de Belgrano (UB), y dirigió Academia Abierta, un centro de estudios de divulgación científica y cultural. Es coautora de El ABC de la obesidad, Sanidad, Más que un cuerpo, Aguilar, El método No Dieta, Aguilar; que ya se vende en 11 países y tiene ediciones en México y España. Autora de Desmuteados, Akadia. Dirige WAgency, donde asesora a empresas e instituciones. Es la secretaria de Cultura de la Sociedad Hebraica Argentina. Vantablack es su segunda novela.
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