
No existe método de tortura que no sea perverso, sin embargo la última dictadura militar en Argentina llevó algunas prácticas más allá del límite de lo imaginable, en combinación con un plan de exterminio que incluyó uno de los episodios más infames de la historia reciente. Los llamados “vuelos de la muerte” con los que lanzaron personas golpeadas y adormecidas al Río de la Plata, han impresionado al mundo por su despiadado refinamiento de la crueldad. Al fotógrafo italiano Giancarlo Ceraudo, que vino hace dos décadas para retratar la memoria activa de esa etapa oscura, también le provocó de inmediato una pregunta elemental: “¿dónde están esos aviones?”.
De esa inquietud nació una larga investigación que llevó a cabo junto a la periodista y exdetenida Miriam Lewin para dar con el paradero de las aeronaves. “Para mí era una posibilidad de llegar hasta los culpables, sin embargo a muchos les sorprendía que hiciera esa pregunta”, le dice Ceraudo a Infobae Cultura. “Tal vez tiene que ver con mi origen, yo nací en Roma y allá tenemos una relación muy fuerte con los objetos. De niño iba al Coliseo y de algún modo me acostumbré a ver cada pieza como un testimonio de la historia, a darles un alma. Es el trabajo que hacen los arqueólogos finalmente, que a través de investigar los objetos llegan a reconstruir una historia”, razona este fotógrafo que durante casi veinte años ha documentado temas sociales, culturales, de salud y derechos humanos en América Latina.

Ciertos descuidos de un régimen celoso en borrar los rastros de sus crímenes les permitió a Lewin y a Ceraudo llegar a buen puerto. Primero, la aparición de cinco cuerpos arrojados por una sudestada a las playas de Santa Teresita en diciembre de 1977: los de la monja francesa Léonnie Duquet, las Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco y la militante de Derechos Humanos Ángela Auad, identificados posteriormente por el Equipo de Antropología Forense. Luego, el hallazgo de los technical logs del Skyvan PA-51 que el fotógrafo y la periodista ubicaron en Fort Lauderdale, unas planillas de mantenimiento con anotación de los tripulantes y los horarios de los vuelos.
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Esos registros presentados a la Justicia argentina representaron una invaluable prueba de acusación que llevó en 2011 a solicitar la detención de los pilotos Enrique José De Saint Georges, Mario Daniel Arrú y Alejandro Domingo D’Agostino, quienes figuraban al mando del Skyvan PA-51 la noche del 14 de diciembre de 1977. Al comparar los informes médico-legales de los cuerpos y en base a los datos de los planes de vuelo, los fiscales concluyeron que las víctimas habían sido arrojadas desde la aeronave encontrada en Florida. El 29 de noviembre de 2017, Arrú y D’Agostino fueron condenados a cadena perpetua en el marco de la Megacausa ESMA. En los próximos días, el Skyvan PA-51 será repatriado al país.

Los frutos de ese trabajo de investigación son el núcleo de Destino final, una exhibición que inaugura este sábado en el 5° piso del Centro Cultural Kirchner, compuesta por más de 90 fotografías combinadas con recursos gráficos, gigantografías, videos y audios de testigos. Se trata de la primera vez que Giancarlo Ceraudo muestra su serie homónima de fotos –plasmada previamente en libro–, que reúne retratos de sobrevivientes y familiares de las víctimas del terrorismo de estado, imágenes de marchas por la memoria, verdad y justicia, de centros clandestinos de detención y del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Acompañan además los textos del juez Baltasar Garzón, Taty Almeida, Horacio Verbitsky, Enrique Piñeyro, Carlos “Maco” Somigliana, Alejandro Covello y el relato de Miriam Lewin, extraídos del libro Destino final, publicado en el 2017.
“Yo digo siempre que la muestra es un relato del relato, tiene una vida propia porque es una forma de entender las cosas y de comunicarla. La fotografía recorta un espacio mental que permite a quien la ve armar su propio relato, a través de sus recuerdos, su imaginación y su conocimiento”, le dice a Infobae Cultura el fotógrafo, cuya toma del interior del Skyvan PA-51 sirvió como disparador de Una imagen para decirlo, compilación de la poeta Mónica Rosenblum que le dio voz a los aciagos vuelos con sesenta y tres textos de artistas argentinos. “La memoria forma parte de nuestra posibilidad de construir un futuro y entender el presente. A lo largo del tiempo, se va recordando de distintas formas y van surgiendo diferentes relaciones con la memoria, pero no se puede cortar con una parte tan importante del pasado”, reflexiona Ceraudo.

¿Cómo puede aportar la fotografía a la búsqueda de la verdad cuando faltan documentos y huellas de ese pasado? “Es un trabajo muy complicado para un fotógrafo, porque estamos acostumbrados a retratar la contemporaneidad, que es más dinámica, a sacar muchas fotos de lo que pasa en un solo día. Cuando se trabaja con muros y objetos hay que generar y construir una empatía que conmueva, articular el pensamiento hacia esa forma de retratar las cosas”, considera Ceraudo, quien resume su propia experiencia: “Por momentos fue un poco frustrante porque me ha llevado casi el mismo tiempo que una pintura, tal vez en un año hacía apenas cinco fotos para sumar al trabajo. Uno accede a los lugares del horror cargado de los relatos y del conocimiento histórico, pero a la vez debía concentrarme en la capacidad estética para darle contundencia a la imagen”.
*La muestra Destino final con curaduría de Arianna Rinaldo y coordinación de Flor Guzzetti, puede visitarse el día de su inauguración, sábado 20 de mayo, desde las 17:30 h, y a partir del 21 de mayo, de miércoles a domingos, de 14 a 20 h, en el CCK (Sarmiento 151, CABA). No se requiere reserva previa de entradas.
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