Damián Snitifker: “Veo a muchos rockeros haciendo con músicos nuevos lo mismo que hacían los tangueros cuando salió el rock: ningunearlos”

El autor de “Primitivos”, novela que narra el regreso a los escenarios de una banda punk que brilló en el under de los ’80, conversó con Infobae Cultura. Del Parakultural al Súper Bowl, ¿una cuestión de nostalgia?

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Damián Snitifker: “Veo a muchos
Damián Snitifker: “Veo a muchos rockeros haciendo con músicos nuevos lo mismo que hacían los tangueros cuando salió el rock: ningunearlos”

“¿Primitivos? Nunca me gustó esa banda. El cantante era un perro. No pegaban una nota”, dice Chary de Loquero en un short de YouTube. “Otra banda de mierda que queda en el olvido”. Mira a cámara y chasquea la lengua. Encapuchado y con anteojos de sol, Dudú de Sin Ley dice que “eran alucinantes” pero que “terminaron como empezaron: todos hasta las bolas”. Joan Manuel Pardo de Camionero los conoció por un kiosquero que le habló de una “data súper secreta”. ¿Primitivos? ¿Existe? ¿Existió?

Ahora Damián Snitifker está en Berazategui pero podría estar en cualquier rincón de la provincia de Buenos Aires. Trabaja en el rubo gastronómico, en la parte comercial, y viaja mucho. Puede pasar hasta seis horas en la ruta, solo, manejando, siguiendo la línea puntuada, con la llanura a cada lado, escuchando música, mucha música, a veces algún podcast, “evitando el tiempo muerto”. Madariaga, Azul, Coronel Pringles, General Alvear, Cañuelas, Punta Indio, Magdalena, Maipú y puede seguir nombrando lugares.

“Me gusta conocer su idiosincrasia, ciertas costumbres, los barcitos. Cuando tengo que hacer noche en algún lugar, a veces paro en esos bares de pueblo donde solo tenés Quilmes, Brahma y aperitivo. No pidas Heineken o cerveza artesanal. Y es buenísimo”, comenta entre risas. El resto del tiempo, es músico, bajista, a veces cantante, y escritor. Su última novela, editada por Crack-Up con ilustraciones de Max Vadalá, se titula Primitivos y es la historia de una banda punk que decide volver al ruedo.

"Primitivos" (Crack-Up) de Damián Snitifker
"Primitivos" (Crack-Up) de Damián Snitifker

Entre 2014 y 2017 Snitifker tuvo un centro cultural en Quilmes y un día invitó a tocar a Los Pillos, una banda punk de los ochenta, en una versión reducida. Conoció a esos músicos, también a otros, fue estableciendo vínculos, amistades, revisitando esa época, y de pronto se vio envuelto en un mundo que merecía ser narrado al detalle. Pero no quería una biografía estricta ni un texto periodístico o de no ficción. Ya había publicado tres libros de cuentos y una novela, Ciudad dormitorio. Profundizó.

“Es una época que me fascina. Lugares como el Parakultural, Café Einstein, La Esquina del Sol. Es imposible que no te atraiga el inicio de lo que hoy llamamos el under, lo alternativo, el punk, ese tipo de rock. Hay tantas bandas... Mimilocos, por ejemplo, que tiene discos muy oscuros. Hay un tema que se me viene a la cabeza ahora: ‘Entre sí’ se llama. Vos lo escuchás y te lleva a un lugar. Son canciones que pintan una época con sus sonidos, pero que no suenan en la radio. Y así hay miles”, agrega.

Primitivos sigue los pasos de Lucas Virasoro, familiero, ferretero, 53 años, al que invitan a una radio para hablar de esa banda localista que ya creía que ya nadie recordaba. Pero empiecen a llegar mensajes de los oyentes, más sorprendidos que melancólicos. Algo remueve el pasado. ¿Y si volvemos? Sin caer en la nostalgia por el pasado perdido ni en la caricaturización cruel del rockero, la novela recorre un sendero insospechado. “Gente real”, resume ahora, del otro lado del teléfono.

La novela dejó su piel de libro, engordó, se volvió otra cosa. En las redes, Genniol, Sergio Rotman, Ariel Minimal, Néstor Frenkel, Adrián Yanzón de Los Pillos, Tom Quintans de Bestia Bebé y Diego Demarco de Los Decadentes hablan de la banda. La pregunta por la veracidad aparece enseguida. ¿Existió Primitivos o cada uno se inventa una historia? ¿Es la continuación de una ficción que empezó en la cabeza de Snitifker y ahora encuentra otras voces, ramificaciones, una gran novela oral y colectiva?

