
En la ciudad de Brest, hace cien años, nació Alain Robbe-Grillet. Sus padres eran Gaston Robbe-Grillet e Yvonne Canu. Tenían una modesta empresa de cartones. Pero a los pocos años de vida se mudaron a París. Allí nuestro autor estudió en el liceo Saint-Louis y se graduó en Agronomía. Durante la Ocupación terminó la carrera y fue obligado a partir hacia un campo de trabajo en Alemania. Al terminar la guerra, pudo viajar por Marruecos, Guinea, La Martinica o Guadalupe.
Era ingeniero agrónomo, esa era su profesión. Algo pasó que decidió pegar un volantazo. Encontró en la literatura una forma de narrarse a sí mismo, de narrar el mundo y de intervenir en la realidad. Se dio a conocer en 1952 con Las gomas, que obtuvo el Prix Fénélon. Es la historia de un detective Wallas que se debate con distintas versiones e interpretaciones de un crimen y termina, en ese juego sutil, equívoco y cruel, buscándole un sentido a las cosas.
Con la segunda, El mirón, que obtuvo el Premio de la Crítica de 1955, se hizo un lugar en la escena literaria. Jérôme Lindon, director del sello Les Éditions de Minuit, no sólo se volvió su íntimo amigo, también su asesor literario durante treinta años. Es que Robbe-Grillet estaba proponiendo una nueva forma de escribir aquel viejo y siempre moderno, popular y a la vez clásico género: la novela. Cuando publicó Por una nueva novela en 1963 sus ideas quedaron materializadas.

Ese libro, una recopilación de sus artículos editados en su mayoría en el semanal L’Express, lo que le convirtió en el teórico de ese movimiento literario. El nombre se formalizó como Nouveau Roman, término creado por un crítico de Le Monde. Formaban parte del grupo Alain Robbe-Grillet, Samuel Beckett, Margarita Duras, Nathalie Sarraute, Claudio Simón, Michel Butor, Roberto Pinget, Juan Ricardou, Claudio Ollier, Jean-Marie Gustave Le Clézio y Philippe Sollers.
Pero, ¿qué proponía este movimiento? Sin manifiesto ni liderazgo ni revista de referencia, el Nouveau Roman nació a principios de la década del cincuenta y se caracterizó por renovar las convenciones románticas heredadas del realismo de autores como Balzac y Stendhal, y el naturalismo de Zola o Maupassant, pero también oponiéndose a la corriente existencialista de Sartre y de la “literatura comprometida”.

Cactus fue la editorial argentina que publicó Por una nueva novela. En su contratapa se lee que este movimiento buscaba “la experimentación de nuevas formas de escritura”, dado que “para el escritor ya no se trataba de ser fiel, veraz, en relación a un mundo más allá, o de ser su expresión”, sino “crear el mundo, inventarlo. Develar las formas implícitas de una materia, en este caso la escritura, como el tallador que sigue las vetas de la madera”.
Una de las particularidades que suele señalarse del Nouveau Roman es el grado de objetividad que mantiene el narrador. Los personajes suelen ser, incluso, espectadores del movimiento del mundo. Efectivamente, de lo que se trata es de narrar el mundo desde una minuciosidad tal que se vuelva una forma de inventarlo. La escritura de Alain Robe-Grillet se caracteriza por sus descripciones metódicas, geométricas y a menudo repetitivas develando así la personalidad de los personajes.
En una entrevista inédita en su visita a la Argentina en 1997 dijo: “Los objetos nos son radicalmente extraños. Vivimos en un mundo que no comprendemos. Mi obra no quiere tratar de arreglarnos con ellos, de camuflar la incomprensión, de simular armonía. Hay angustia, y yo no debo ocultarla”.

En la década del sesenta, Alain Robbe-Grillet se acercó al cine: empezando escribiendo guiones —El año pasado en Marienbad, dirigida por Alain Resnais en 1961, por ejemplo—, hasta que filmó sus propias películas. Su filmografía consta de diez films, entre ellos La inmortal, Jugar con fuego y La bella cautiva. Nunca dejó de escribir. Sus ideas políticas no se metían en sus novelas, pero sí firmó a favor de la independencia de Argelia. Escribió una obra biográfica: El espejo que vuelve.
En su trayectoria también aparece la docencia: de 1972 a 1997 fue profesor en Estados Unidos, en la Universidad de Nueva York y en la Washington University de Saint-Louis. También dirigió el Centro de Sociología de la Literatura en la Universidad de Bruselas entre 1980 y 1988. En 2004 fue elegido miembro de la Academia Francesa de la Lengua. Murió el 18 de febrero de 2008, del corazón. Tenía 85 años. Dejó libros, películas y una concepción del arte que sigue dando tela para cortar.
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