“¿Viste cómo es ésto? Los caminos se van encontrando en un punto en común”, dice por teléfono Gonzalo Heredia. Está apoyado en el marco de la ventana; afuera el sol del mediodía es de un amarillo tenaz. Se refiere a su nuevo proyecto, un ciclo que saldrá por el canal de streaming Blender: Entre libros. “Yo venía de hacer entrevistas en Radio con Vos, antes en Radio Cultura, y ya tenía esa gimnasia: la disciplina de leer un libro por semana y entrevistar a cada autor, a cada autora, desde un lugar bastante genuino”, agrega en diálogo con Infobae Cultura.
Hoy a las diez de la noche por el canal de YouTube de Blender sale el primer capítulo. Forma parte del contenido on demand del canal. Mariana Enriquez, Samantha Schweblin, Leila Guerriero, Pedro Mairal, Fabián Casas, Cecilia Roth, Magalí Etchebarne y Rafa Otegui son algunos de los entrevistados. Se repetirá cada miércoles a la misma hora. “Son como cápsulas para las personas que quieren contar, que les gustan las historias. Hay algo en donde se desmarca de lo que es la literatura entre comillas. En ese sentido, creo que el programa va a ir por ese lado”, asegura.
Su trabajo como actor es muy conocido: no sólo protagonizó novelas muy populares —Los ricos no piden permiso, Argentina, tierra de amor y venganza, La 1-5/18, entre tantas otras—, también hizo y hace mucho y participó de varias películas. Pero en los últimos años supo explorar, y con muy buenas críticas, la escritura: publicó dos novelas, ambas editadas por el sello independiente Alto Pogo: Construcción de la mentira (2018) y El punto de no retorno (2021). “Todo lo que es la cocina de los escritores y las escritoras a mí me encanta. Leo mucho sobre eso. Me apasiona”, confiesa.

En el adelanto que salió en las redes se ven, no sólo varios autores conocidos, también varias ideas. Que el escritor es un “testigo silencioso”, dice Magalí Etchebarne. Que se trata de “tener un punto de vista”, agrega Pedro Mairal. Que “la poesía es el arte de hacer cada vez más preguntas”, dice Fabián Casas. Todos de pie delante de la biblioteca; algunos acodados en un estante. “La gente no necesita más terror en la vida real, pero la ficción es otra cosa”, dice Mariana Enriquez. “Cuando la literatura funciona, lo que hace es suspender todo prejuicio posible”, dice Samanta Schweblin.
Esto no es un desembarco. Desde el año pasado, junto a Galia Moldasky y Esteban Lamothe, hace en Blender la serie Un futuro sin vos, una ficción paródica del mundo de los galanes de telenovela. Un día, Ana Passerini, al frente de la biblioteca del canal (”Ana construyó el espacio: que por primera vez un streaming tenga una pata en la literatura”), le propuso hacer un ciclo de entrevistas. En esa cocina, cuenta, también estuvo Sebastián Lidijover, viejo conocido del mundo editorial. “Hace rato que Blender está intentando ligar literatura y streaming”, agrega Heredia.
La idea, cuenta, fue “desmitificar un poco la literatura”: “Creo que ya estamos en un momento donde la literatura pasa por otro lado. Te hablo de booktubers y demás... Ya hay una desmitificación, de esa idea de que la literatura es algo inalcanzable, algo inaccesible. A través de los años, cuando Twitter era Twitter, también en Instagram, yo mostraba esto desde un lugar bastante genuino, porque me considero un lector que se construye día a día. Trato de disciplinarme: leer 50 páginas por día. Igual uno nunca va a leer todo lo que le gustaría leer. Pero me construyo de esa forma”.
Entonces, de pronto, los caminos se encuentran en un punto. “Congeniaron muchas cosas”, y enumera: “Se inauguró la biblioteca, vinieron las cabezas de cada editorial, los autores”. A partir de ahora, asegura, se puede “allanar el terreno del streaming en una nueva forma de comunicación, que es algo obviamente inmediato, que sobrevive a través de clics, me gusta, etcétera, pero se trata de construir un nuevo espacio para poder comunicar y seguir comunicando el contagio de la lectura, de saber que somos varios los lectores, las lectoras, las personas escribientes”.
Gonzalo Heredia le escapa al género periodístico. “No es una entrevista, es una charla”, dice. “Una charla que sucede en la biblioteca, que es bastante pequeña, que se está construyendo, que tiene tres meses. Una charla de parados, como podría ser en la casa de alguien que tenga una biblioteca, tomando un vino, hablando sobre cómo contar historias, sobre cómo se construyeron a sí mismos como lectores, como lectoras”. Insiste en que el streaming “es una nueva forma de comunicar”. “Creo que hay ciertos lugares que todavía están inexplorados”, agrega.
“Yo estoy muy seguro de mi curiosidad. Va a haber gente que sienta que se está banalizando la literatura, pero siempre pasa. Siempre va a haber alguien que defienda ese nicho que solamente es accesible para unos pocos. También me ha pasado en la radio. Creo que eso ya quedó un poco relegado. Yo aprovecho el momento para preguntarle, no sé, a Leila Guerriero, cómo se puede ver tal cosa. Es una de las mejores cronistas argentinas; para mí tiene una mirada muy particular. Trato de mirar donde mira, le sigo la mirada a ver donde posa los ojos. Me interesa mucho”, cuenta.

¿No es una apuesta a contramano la militancia de la lectura, la pausa, el silencio, la imaginación, en tiempos de imágenes, rapidez, ruido, consumo? “Sobre todo la dedicación del tiempo a algo que no sea inmediato. La paciencia también. Muchas veces uno sale bastante repelido de la lectura porque hubo algo que no sucedió. Nos pasa a todos como lectores. Pero también nos pasó lo otro. Justamente eso otro que nos pasó es lo que yo intento compartir desde mi lugar. Siempre hay un libro que te está esperando. Y cuando te pase eso, yo te aseguro que lo vas a seguir buscando toda tu vida”.
“Yo tengo un hijo de trece y una hija de siete. Los veo en la inmediatez. Esto de lo rápido, lo simple, lo concreto. Y me cuesta inculcarles la lectura desde una biblioteca que mi hijo la usa de arco para jugar al fútbol. Conozco ese lugar. Esto es un aporte, digamos. Siempre voy con la idea de contagiar y convidar la adicción por la literatura”, concluye el actor y escritor. El sol del mediodía sigue arriba, en cenital: fuerte, radiante. Cuando corta, todavía apoyado en el marco de la ventana, Gonzalo Heredia mira el libro que dejó en la mesa ratona, y piensa: ¿Por dónde iba?
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