
¿Cuál es el problema principal del sistema alimentario mundial? ¿Y si no radica en la falta de alimentos, sino en su abundancia y el desperdicio que esta genera? Así lo plantea el autor y académico Vaclav Smil en su libro How to Feed the World (“Cómo alimentar al mundo”), donde argumenta que el exceso de producción y consumo de alimentos, especialmente en países desarrollados, está contribuyendo a problemas como la obesidad, el desperdicio masivo y el impacto ambiental.
Smil, profesor emérito de la Universidad de Manitoba, ha dedicado cinco décadas a estudiar temas relacionados con la alimentación, la energía y el medio ambiente, y en esta obra ofrece una evaluación cuantitativa y detallada del sistema alimentario global.
Desmonta la idea de que el mundo enfrenta una crisis inminente de escasez alimentaria y señala que el verdadero desafío es el manejo del excedente de alimentos, que no solo genera desperdicio, sino que también fomenta hábitos de consumo insostenibles. En su libro, Smil propone soluciones prácticas, como reducir el tamaño de las porciones en los restaurantes y limitar la variedad de productos disponibles en los supermercados, que en países como Estados Unidos pueden ofrecer entre 40.000 y 50.000 artículos diferentes.
<b>La evolución de la alimentación humana: de recolectores a agricultores</b>
Smil inicia su análisis con una reflexión sobre cómo sería la vida humana sin la agricultura. Imagina un escenario en el que los humanos, al igual que los chimpancés, dedicarían gran parte de su tiempo a buscar alimentos, principalmente frutas. Según el autor, esta forma de vida habría limitado el desarrollo de la civilización tal como la conocemos, impidiendo avances como la escritura, la arquitectura y la medicina.

El surgimiento de la agricultura hace aproximadamente 12.000 años marcó un punto de inflexión en la historia de la humanidad. Este cambio permitió la producción estable de alimentos, reduciendo la necesidad de forrajear diariamente y facilitando la formación de asentamientos que eventualmente se convirtieron en ciudades. Smil destaca que la base de la civilización global actual son los granos comestibles, cuyo cultivo sigue siendo esencial para la supervivencia humana.
<b>El impacto del exceso alimentario en el mundo moderno</b>
En el contexto actual, Smil señala que el problema no es la falta de alimentos, sino su distribución desigual y el exceso en ciertas regiones. Según el autor, este exceso ha llevado a un aumento en los índices de obesidad y enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación, especialmente en países como Estados Unidos. Además, el desperdicio de alimentos es alarmante, con grandes cantidades de comida desechadas antes de ser consumidas.
Entre las soluciones propuestas por Smil se encuentra la reducción de la producción de alimentos en países donde esta supera ampliamente las necesidades de la población. También sugiere limitar las opciones de los consumidores, argumentando que no es necesario ofrecer una cantidad tan amplia de productos en los supermercados. Estas medidas, aunque prácticas, podrían enfrentar resistencia debido a los hábitos de consumo actuales y las dinámicas del mercado.

<b>Críticas a las soluciones modernas y la agricultura orgánica</b>
Smil también aborda las innovaciones y tendencias que prometen revolucionar el sistema alimentario, pero se muestra escéptico sobre su viabilidad. Una de sus críticas más contundentes se dirige hacia la agricultura orgánica, a la que describe como una solución poco realista para garantizar la seguridad alimentaria en el futuro. Según el autor, la prohibición de fertilizantes sintéticos en la agricultura orgánica limitaría la capacidad de alimentar al 40% de la población mundial, ya que los rendimientos de los cultivos orgánicos suelen ser un 25% más bajos que los de la agricultura convencional.
Por otro lado, Smil evita profundizar en la relación entre el sistema alimentario y el cambio climático, aunque menciona que el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera ha beneficiado a las plantas, contribuyendo a un “verdor biosférico indiscutible”. Este enfoque contrasta con la creciente preocupación global sobre el impacto ambiental de la producción de alimentos, especialmente en términos de emisiones de gases de efecto invernadero.
<b>Un futuro alimentario optimista pero incierto</b>
A pesar de las críticas y omisiones, Smil se muestra optimista sobre la capacidad del mundo para alimentar a su población más allá de 2050. Según el autor, una combinación de avances científicos y la disminución de la población global permitirá satisfacer las necesidades alimentarias en el futuro. Sin embargo, este optimismo está condicionado a la implementación de cambios incrementales en el sistema alimentario, como los que propone en su libro.
En última instancia, el análisis de Smil ofrece una perspectiva única y fundamentada sobre los desafíos y oportunidades del sistema alimentario global. Aunque algunas de sus propuestas pueden parecer controvertidas o poco prácticas, su enfoque basado en datos y su experiencia de décadas en el campo lo convierten en una voz autorizada en el debate sobre cómo alimentar al mundo.
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