“American Fiction” ganará el Oscar por las razones equivocadas

La película sobre raza, literatura y poder, se presenta como una crítica a la era de la corrección política y la obsesión por la identidad. Así se ve, al menos, desde el barrio de Barack Obama en Chicago

Guardar
Trailer de "American Fiction"

Odio el título, pero llama la atención. Y sobre eso, la atención del público. American Fiction. Es importante decir que la vi un domingo a la noche, en el Harper Theater, en Hyde Park, al sur de Chicago, cuya celebridad es Barack Obama. Cuando aparece por el barrio, la zona se anega de autos blindados. La vidriera de Hyde Park Records (sitio alquímico: transforma mis ahorros en CDs) exhibe un ejemplar firmado de su autobiografía. Una placa de bronce (53rd y Blackstone) conmemora el primer beso con Michelle después de un heladito en Baskin Robbins.

Más abajo, sobre la misma calle 53rd, está su mesa preferida en Valois, el desayunador hipercalórico del hood. Sus preferencias cuelgan de la pared: cima de la división del trabajo, si uno pide el menú Obama un clan de cocineros nerviosos proporciona huevos, hash browns (variante sexy del puré), té dulce y salchicha de pavo. En Hyde Park aprendí un dato importante: soy blanco. Era el barrio perfecto para ver American Fiction. Insisto: arrasará. El director, Cord Jefferson, deberá comprar en IKEA una estantería reforzada para acomodar las estatuas.

Barack Obama, con su esposa Michelle y sus hijas Sasha (izq.) y Malia (der.), en noviembre de 2004, cuando fue electo senador por Chicago
(Scott Olson/Getty Images)
Barack Obama, con su esposa Michelle y sus hijas Sasha (izq.) y Malia (der.), en noviembre de 2004, cuando fue electo senador por Chicago (Scott Olson/Getty Images)

El plot: Thelonious “Monk” Ellison, un escritor afroamericano dicta clases en Los Ángeles, recibe elogios de la crítica especializada, pero vende poco. Sus editores le sugieren, o más bien le exigen, que escriba libros “más negros”. A ningún escritor le agrada que le marquen el camino: Monk (algo atonal, como el pianista) se rebela. En una escena bastante memorable, entra a una librería, pide sus propios libros, y los cambia de sección. Discute con el librero: lo suyo, dice Monk, no pertenece al anaquel de los “Estudios Afroamericanos”.

Lo suyo es literatura. Riñen. Monk se resiste: es un intelectual un poco snob, pero como todo el mundo, quiere ser visto y amado. En la librería se da de frente con la realidad editorial. Lo que sí vende es We’s Lives in Da Ghetto, de Sintara Golden. Qué buen nombre, una autora afroamericana (espléndida, sofisticada, impecable) que goza del calculado olimpo del que Monk carece. ¿Hay algo más común que los celos entre artistas? ¿Quién sería nuestra estrella equivalente en la literatura argentina? (Violines de Hitchcock en Psicosis: me reservo la opinión. No quiero perder amigos en tiempos de motosierra).

American Fiction
La premiada autora afroamericana que dispara la trama de "American Fiction"

La trama es compleja y no hace falta revelarlo todo. Brevemente: Monk se sulfura ante el éxito ajeno mientras lidia con dramas familiares. Su madre tiene Alzheimer, su hermano Cliff salió del closet, Sintara Golden (cada vez me gusta más) no afloja en la cosecha de éxitos.

Pero a Monk se le ocurre una idea.

Toda literatura es impostación (lo discutimos, si quieren). Monk se entrega a la parodia. Del mismo modo en que Cervantes escribió el Quijote como un juego, creyendo que su mejor obra era el Persiles, Monk se dedica a la elaboración del máximo cliché: una novela llamada Fuck, que exotiza la jerga y replica los motivos pendencieros que se esperan de un autor negro. Monk querría escribir otra cosa. Pero la libertad creativa solo causó ostracismo. En cambio, opta por un experimento. El problema, que nutre esta gran película, es que sale bien: Fuck interesa, se vende, llama la atención, gana premios.

American Fiction es crítica con la época. El lugar común, la corrección política, y la obsesión por la identidad ablandan las expresiones artísticas hasta convertirlas en tofu: una sustancia nutritiva que no sabe a nada.

American Fiction
La obra de Cord Jefferson en una película sobre la incorrección

Sentí algo parecido en el máster de escritura creativa de la Universidad de Iowa. Tiene dos programas: el yanqui y el latinoamericano. El primero es famoso por su galería de celebridades (Raymond Carver, Kurt Vonnegut, John Cheever y Flannery O’Connor) y por docentes ganadores del Pulitzer y publicados en la New Yorker. El otro, nuestro, iniciado en 2011, tiene menos plata y visibilidad. Las estrellas (me costó aceptarlo) eran ellos.