“Hay géneros que te pueden
“Hay géneros que te pueden gustar menos pero lo que no podés hacer es respetarlos menos por eso”, dice

Damián Snitifker vive en Berazategui, donde nació y creció. “Acá tenés el centro, más parecido a Capital Federal, y la zona más alejada, donde vive yo, más parecida a la vida de los pueblos de provincia: mate en la vereda, el tipo lavando el auto, los chicos en bicicleta, el vecino con los parlantes, las chicharras, las pelopinchos, a veces adentro, a veces afuera, los pibes en la esquina, y el tiempo que corre más parecido a la provincia. No es una panacea de la seguridad, pero se parece a mi infancia”, cuenta.

Sin hermano que funcione de guía, Snitifker le preguntaba a sus tíos que música escuchaban. Empezó con Riff, Manal, Rata Blanca, José Larralde. Su padre le aportó Charly García; su madre, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Los dos primeros casettes que se compró fueron un grandes éxitos de Creedence y uno de La Renga. “Ahí empecé a agarrar toda la movida del sur de recitales en bares, en sociedades de fomento, en clubes, en festivales”. Cada tanto viajaba a Capital a ver alguna banda.

“Existe un poco la vuelta del perro también, que es propia de todas las ciudades del interior de la provincia: agarrar el auto el domingo y dar una vueltita por ahí a veinte por hora. Nos falta ir a tomar mate a la ruta. No tenemos ruta en Berazategui”, y se ríe. Tiene cuarenta años. Es Licenciado en Comunicación por la Universidad de Quilmes, profesional gastronómico y estudiante de Historia. Toca el bajo en El Orden de las Cosas. Pronto, adelanta, se van a meter al estudio para hacer unos EPs.

“Hubo un momento en que
“Hubo un momento en que el rock se volvió muy frío”, dice

Tiene un oído atento. “Hay géneros que te pueden gustar menos pero lo que no podés hacer es respetarlos menos por eso”, dice. “Veo a muchos rockeros haciendo con muchos músicos nuevos lo mismo que hacían los tangueros en los sesenta y setenta cuando salió el rock: ningunearlos”, sostiene. De las nuevas caras nombra a Trueno, Dillon, Wos, Milo J, Camionero, Reybruja. “Hubo un momento en que el rock se volvió muy frío”, dice y deja un silencio. Intenta elegir con cuidado las palabras.

“Yo no veía chicos con remeras de Él mató a un policía motorizado. Tampoco toda esa organización de colectivos para ir a ver bandas como hubo en otro momento. Me refiero a gente militando la música. Creo que algo volvió de todo eso. Lo veo con Camionero, por ejemplo. Sus fans están muy organizados, lo van a ver a todos lados donde tocan, incluso hay grupo de sus seguidores, que se llama Rueda de Auxilio, que en los recitales juntan alimentos para llevar a distintos comederos”, agrega.

Sobre el final de la charla aparece la más novedosa coyuntura: el show de medio tiempo del Súper Bowl de Bad Bunny. “Lo que me pasa es un poco ambiguo. Por un lado me cae simpático que el show yanqui por excelencia esté teñido con costumbres más comunes para nosotros: el idioma, los vendedores ambulantes, los festejos, un casamiento con niños durmiendo sobre las sillas, como suele pasar en cualquier cumpleaños o fiesta. Eso me es más atractivo que Kid Rock cantando con un pañuelo yanqui en la cabeza".

Para Snitifker, la participación de
Para Snitifker, la participación de Bad Bunny en el Súoper Bowl es "una integración ficticia que no se replica en la práctica y en lo cotidiano"

“También me pasa que si está ahí, que es como la cuna del mercado, donde millones de estadounidenses están viéndolo, donde las marcas pagan millones de dólares por un segundo para promocionarse, si está ahí quiere decir que no representa ningún tipo de peligro. Funciona como una válvula de escape, como cierta visibilización en este contexto tan complicado para los latinos viviendo en Estados Unidos, siendo cazados y deportados por el ICE”, sostiene el músico y escritor.

“Es una integración ficticia que no se replica en la práctica y en lo cotidiano. Si está ahí significa que no representa ningún peligro. Es un ejemplo más de la contracultura siendo asimilada por la cultura hegemónica, como pasó con el movimiento hippie, las luchas de los setenta, los punks, incluso la cara del Che Guevara como estampa en ropa de marcas reconocidas. Es una banalización de la lucha porque, al fin de cuentas, no es más que un tipo contándole a un tal Tití que tiene muchas novias, ¿no?“, concluye.

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