El cortometraje argentino Un movimiento extraño, dirigido por Francisco Lezama, compite en la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale). Seleccionado en la categoría oficial Berlinale Shorts, se distingue por ser la única propuesta en formato corto del país que compite en este prestigioso encuentro cinematográfico.
Un movimiento extraño narra la peculiar historia de una guardia de seguridad en Buenos Aires en el año 2019, quien, tras presenciar una repentina alza en el valor del dólar, se embarca en una aventura de especulación financiera y vínculos inesperados. El film cuenta con la producción de 36 Caballos y se inscribe dentro del género comedia, abordando temas como la obsesión por el ahorro en dólares y las complejas dinámicas económicas de Argentina. Francisco Lezama, quien también ha trabajado en el sector de la cineteca del Museo del Cine desde 2012, busca con este trabajo continuar explorando las narrativas que ha desarrollado en sus cortometrajes anteriores, como La novia de Frankenstein y Dear Renzo.
Además de Un movimiento extraño, Argentina cuenta con representación en otras secciones del festival alemán: en “Encounters” participa Tú me abrasas, de Matías Piñeiro, coproducida con España; en la sección Forum está programada Reas, de Lola Arias (Argentina, Alemania, Suiza) y en Generation Kplus se presentan Los tonos mayores, de Ingrid Pokropek (Argentina, España) y el corto Uli, de Mariana Gil Ríos.

Francisco Lezama, además de cineasta, se desempeña como investigador y docente de Historia del Cine en la FUC (Universidad del Cine), y está actualmente en la etapa de preproducción de su primer largometraje, que promete seguir su línea de trabajo centrada en elementos de la cultura y sociedad argentina. Con Un movimiento extraño, brinda una mirada crítica y humorística sobre la realidad económica del país, resaltando como tema central la figura del “arbolito” y la especulación con la moneda extranjera.
Infobae Cultura dialogó con el realizador argentino que está en Berlín para presentar su trabajo.
—¿Cómo nace “Un movimiento extraño”?
—El corto surge de varios intereses mezclados. Por un lado, quise continuar la línea de mis dos cortos anteriores (La novia de Frankenstein, 2014) y (Dear Renzo, 2015). Ambos escritos por mí, pero codirigidos con Agostina Gálvez. Quise continuar trabajando con la obsesión argentina por el ahorro en dólares y la especulación. Me sigue interesando cómo la cultura que tenemos en la Argentina con el dinero y las transacciones, desborda en los modos de comportamiento erráticos que tenemos.

Por otro lado, quise registrar el ambiente del Museo MALBA a la noche, lugar en donde trabajé entre 2011 y 2019 en el cine. Durante las noches, el Museo cerraba sus puertas, y quedábamos en los pasillos a oscuras, los guardias de seguridad, las obras de arte y yo. Una noche pude ver una exposición de cuadros de Pablo Suárez alumbradas por linternas y pensé: “esto lo tengo que filmar”. A partir de ahí, decidí que el corto tendría que tener algo de esas pinturas y esculturas, algo de esa vulgaridad distinguida. Algo de ese antinaturalismo de cómic confrontado a un realismo bastante sórdido.
Ese fue el puntapié inicial para escribir un corto sobre una guardia de seguridad que al prever una suba abrupta del valor del dólar con un péndulo, comienza a vincularse con un arbolito. El corto cuenta cómo se hace despedir cuando prevé que el aumento. A partir de ahí la protagonista compra dólares que van subiendo de valor mientras el país se viene abajo. Quise registrar esa fantasía del ahorro. Cómo eso y la “tranquilidad” no es más que un “acá me salvo sólo” bastante triste. Un estado de seguridad aislado, extraño e irreal (homólogo quizás al concepto de barrio cerrado).

—¿Por qué elegiste contarlo a través de una comedia?
—En lo personal, la comedia es un género que me interesa a la par que muchos otros géneros. Pero pienso que como en mis cortos trabajo con la obsesión argentina con el ahorro en dólares, la comedia fue ideal para narrar lo enrevesado, caótico y errático del asunto. Por otro lado, la comedia de enredos, es el género que ha traficado la mayor cantidad de elementos de la historia financiera al cine. Las comedias Norteamericanas de los años 30 y los 40, (consciente o inconscientemente) dejaban que el clima de época del Crash Financiero se colara en las películas. Lo curioso es que las comedias argentinas del mismo período —de directores como Manuel Romero, Carlos Schlieper— también dejaban que se filtraran asuntos ligados a la economía y los conflictos de clases (En Mujeres que Trabajan; Manuel Romero, 1938) una de las empleadas de Harrods desayuna leyendo a Marx antes de salir de la pensión al trabajo. Intuyo que esto en un drama de aquella época no se hubiera podido colar este detalle.
—¿Cómo ves la realidad del cortometraje en la Argentina?
—Los problemas de distribución con los cortometrajes, aquí y en todos lados, suelen abonar a un prejuicio generalizado: que los cortos son un “género estudiantil”, un prelenguaje, o infralenguaje, un boceto o espacio de entrenamiento para ir luego al largo. Esto mismo pasa con la Historia del Cine y el cine primitivo mudo, se lo suele tomar como un cine con una gramática “inferior” a la del “cine clásico”, como un prelenguaje. Son prejuicios que tienen que ver con que nadie tiene ni acceso a cortos ni acceso al cine primitivo mudo.

Creo que el problema es de distribución. La Generación del 60 en Argentina luchó por un espacio de exhibición digno del cortometraje. También se le daba mucho lugar al corto como medio de difusión ideológica. El corto no es un género de estudiantes. Siempre ha habido directores prestigiosos con varios largometrajes filmados, que volvieron a filmar cortos (hace poco Almodóvar con La voz humana y Extraña forma de vida). Mubi está haciendo algo interesante programando cortos, y varias plataformas también. En un momento el cine proyectaba noticieros cinematográficos antes de cada función, no estaría mal que se proyectarán cortos antes de cada largo.
—A nivel personal, ¿qué significa poder presentarlo en un festival tan importante como es la Berlinale?
—Es un orgullo. Fue algo inesperado. Si bien uno le pone mucho empeño para que sus trabajos se vean en los lugares más relevantes, el hecho de que te elijan o no ya excede el trabajo que uno hace. Berlín le da mucha importancia a los cortometrajes, por ejemplo, los ponen en salas muy buenas, no en las salas paralelas o alejadas. Están en el foco del festival y te abre una ventana muy significativa para mostrar tu trabajo a programadores y personas de la industria de todo el mundo. Hoy más que nunca, los realizadores argentinos vamos a necesitar de fondos y apoyos extranjeros que nos permitan seguir filmando.
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