
Una carta de amor al rock and roll de los años 70, en el estilo de Almost Famous -Casi Famosos- de Cameron Crowe, la serie Daisy Jones & The Six, basada en la novela homónima de Taylor Jenkins Reid -publicada en 2019 y traducida en su edición en español como Todos quieren a Daisy Jones-, aborda la historia de una banda ficcional tan verosímil que no podría haber sido otra más que los Fleetwood Mac. Y es que pocas bandas encarnaron tan bien el exceso tan megalómano cómo telenovelesco del rock de los 70 como ellos, cuando tras innumerables cambios de formaciones y mutaciones estilísticas, se convirtieron en la banda más grande de Estados Unidos, y, por aquel entonces, por extensión, del planeta. Fleetwood Mac fue la banda de sonido de las FM del mundo. A diferencia de la película de Crowe, Daisy Jones toca, aunque sea por arriba, temas como el machismo de la industria y las estrellas, sin por eso dejar de retratar la época con un halo de encanto e inocencia que sólo puede dar el paso del tiempo.
La serie, al igual que el libro, se presenta en el formato de entrevistas con los miembros de la banda y otras personas en sus vidas, y mediante flashbacks narra el ascenso y la caída de la banda a través de las cada vez más complicadas relaciones entre sus integrantes. La historia comienza con Daisy Jones, una adolescente con un pasado complicado que se siente atraída por la escena del rock and roll de los 60 tras ver en vivo a los Byrds en un club angelino. Entonces se compra una guitarra y comienza a escribir su propia música, finalmente, un productor la cruza con The Six, una banda relativamente exitosa liderada por el carismático Billy Dunne, quien a su vez tiene graves problemas con las adicciones. A pesar de las tensiones iniciales entre los dos, se invita a Daisy a colaborar con The Six en su próximo álbum, que se convierte en un gran éxito e impulsa tanto a Daisy como a la banda al estrellato. Lo narrado en Daisy Jones and the Six bien podría ser Rumours llevado al papel, primero, y a la pantalla chica, después. Pocos discos narraron tan bien la destrucción completa de dos matrimonios, la fama y los excesos a toda velocidad de un grupo de personas en la cima del mundo.

Los miembros de la banda, en la ficción, nacidos -casi- todos en una poco glamorosa ciudad de Pittsburgh, al poco tiempo de armar el grupo deciden viajar y apostarse en la soleada California, más precisamente, en el ya mítico barrio de Laurel Canyon de la ciudad de Los Ángeles. Es la primera mitad de los 70, y allí viven, entre ya consagrados y, por entonces, aspirantes a leyendas: Joni Mitchell, Glenn Frey, Don Henley, Bernie Leadon, y Randy Meisner de los Eagles, David Crosby, Stephen Stills, Graham Nash, Neil Young, Roger McGuinn, Gene Clark, Chris Hillman, y Michael Clarke de los Byrds, John Phillips, Michelle Phillips, Denny Doherty, y Mama Cass Elliot de Mamas and the Papas, Carole King, Jackson Browne, y la lista sigue. En The Sound of Laurel Canyon, maravilloso documental que bien puede servir para acompañar el visionado de la serie y darle algo de contexto histórico real a lo que nos muestran en la ficción, el hijo de Bob Dylan, Jakob, entrevista a muchos de los músicos que por aquel entonces pululaban en el cañón, al igual que a otros sumamente influidos posteriormente por su épica, como Tom Petty o Beck. Por allí predominaba la dinámica colaborativa, heredada de la era hippie pero a su vez sumamente ambiciosa.
En 1974, Mick Fleetwood, por entonces el único miembro original de Fleetwood Mac junto a John McVie, que había sumado a la banda en el 71 a su esposa, Christine McVie, decidieron alquilar una casa en Laurel Canyon y mudar al trio a Los Ángeles. Ese mismo año, su productor Keith Olsen les puso un disco de la dupla Lindsey Buckingham - Stevie Nicks, Fleetwood quedó inmediatamente “maravillado”, los invitó a almorzar para después ir a un ensayo, y el resto es historia. El sonido de la banda se transformaría radicalmente para dejar atrás al monstruo blues rock de finales de los 60 y convertirse en una aplanadora de soft-rock radiable en línea con lo que se estilaba por entonces en el Laurel Canyon de Crosby, Stills and Nash, por aquel entonces una de las bandas más grandes del planeta pero a punto de separarse.
Fleetwood Mac pudo tomar un lugar vacante, retomando lo mejor de la tradición californiana que los precedía y convertirse en algo mucho mayor que todos sus antecesores, al menos a nivel de ventas. El disco “debut” de esta nueva encarnación se grabó y publicó en el 75, pero el primer éxito real llegaría en febrero del 76 con Rumours, y ya nada sería igual. Para aquel entonces, los miembros de la banda apenas se soportaban, y el consumo de drogas había alcanzado niveles estratosféricos. Hoy Rumours es el vigésimo segundo disco más vendido de toda la historia.

