“Scritto e diretto da Pier Paolo Pasolini”. Con esa inscripción terminan de asomarse los títulos que dan comienzo (como tantas veces antes y tantas veces después) a una película del gran Pier Paolo, Mamma Roma, filmada en 1962 y elevada a la categoría de clásico del cine y que causaría conmoción en sus tiempos. Un estreno ocurrido hace sesenta años ya. El film comienza con las imágenes de la celebración de una boda en la Italia campesina (una mesa larga en forma de herradura, en el centro los novios –sentada ella con el velo de la ceremonia aún puesto–, familia y amigos en sus mejores trajes, dos mozos de punta en blanco) a la que llega una mujer guiando a tres cerditos vestidos con sombreros y otros ropajes humanos. Es Mamma Roma, interpretada por Anna Magnani en un papel gigantesco.
El comienzo de la película la muestra así, desplegando un furor interior que se manifiesta en comentarios agresivos hacia los novios, en burlas al himno italiano y en una risa única que se amplifica en su propio eco. Ese carácter expansivo es el tono con el que desenvuelve sus relaciones amistosas en la noche –ella es una prostituta que se mueve en los márgenes– y en sus otros ámbitos, salvo en el escenario que crea con su hijo Ettore (Ettore Gandolfo), con quien se muda a Roma con la ilusión de brindarle mayores oportunidades que las que ella tuvo y abandonar aquel modo de ganarse la vida.

Se debe celebrar que desde hace unos días, y en ocasión de los cien años del nacimiento de Pasolini, se puede ver en varias salas porteñas y de otras ciudades del país una copia remasterizada ¡y en pantalla grande! de esta obra neorrealista que constituyó la segunda película del director asesinado en 1975, que un año antes había debutado en la cinematografía con la celebrada Accattone. Mamma Roma se estrenó en el festival de Venecia, fue nominada al León de Oro, premiada al mejor film italiano y Magnani como mejor actriz del nuevo cine. Pero también fue denunciada como una obra “obscena e inmoral” y grupos fascistas protestaban en las puertas de los cines en los que se proyectaba. En una oportunidad, ante el ataque de los nuevos camisas pardas, Pasolini defendió a las piñas su película y el derecho a verla, y terminó preso en una comisaría. Mientras tanto, la actuación de una Anna Magnani madura adquiría los ribetes del mito.
El retrato de los suburbios de Roma en la posguerra –atravesada por la pobreza y ese ingenio un tanto delictivo de una juventud lumpen proletaria que asistía a la reconstrucción italiana sin lograr ocupar un lugar entre los privilegiados del Plan Marshall– está nutrido de los típicos personajes pasolinianos, acariciados por la cámara que se detiene en unos gestos naturalistas y actuaciones no profesionales (el propio Ettore era uno de esos ragazzi da vita descubierto por Pasolini en una trattoria) contrastan con la audacia actoral impuesta por una Magnani que presume en cada centímetro de su piel y en cada tono de su voz la apropiación total del personaje de Mamma Roma –que también se gana el pan con una picardía bajofondera.

La segunda película de Pasolini es la más marcadamente neorrealista, sin embargo, el amor de la cámara por los rostros populares que caracteriza a esta cinta será hasta el fin una virtud del cineasta. La copia remasterizada permite admirar un blanco y negro de una definición excelsa, que probablemente no haya sido vista por generaciones de esta manera.
La tragedia de Mamma Roma se desata cuando su pasado retorna y si la imagen de la boda del comienzo podría asemejarse a una representación de la última cena de Jesús, las escenas del final muestran a ese Jesús, en la piel de Ettore, en la cruz.
* “Mamma Roma” se exhibe en Cinépolis Recoleta, Cinemark Palermo, Cine Lorca y Cabildo Multiplex (Buenos Aires); Cines del Centro (Rosario) y Cine América (Santa Fe).
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