Emma Thompson es una de las poquísimas actrices que en plena madurez mantiene su vigencia y es convocada para todo tipo de papeles, tanto para gigantescas producciones hollywoodenses como para producciones más pequeñas, como el estreno, el próximo jueves, de Buena suerte, Leo Grande, que transcurre, casi en su totalidad, en la habitación de un hotel con Thompson interpretando a una jubilada que le paga a un taxi boy para tener sexo.
La película de la australiana Sophie Hyde está construida alrededor de Emma Thompson, que compone a Nancy Stokes, una maestra de religión retirada, viuda y con un pasado monótono, que incluyó a un esposo bueno, tan atento como aburrido y conservador, el único hombre con el que se relacionó sexualmente en toda su vida.
Sin demasiadas obligaciones, con dos hijos adultos, por primera vez, Nancy dispone de tiempo para reflexionar sobre su vida, en donde la insatisfacción sexual es uno de los temas para nada menor dentro de sus frustraciones.

Y el presente le ofrece la oportunidad de contratar a un trabajador sexual de manera anónima a través de internet, una decisión osada que Nancy llevará adelante a pesar de los temores y todo tipo de inseguridades.
En este tipo de películas, en donde casi todo el peso del relato se sostiene sobre él o la protagonista, se suele hablar de tour de force, en el sentido de que además de talento, la interpretación requiere un particular esfuerzo, en tanto la historia descansa sobre los hombros del actor o la actriz.
Y en Buena suerte, Leo Grande, la actriz es nada menos que la británica Emma Thompson, que con gloriosos 63 años se anima.

Se anima con una historia chiquita pero que la compromete a estar en pantalla durante casi toda la hora y media del relato, se anima con un partenaire mucho menor (Daryl McCormack) con el que establece una intimidad absolutamente verosímil, se anima a seducir –en la ficción que interpreta, y desde la pantalla, a los potenciales espectadores–, y claro, se anima al desnudo total y a dos o tres calientes escenas de sexo, un arrojo ausente casi por completo para la representación de mujeres maduras en el cine y menos para estrellas con algunas décadas encima.
De lo que se trata entonces es de mostrar a Emma Thompson haciendo lo suyo con solvencia en una película que tiene mucho de teatral –no es descabellado imaginar variaciones de la puesta sobre los escenarios de todo el mundo, incluyendo Argentina, por supuesto–, acompañada por un actor correcto como el irlandés Daryl McCormack, conocido por su trabajo como integrante del clan de la serie Peaky Blinders.
Con momentos confesionales, revelaciones sobre las historias de cada uno de los personajes, diálogos más o menos ingeniosos y una puesta amable y sin sobresaltos, lo que se espera de Thompson se cumple con creces, muy por encima de la previsibilidad de la historia.

La actriz británica no tiene nada que demostrar luego de una carrera extraordinaria, definiendo personajes tan disímiles como Beatriz en Mucho ruido y pocas nueces (1993, Kenneth Branagh); la joven reflexiva creada por Jane Austen frente al “desenfreno” de su hermana en Sensatez y sentimiento (1995, Ang Lee); y la esposa rota de dolor por una infidelidad en Realmente amor (2003, Richard Curtis).
Y también, la legendaria Nanny McPhee en La niñera mágica (2005, Kirk Jones); la escritora conflictuada de Más extraño que la ficción (2006, Marc Forster); o una insospechada alcohólica en The Meyerowitz Stories (2017, Noah Baumbach), entre otros muchos títulos.
Lo cierto es que en el relato –en donde a favor hay que señalar que no se trata de una historia de amor–, lo imaginable del trabajo de Emma Thompson queda rápidamente atrás.
Y más allá de la cuestión sexual y los comentados desnudos de Thompson que la película viene arrastrando desde su presentación en el Festival de Sundance y su paso por Berlín, aún con su desarrollo sin sobresaltos y carente de sorpresas, Buena suerte, Leo Grande merece verse por el abrumador abanico de aptitudes y grados de sensibilidad artística que despliega la extraordinaria actriz inglesa.
Fuente: Télam S. E.
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