La genealogía y los cambios de pareja dentro de Fleetwood Mac es tan complicada como los cambios de integrantes, aunque aún más relevante, así que la explicaremos lo más sencillo posible. Durante los años de mayor éxito, la alineación de la banda estaba compuesta por cinco miembros principales: Mick Fleetwood, John McVie, Christine McVie, Lindsey Buckingham y Stevie Nicks. Dos de ellos estuvieron casados en algún momento: John McVie, el bajista de la banda, y Christine McVie, la tecladista y vocalista, se casaron en 1968, la pareja se separó en la década de 1970, pero siguieron tocando juntos en la banda; Lindsey Buckingham, el guitarrista y vocalista, y Stevie Nicks, la cantante principal, mantuvieron una relación sentimental durante un tiempo antes de unirse a Fleetwood Mac, aunque su relación terminó antes de que se unieran a la banda, continuaron tocando y componiendo juntos.
Mick Fleetwood tuvo una breve pero intensa relación con Stevie Nicks previo a Rumours. John McVie se casó con la hermana de Pattie Boyd -ex esposa de George Harrison y Eric Clapton- Jenny Boyd, quien también tuvo una breve relación con Mick Fleetwood antes de casarse con McVie. Todo esto contribuyó a las tensiones, al drama, y, por supuesto, al éxito y a las canciones.

Daisy Jones, todavía una aspirante a estrella que contra un mundo y una industria machista, en un momento le cuenta a su interlocutor -un productor que le roba sus ideas para usarlas-, que como la cocaína que aspiraba cuando se despertaba la hacía “subir” demasiado, entonces desayunaba con unas copas de champagne para “bajar”. Básicamente esa era la existencia de los Fleetwood Mac durante el período de mayor fama. Eso, sumado a la aún mayor toxicidad personal entre sus miembros, hicieron imposible su continuidad. Tanto en la serie como en la novela, el disco de la banda, Aurora, es una especie de Santo Grial del soft-rock, un juego similar al que hace Nick Hornby con Juliet, desnuda en su novela de 2009, adaptada al cine en 2018, un disco mítico que te dan ganas de escucharlo realmente.
Como pieza para acompañar la serie, se grabó una versión “real” de Aurora, que lleva a la fama a Daisy Jones and the Six previo a la separación. Producido por el californiano Blake Mills -colaborador de gente como Julian Casablancas, Lana del Rey y Norah Jones entre otros- y con colaboraciones de Marcus Mumford o Jackson Browne, se trata de un álbum simpático en la tradición del sonido-Laurel Canyon, ideal para varias escuchas de los fans del estilo.

Rumours también es un disco clásico de esa especie de subgénero que consiste en las obras “de divorcio” junto a Blood on the Tracks de Bob Dylan, Here, My Dear de Marvin Gaye, Tunnel of Love de Bruce Springsteen y Honestidad brutal de Andrés Calamaro. O Pacific Ocean Blue del Beach Boy Dennis Wilson, que fue novio un tiempo de Christine McVie, y obvio, la cosa terminó mal. Pacific Ocean Blue y Rumours podrían describirse como un “estado mental California” (mucho antes que Lana Del Rey). Daisy Jones and The Six nunca deja de perseguir esa vibra, y durante muchos momentos, la captura bastante bien.
Probablemente tanto el libro como la serie se queden cortos a la hora de escenificar el derroche, excesos y conflictos reales de Fleetwood Mac. Suele decirse que las situaciones límite generan música a la altura, y las pruebas están para cualquiera que quiera escucharlas en la trilogía de los 70 formada por el disco homónimo (1975), Rumours (1977) y el tan extraño como genial Tusk (1979). Esas grabaciones encapsulan un tiempo particular de los Estados Unidos, aletargado en el período pre-Reagan. Al mismo tiempo, son lo más cercano a verdaderos santos griales del soft-rock californiano (CSN, Carole King o Joni Mitchell). Creados por seres humanos cuya vida real era lo opuesto a lo “soft”. Pocos como Fleetwood Mac supieron llevar tan bien al vinilo esa sensación de champagne, cocaína y corazones rotos, que cuenta Daisy Jones en uno de los primeros capítulos de la serie.
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