
Durante la edición de la Bienal de Venecia del ‘68, Nicolas García Uriburu tiñó el Gran Canal de color verde fosforescente para alertar sobre la contaminación en los mares, acción que lo convirtió en uno pioneros del arte ambiental.
Aquella intervención efímera, realizada con polvos inocuos, dio la vuelta al mundo y se convirtió en un hito del Land Art -espacios naturales transformados por la acción del artista- y se enmarcó en las tempranas manifestaciones de la performance y del conceptualismo. Hubo luego, otros artistas que buscaron conseguir con el impacto elevar un mensaje ecológico, y lo paradójico es que algunos, como la Spiral Jetty, de Robert Smithson, realizada dos años despúes en el desierto de Utah, produjeron efectos irreparables en el ecosistema. Mucho pasó en el medio y ya en este siglo surgió el Arte Ecológico (Ecological art), que busca no solo una concienciación medioambiental, sino ayudar a preservar y/o vitalizar las formas de vida, los ecosistemas, etcétera.
Y por supuesto, también en el medio de aquel grito de García Uriburu hasta la actualidad, el cambio climático dejó de ser una amenaza ecologista para convertirse en una realidad científica.

Con la Bienal como marco y dentro de estos dos expresiones, dos artistas argentinos presentan trabajos que buscan concientizar sobre los efectos del cambio; por un lado Aaron Nachtailer y su preocupación por los bosques patagónicos a través de una instalación móvil y, por el otro, Elisa Insua, que “hackea” un código QR que, además, sirve como medio para recaudar fondos.
Así, retomando el concepto del legado de García Uriburu, Nachtailer (Neuquén, 1986) presenta Galla, una escultura que navega el Gran Canal, con la que “busca contribuir a crear una conciencia de protección de la biodiversidad y de los bosques”.
Por otro lado, explica a Infobae Cultura, le interesa “confrontar la naturaleza con la arquitectura de la ciudad”: “El bosque, frente a los imponentes Palacios, parece frágil y representa el estado de vulnerabilidad de todos los bosques del mundo. Al mismo tiempo, el bosque es la metáfora de la propia Venecia, frágil, de futuro incierto, cara a cara al cambio climático y a la subida del agua”.
En 2017 Nachtailer presentó Encontrémonos, una escultura de sitio específico en la que un bosque se presentaba dentro de un antiguo armario en una exhibición en el Palazzo Marcello, y para esta nueva propuesta, que surgió a raíz de los incendios forestales en la Argentina, introduce esta plataforma flotante de 20 m2 en la que conviven “alrededor de 30 árboles y plantas de diversas dimensiones, de pequeñas a ejemplares da 7 metros de Quercus, también conocido como Roble” y que tras la exposición “serán plantados en un parque nacional”.
Si bien el artista le “hubiera gustado recrear un gran bosque patagónico, por cuestiones lógicas de clima y transporte” se trabajó con " especies de la Europa continental que funcionaran en las condiciones climáticas de la laguna’'.
El proyecto, que es patrocinado por Maison Random, una institución non-profit para el arte contemporáneo fundada en Francia, tendrá su versión en realidad aumentada a presentarse el 27 de abril en el metaverso, en el Decentraland Museum District, y culminará con una start-up, para comprender la posibilidades de implicación de los bosques flotantes.

Para Nachtailer, el arte ambiental “crece cada día más”, ya que resulta “imperativo del presente”. “Hay artistas coherentes que trabajan de forma sostenible en todas las fases de realización, y todavía hay quienes hablan con el plástico. Por mi parte, no busco una perfección sintética sino la imperfección única de la materia”, comenta.
Por su parte, Elisa Insua (Buenos Aires, 1990) presenta ADN del Futuro II, una pieza que “consiste en la representación de un gran código QR realizado a partir de objetos de descarte de todo tipo” en el Palazzo Mora (Strada Nova 3659) hasta noviembre. En mayo, la obra será subastada y los fondos serán destinados a la Fundación Rewilding Argentina.
“Mi idea con este trabajo es hackear este símbolo - que suele ser comercial, instantáneo, anónimo, cuantitativo e inmaterial - y transformarlo en todo lo opuesto. Al ver la obra, el espectador puede escanear el código con su celular y es llevado a una página que cuenta acerca de un proyecto de conservación ambiental llamado Patagonia Azul (liderado por Fundación Rewilding Argentina) y que invita al público a apoyar la causa a través de una plataforma de donación. De esta manera, este QR convierte lo instantáneo en largoplacista, lo comercial en altruista, lo cuantitativo en lo inconmensurable y lo digital en lo físico”, explica la artista a Infobae Cultura.

“Por otro lado, la obra busca también invertir la lógica clásica de una exposición de arte, que puede ser endogámica, cerrada y por momentos elitista, intentando trascender las paredes de la exposición para tener un impacto positivo en el mundo físico. Así, la obra intenta fomentar la transición de una economía extractiva a una regenerativa, demostrando que este cambio no es solamente urgente y necesario, sino también - con la colaboración de cada uno de nosotros - posible”.
La Fundación Rewilding Argentina es “una organización que en los últimos 20 años ha ayudado a crear y expandir 9 parques nacionales y provinciales y que está llevando adelante proyectos de ‘rewilding’ con 24 especies claves de Argentina para recuperar la funcionalidad de los ecosistemas naturales y desarrollar cuatro destinos de turismo de naturaleza que benefician a unas 15 comunidades vecinas a los Parques”, dice.
Para la artista, “dada la urgencia y la omnipresencia de la crisis climática y ecológica”, la temática atraviesa cada vez más creadores, que tienen como desafío “no caer en algo obvio, alarmista o pesimista sino lograr”, sino lograr “a través de un acto poético, un cambio en el comportamiento de quien ve la obra” y que en esa dirección la obra “intenta, en algún punto, empoderarnos y recordarnos que el futuro está en nuestras manos”.

Sin dudas, los ojos del mundo artístico se encuentran en Venecia, por lo que resulta natural que en consonancia con la Bienal se desarrollen actividades en paralelo. Pero más allá de lo evidente, para los artistas hay otras razones que convierten a la ciudad de los canales en un espacio ideal para mostrar su trabajo.
“Venecia se presenta como la “Capital mundial de la sostenibilidad” y como lugar único en el mundo me parecía la ciudad adecuada para presentar una obra de impacto ´verde-cultural’”, dijo Nachtailer, mientras que Insua, agregó: “Venecia es una ciudad que está íntimamente relacionada al mar, y de hecho está en peligro de quedar bajo agua como consecuencia del calentamiento global. Uno de los grandes problemas de los océanos es la polución del plástico, evidenciada en la materialidad con que está hecha la obra. Por esta razón, me pareció lógico que los fondos recaudados fueran destinados a Patagonia Azul, que es uno de los proyectos más recientes de Rewilding, ubicado en la costa atlántica de Chubut, en un paisaje bellísimo donde se une la estepa con el mar, en un área que alberga más de 60 islas y bahías protegidas que sirven como sitio de alimentación, reproducción y nidificación para muchas especies de aves y mamíferos marinos”.
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