
Como dijo uno muy distinguido de los nuestros: uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que quisiera, sino lo que puede. Y yo efectivamente escribo sobre lo que puedo, que en mi caso es aquello que percibo como propio, eso que siento que me pertenece. Aunque no me gustaría confundirlos: no por eso estos textos son verídicos ni tampoco me han pasado a mí. O tal vez algunos sí. Pero en fin, y vaya osadía hablar de finales en un primer párrafo, la premisa de esta colección de textos es que conversan sobre eso que nos pertenece a todos los que somos de nuestro país.
Los argentinos bien podríamos ser el resultado de las anécdotas que nos pasan. Me gusta pensar que nuestra historia es la del resto y la del resto es nuestra historia. La idea de que, queriendo o no hacerlo, todo lo que hacemos aporta al relato de lo que significa vivir acá. O ser de acá, mejor dicho. Porque como se repite mucho ahora: la única condición para ser argentino es querer serlo. Así que cada uno de estos cuentos o ensayos son tan solo la decisión deliberada de hablar en nombre de la argentinidad. Sin el permiso de ustedes, claro, pero que espero que aprueben luego de leerme (por favor).

Como indica una de sus primeras hojas, los textos de este libro fueron escritos entre diciembre de 2022 y marzo de 2024. El primero, justo después de Qatar, sobrestimulado de emociones; el último, el día antes de la fecha de entrega final que había pautado con la editorial, escueto de inspiración. Hablan de la amistad, la idolatría y la hermandad. Del desarraigo y del heroísmo. De la lengua materna y la aprendida. De los prejuicios, las inseguridades y las decisiones. De la tenacidad y la paciencia. De la alegría y el dolor.
Cada tema, que busca encapsular tan solo algunos de los valores inscriptos en nuestro adn, está representado en un relato. Relato ordinario y hasta con amague a lo insulso, pero que intenta superarse y ser más de lo que está contando. Como el lenguaje, que se combina para ordenar los pensamientos y transmitir lo que queremos. De hecho, aprovecho que hace poco aprendí que en italiano hay dos formas distintas de referir a lo que en español es el verbo olvidar: dimenticare, que es sacar de la mente, y scordare, que es sacar del corazón. Así que podríamos decir que las historias de este libro yo las puedo dimenticare, pero no las logro scordare.

Será porque hablan de un padre veterano de Malvinas que decide mantener prudencia con su historia. O porque relata la vitalidad de una mujer anciana que se continúa superando y lo hará hasta el último de sus días. O por las andanzas del joven montañés cuya serenidad le permite esperar con entusiasmo. O, en realidad, porque lo que prevalece en cada uno de los relatos, y que espero que podamos recorrer juntos, es la pregunta constante por quiénes somos en relación a los demás.
El lenguaje, las palabras elegidas para expresar, nunca podrán esconderse en el molde de la casualidad. Es que me salió decirlo así porque sí, che. Pero no, campeón del mundo: sin excepción, y en su mayoría sin proponerlo, los individuos decimos mucho más con el cómo que con el qué. Y en Argentina, hasta parecería que todavía más. ¿O es lo mismo decir “buenos días” que “arriba ese viernesito”? Es por esto que la esencia de esta obra está en la manera de contar lo que sucede porque, como ya mencioné hace 1402 caracteres y llamativamente decido repetir, el argumento del relato es extraordinariamente cotidiano. Tan extraordinario (o cotidiano) como este último oxímoron, que no fue casualidad elegir usar.

Esta fascinación por las palabras que elegimos para decir lo que decimos, y confieso que la primera vez que tipeé esta oración había usado obsesión, arrancó bien de joven. Tal vez porque me escolaricé tarde y mi madre, quien me enseñara a leer y escribir, entendió que la mejor manera de alfabetizar a un infante de 6 años era estudiando el Pequeño Larousse Ilustrado 2000 de pí a pa. Sumado a la creatividad rioplatense para hacerse entender, el resultado es que el lenguaje siempre se supera y evoluciona. Como cuando uno pregunta: “¿Querés que te devuelva lo que te debo?”. Y el otro le responde: “No, sí, dale, ahora, después, si no vamos viendo”. Negativo, positivo, jerga, presente, futuro, condicional, negativo, verbo, gerundio. Un poema.
Sin ánimo de decepcionar, ni tampoco de desaprovechar el alcance que me ofrece esta nota, Cortito el cuento se propone tan solo transmitir la indefinible sensación a la que sabe ser argentino y argentina. Esa que nos hace pronunciar las palabras en inglés con tonada castellana para evitar miradas desconfiadas. O esa también que nos eriza la piel cuando vemos nuestra bandera flamear por el mundo. Y lo hace a través de historias que podríamos escuchar en cualquier momento, tan solo aprovechando el más especial de los beneficios que portamos: la posibilidad de conversar entre nosotros.
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