
El cantante y poeta español Joaquín Sabina hizo sentir a 10.000 mexicanos que les cantaba al oído, en un concierto íntimo en el que repasó este lunes varias joyas de diferentes etapas de su carrera.
En un concierto de dos horas y ocho minutos y 21 canciones en el Auditorio Nacional un Sabina con aire de melancolía incluyó en su presentación mensajes de amor a México, sonetos y piropos a amigos del país, entre ellos la novelista Ángeles Mastretta, a quien le dedicó ‘Calle melancolía’, con la escritora conmovida en primera fila.
Con un elegante traje azul, playera negra debajo y su bombín blanco, Sabina arrancó con ‘Dónde habita el olvido’, para seguir con una confesión:
“Mi primera gira americana hace un montón de años empezó aquí y nunca me arrepentí de haber empezado aquí y de seguir empezando hasta esta que es la última. Por ese motivo hay un poquito de nervios, pero también de emoción”, dijo.

‘Lágrimas de mármol’ y ‘Lo niego todo’, dos poemas cantados relacionados con el paso del tiempo, siguieron y a partir de ahí el bardo originario de Úbeda (sur de España) propuso una velada, más íntima que triste, en la cual le gente del público terminó con el cantante algunas de las canciones, a propuesta del artista.
Varias de sus piezas más conocidas, ‘19 días y 500 noches’, y ‘Más de cien mentiras’, entre ellas siguieron el espectáculo hasta que, a punto de terminar la primera hora de concierto, Joaquín se fue para dar paso a Mara Barros, quien interpretó ‘Camas vacías’.
Aunque la voz de Sabina se escuchó más ronca a sus casi 76 años, aunque sus movimientos fueron lentos, la gente lo acogió como en los viejos tiempos, y muchos se dieron el gusto de derrochar cursilería, con ataques de llanto de poca duración.
“El guitarrista Jaime Azúa cantó ‘Pacto entre caballeros’, después de lo cual el poeta regresó con una camisa azul de mangas largas para cantar ‘Peces de ciudad’, ‘Medias negras’ y “Una canción para Magdalena’.

Tras regalar uno de sus sonetos, conmovió a los presentes con ‘Por el boulevard de los sueños rotos’, cuya letra está dedicada a la cantante Chavela Vargas.
Mara Barros cantó el poema de Rafael de León ‘Y sin embargo, te quiero’, después de lo cual los presentes apenas se sentaron y veneraron a un Sabina que cambió algunas de sus letras para incluirles referencias a México.
Después de que Antonio García de Diego interpretara ‘La canción más hermosa del mundo’, Joaquín regresó con una chamarra de ribetes rojos, se quitó el bombín por vez primera y calificó a los mexicanos como el mejor público del mundo.
‘Contigo’ y ‘Princesa’ fueron las canciones de cierre. Con los celulares encendidos, de pie, los presentes acompañaron a Sabina con el fervor típico de los mexicanos en las procesiones religiosas, la manera de la gente de dar gracias a quien durante décadas repartió pedazos de México en su obra, sus entrevistas y sus actos.
Sabina volverá al Auditorio el 1 de febrero, en el primero de cuatro conciertos.
Fuente: EFE
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