Lévi-Strauss en Brasil: los “años decisivos” del hombre que revolucionó la antropología

‘Los horizontes más vastos del mundo’, recién publicado por el Fondo de Cultura Económica, reúne textos del entonces joven profesor de la Sorbona que allí vivió “la experiencia más importante de mi vida”

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Claude Lévi-Strauss en Brasil
Claude Lévi-Strauss en su oficina de San Pablo, entre 1935 y 1936 (Crédito: Fondo de Cultura Económica)

Cuando Claude Lévi-Strauss llegó a Brasil en los últimos días del verano de 1935, a sus 26 años, lo primero que ve antes de pisar tierra es una “enormidad”. Desde la proa del barco Mendoza, ingresando lentamente a la bahía de Río de Janeiro, tras un largo viaje por el Atlántico, descubre, asombrado, “los primeros contornos de un continente”. “En efecto, el continente impone su formidable realidad individual”, escribirá en 1936 con la fascinación aún humeándole adentro. No lo sabe, pero Brasil le va a cambiar la vida.

En una entrevista de 2005, cuatro años de su muerte, lo dirá de esta manera: “Brasil representa la experiencia más importante de mi vida por el alejamiento, por el contraste, pero también porque determinó mi carrera”. Estaba recién recibido de profesor de Filosofía en la Sorbona y recién casado con Dina Dreyfus. Escapaba de la rutina académica de Francia, buscaba algo de aventura de campo. La excusa: dar clases de sociología en la Universidad de San Pablo, fundada el año anterior.

El Fondo de Cultura Económica acaba de publicar Los horizontes más vastos del mundo, un libro que reúne textos de aquel “período de efervescencia” en los que un joven docente francés llega —nacido en Bruselas, Bélgica, en 1908, pero criado en París desde muy pequeño— a América del Sur, al país de la Amazonas, al Nuevo Mundo, para escapar de la rutina académica europea, para embarcarse en intrépidas expediciones entre comunidades originarias, para fundar una nueva perspectiva antropológica.

Claude Lévi-Strauss en Brasil
Dina Dreyfus, entonces esposa de Lévi-Strauss, en la oficina donde trabajan juntos, en San Pablo. Su marido, en el cuadro de la pared, retratado por su suegro, Raymond Lévi-Strauss (Crédito: Fondo de Cultura Económica)

Son “esos años decisivos”, escriben Samuel Titan y Carlos Augusto Calil en la introducción de este libro traducido por Lucía Dorin, “en los que ocurrió la transformación de Lévi-Strauss en etnógrafo y antropólogo”, donde se vislumbra “la atmósfera que presidió en esos momentos de ruptura, de perspectivas que se abren, de autorreflexión”. No solo dio clases, también convivió con comunidades indígenas como los caduveo y los bororo, escribió, sacó fotos y filmó. La estadía duró tres años.

Antes de sus Mitologías, de El pensamiento salvaje, de Lo crudo y la cocido, de Las estructuras elementales del parentesco, incluso casi veinte años antes de Tristes trópicos, el libro donde aborda con más tiempo y reflexión sus grandes viajes, entre ellos Brasil, antes de toda esa producción que poco a poco fue influyendo en el campo intelectual del mundo, están estos textos vehementes escritos por “un joven profesor apasionado por el arte moderno y con simpatías políticas de izquierda”.

El primero de los textos, “El cubismo y la vida cotidiana”, lo escribió cuando tenía 18 años, pero fue corregido y repensado en su estadía en Brasil. Leemos un temprano análisis estructuralista cuando habla de “la belleza propia del objeto”, que “consiste en una lógica interna, absolutamente indiferente a la cosa representada”. De esta forma, escribe, “la revolución ha sido un éxito”: el cubismo logró “darle al arte esta posibilidad nueva de penetrar las formas más humildes y más utilitarias de representación”.

Claude Lévi-Strauss en Brasil
Claude Lévi-Strauss en el Museo Nacional de Río de Janeiro junto a Ruth Landes, Charles Wagley, Heloísa Alberto Torres, Luís de Castro Faria, Raimundo Lopes da Cunha y Edison Carneiro (Foto: WIkipedia)

En el segundo texto, que es inédito y se titula “El fascismo en Brasil”, analiza el integralismo, la variante carioca del movimiento de Mussolini, que “encuentra en muchos medios burgueses, intelectuales, e incluso, hay que decirlo, obreros, una audiencia extremadamente simpática”. También sostiene que “Brasil no existe hoy ni como raza, ni como nación. Es un inmenso crisol donde se mezclan —o se superponen, al contrario, a menudo, sin mezclarse— todas las nacionalidades y todas las razas".

En el tercero ya vemos un texto programático. Es su adhesión al proyecto de fundación de un instituto de antropología física y cultural, y para desarrolla la importancia de esta disciplina, diferente a la psicología, a la sociología y a la biología, porque el acento está puesto en el “hombre real y concreto”, no en el “hombre ideal”. Luego, el cuarto, el texto que da título al libro, es una crónica fascinada sobre Brasil —con sus textuales inicié esta breve nota— que, queda claro, busca “dar muestras de agradecimiento”.

También están los textos de trabajo de campo, como el de los bororo, donde se hace un análisis muy específico de la organización social, con croquis y gráficos incluidos, pero también con descripciones que evitan el juicio moral para resaltar el hallazgo: por ejemplo, “los infanticidios quedan dentro las atribuciones del jefe; asfixia a los recién nacidos indeseables, cerrándoles la nariz y boca con la mano”, o que “la hermana se casa con el hijo del hermano de su madre o con el hijo de su hermano mayor”.

Claude Lévi-Strauss en Brasil
Claude Lévi-Strauss en una de las aulas de la Universidad de San Pablo, en Brasil (Crédito: Fondo de Cultura Económica)

La última parte del libro está dedicada a las películas que Lévi-Strauss filmó junto a Dreyfus en Brasil durante la expedición al Mato Grosso, entre noviembre de 1935 y enero de 1936. Esto surgió a partir de un malentendido, o de una promesa incumplida, porque cuando llegaron, a Dreyfus no le dieron el puesto de profesora que a Lévi-Strauss sí. Entonces generaron esta posibilidad. Los textos de Titan y Calil explican cada film junto a un nutrido corpus de fotos que recorre toda la edición.

En aquella entrevista de 2005, el antropólogo cuenta que regresó a San Pablo en 1985 y descubrió una “ciudad bastante horrorosa, erizada de rascacielos”. Habían pasado 37 años. Ya era una eminencia en el campo intelectual. No se tomó un barco, esta vez llegó en avión. Durmió en un hotel y al día siguiente se levantó temprano: quería volver al barrio donde vivió entonces. “Pasé la mañana bloqueado en embotellamientos sin poder llegar”, contó. “El vínculo entre el hombre y la naturaleza quizá se haya roto”.

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