Una reflexión incómoda. Lo vi, como suele decirse, con mis propios ojos: ellos, los yanquis de tofu, se entrevistaban con agentes, concebían futuros auspiciosos, y uno o dos (lo sé de primera mano) vendieron proyectos de novela sin escribir, en cientos de miles de dólares. (¡Sin escribir!) Nosotros, los latinos, mientras tanto, tomábamos Maker’s Mark en el Foxhead oyendo a Castellanos Moya, nuestro viviente borracho legendario, contarnos sobre charlas hepáticas con el último Bolaño en Blanes. También (yo sin mucha suerte) incursionábamos en la poesía con el etéreo Luis Muñoz, y discutíamos a muerte sobre la forma de la novela contemporánea con Ana Merino.

Una nota caribeña. En vez de entregarse a las exigencias de la época, en pleno auge feminista, Castellanos Moya le puso “pija” a su último novelón político. Moronga, de 2018, era un libro necesario, que no hizo concesiones, y como el ficticio Monk, fue a parar a los escondites de las librerías. Es de lo mejor que escribió (autor de varias granadas de mano como El asco e Insensatez) pero nadie se animó a celebrarlo porque era un libro incómodo. La libertad artística es un frágil insecto luminoso: si se negocia no titila. Castellanos Moya, que está viejo y un poco harto, optó por lo que ya sabía hacer: una novela sobre el exilio y la paranoia de baja letalidad en un tiempo sin futuro.

Jeffrey Wright, ganador del Premio a la mejor interpretación principal durante los 39º Premios Film Independent Spirit en Santa Mónica, California (REUTERS/Aude Guerrucci)
Jeffrey Wright, ganador del Premio a la mejor interpretación principal durante los 39º Premios Film Independent Spirit en Santa Mónica, California (REUTERS/Aude Guerrucci)

American Fiction, en cambio, es más amable. Se inclina por el humor y por una estrategia muy estadounidense: la ironía. La película expone al público bienpensante (in your face, motherfuckers) que el arte debe hacer lo imposible por mantener la autonomía.

¿Dije autonomía? ¿Qué es esto? En mi opinión, y supongo que en la de Mark Fisher, esto ya no existe. Cien años antes ocurrió con Marcel Duchamp y su “fuente” sin orines. La transición entre mingitorio y estatua (la obra se presentó en 1917) funcionó como profecía.

Como dije arriba, American Fiction ganará todos los Oscar, pero por motivos erróneos. La extrema precaución, la epidemia de politeness que la película critica es la que le concederá los máximos honores: la volverá fuente, pieza de museo, destinataria de veneración. Monk quería escribir literatura, no una novela lastimosa sobre el ghetto negro. Pero la segregación “vende”: que las periferias se “expresen” tranquiliza las conciencias de la blancura.

Con su consagración, mismo destino que Duchamp (que buscaba romper el museo, y no ser su pavo real), convertida en commodity cultural, American Fiction perderá filo. Moronga pasó desapercibida por ser “incorrecta”. Una película sobre la incorrección, en cambio, se volverá fetiche. Con cachos de avocado toast y café de especialidad en el buche, los progres nos llenaremos la boca citándola hasta el hartazgo. Y el mercado de la cultura, masoquista y perverso, con estómago para todo, ganará plata dejándose pegar.

Últimas Noticias

Leonardo Padura: “En mis libros no hay una sola mentira sobre Cuba; ése es mi escudo para enfrentar mis miedos”

Charla con el gran narrador cubano a propósito de su novela “Morir en la arena” y también del duro momento económico, político y social por el que atraviesa la isla, mientras se esperan acciones cruciales por parte de Estados Unidos

Leonardo Padura: “En mis libros no hay una sola mentira sobre Cuba; ése es mi escudo para enfrentar mis miedos”

Cómo influyó Borges en ‘El Eternauta’ y viceversa: una sorprendente conexión literaria

Infobae Cultura publica fragmentos del nuevo libro de Martin Hadis, “Borges y el Eternauta: el origen secreto de la gran odisea espacial argentina”, que establece un vínculo jamás explorado

Cómo influyó Borges en ‘El Eternauta’ y viceversa: una sorprendente conexión literaria

Kim Gordon ataca el capitalismo tecnológico con un sonido que la desmarca del rock alternativo

‘Play Me’, tercer álbum solista de la exbajista de Sonic Youth, encarna en apenas 29 minutos una reflexión crítica sobre la economía digital en un contexto de consumo cultural fragmentado

Kim Gordon ataca el capitalismo tecnológico con un sonido que la desmarca del rock alternativo

Un Russell Crowe escalofriante descuella en “Nuremberg”, una película imperfecta pero esencial

El actor australiano interpreta a un convincente Hermann Göring, el jerarca nazi llevado a juicio luego de la Segunda Guerra Mundial, en una trama donde la tensión y las preguntas morales dominan el relato

Un Russell Crowe escalofriante descuella en “Nuremberg”, una película imperfecta pero esencial

Autentifican ‘Jeune femme brune’ de Modigliani tras décadas de disputas legales y ya preparan una subasta

La resolución de uno de los litigios más largos en torno a la escuela de Montparnasse impulsa el regreso de la pintura al circuito global de ferias y coleccionismo

Autentifican ‘Jeune femme brune’ de Modigliani tras décadas de disputas legales y ya preparan una subasta