
El féretro de la actriz Claudia Cardinale, muerta la semana pasada a los 87 años, entró este martes entre aplausos y al son de “Jill”, la melodía que Ennio Morricone compuso para su personaje de la película Érase una vez en el Oeste (1968), en la iglesia de Saint-Roch de París, donde se celebró su funeral.
Hasta ese templo, situado en el corazón de la capital francesa y conocido como la parroquia de los artistas, se desplazaron figuras del mundo del espectáculo como Bernard Montiel, Catherine Jacob o Patrick Préjean, y personalidades como la ministra de Cultura francesa, Rachida Dati. “De alguna manera forma parte de un cine que siempre será mirado como un momento de construcción del lenguaje, de construcción del cine”, explicó Claudia Squitieri, la hija de la legendaria actriz, a los numerosos medios de congregados frente Saint-Roch. “Creo que siempre volveremos a él -agregó- para entender de dónde venimos y ella siempre estará de alguna manera en ese origen”.

De su madre, que fue musa de directores como Luchino Visconti o Federico Fellini, destacó su “indomabilidad”, su “independencia” y su “libertad”, pero también la forma en la que logró ser, a la vez, una “mujer simple” y una “estrella” mundial.
Claudia Cardinale, nacida en Túnez bajo protectorado francés en 1938, falleció el pasado 23 de septiembre en la localidad de Nemours, ubicada al sur de París, donde residía con su familia y donde lideraba una fundación que apoya a jóvenes artistas. Su hija explicó que ella “se sentía bien en Francia”, porque le gustaba tener una “vida normal”, algo que en Italia era “muy complicado” debido al “afecto y a la estima” que los italianos tenían por ella.
Además de la música de Morricone, durante el funeral que duró algo más de una hora, hubo otros momentos cinematográficos como la reproducción de unas declaraciones durante una entrevista en el rodaje de la película franco-italiana Cartouche (Philippe de Broca), de 1962, en la que compartió pantalla con Jean-Paul Belmondo.

A continuación, antes del comienzo de los ritos propiamente religiosos, tomaron la palabra tanto Claudia Squitieri como la nieta de la actriz, Lucilla Cristaldi, y el escritor René de Caccatty, según el programa de la ceremonia compartido con la prensa. Ante el altar de Saint-Roch, un lugar que también ha sido testigo de los funerales de figuras como el diseñador Yves Saint-Laurent (2008) o la actriz Jane Birkin (2023), la familia ubicó una foto de Cardinale en blanco y negro y a los asistentes se les invitó a hacer una donación a la fundación de la actriz en su memoria.
En el exterior de la iglesia, además de los numerosos periodistas, también se concentraron curiosos y admiradores, como la artista Michelle Boesnach, quien acudió con un retrato de Cardinale pintado por ella misma. “Yo la adoraba verdaderamente (...) La conozco desde que era pequeña, yo tengo 50 años, ella tenía 87”, contó Boesnach, quien la describió como una actriz “magnífica, radiante” y “sublime”.
Además del funeral de París, la familia tiene prevista otra ceremonia de despedida el miércoles en Nemours, más íntima. La cremación de sus restos tendrá lugar el jueves, de nuevo en la más estricta intimidad.
Fuente: EFE
[Fotos: Bertrand Guay/AFP]
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