
Osvaldo Soriano está en la Chacarita. Pero sólo su cuerpo, sus restos; lo demás, lo importante, que es su literatura, libros y libros entrañables, están en todos lados: librerías, bibliotecas, ereaders, computadoras, celulares, hojas fotocopiadas en escuelas y universidades, adentro de la mochila de un chico que viaja todos los días en el tren durante una hora hacia el trabajo y saca una novela de Soriano para jugar a ser feliz leyendo.
Murió un día como hoy, hace 25 años: 29 de enero de 1997. Cáncer de pulmón. Tenía 54 años, podía seguir escribiendo y escribiendo, había mucho hilo en el carretel. Pero las enfermedades son injustas y se fue de repente. Fue cuestión de meses. Del otro lado de la línea histórica de su vida, en su nacimiento, ocurrió algo similar: nació en cuestión de meses. También en verano. Verano en Mar del Plata: 6 de enero de 1943.
Cómo empezó todo
Su padre, catalán, era inspector de Obras Sanitarias, el servicio de agua potable, por lo que su infancia fue errante: vivió en varios pueblos de provincia de acuerdo al destino laboral que le tocaba a su papá. Además de Mar del Plata, vivió en San Luis, Río Cuarto, Cipolletti. A los 19 se instaló en Tandil. Ahí publicó su primera nota. Fue en la revista Primera Plana y eso lo terminó expulsando de la ciudad, cuenta el historiador Marcelo Larraquy.
El artículo se publicó el 15 de abril de 1969 y fue la primera vez que apareció su nombre en un medio nacional. Tenía 26 años y lo mandaron a cubrir las procesiones de Semana Santa. “Soriano exponía al padre Luis J. Actis, de 65 años, con 40 años de sacerdocio, como el paradigma del aplastamiento cultural y religioso de la ciudad, y al Calvario del Viernes Santo, como su propia creación, su propio espectáculo, que se tomaba tres meses para organizar”, cuenta Larraquy.

El joven periodista criticó el “quiosco de santería del Calvario” y la venta de cruces de madera y velas, además de destacar la rebelión interna de los curas jóvenes al Vía Crucis. “Una semana antes del acontecimiento, el padre Eduardo Pérez Guridi, 34, deploró desde el altar de la Capilla del Sagrado Corazón el engendro de Actis y sus acólitos. No faltó quien lo tildara de comunista”, escribió Soriano y agregó que la banda militar “asesinó la Marcha Fúnebre de Chopin”.
El éxito, el exilio, el amor
Ese mismo año se mudó a Buenos Aires. Cuando Primera Plana fue censurada, empezó a escribir para otros medios: Semana Gráfica, Panorama, La Opinión. Ya lo era, pero acentuó su estirpe de bicho de redacción. Hasta que llegaron los libros. Su debut literario fue con Triste, solitario y final, novela publicada por la Editorial Bruguera en 1973. Para muchos es su mejor obra. Fue una relevación, un éxito. Lo celebró tanto el público como la crítica. Su carrera recién empezaba.
Corría 1975 y se metía en el mundo del cine. Junto a Aída Bortnik, escribió el guion de la película Una mujer. En su currículum se amontonaban los medios: La Opinión, Noticias, El Cronista Comercial. Pero las cosas cambiarían de repente y, tras el golpe militar, se exilió en México primero, luego Bélgica y más tarde en Francia. Su vuelta a la Argentina fue en 1984. No volvió solo. Lo acompañaba Catherine Brucher, una enfermera de Estrasburgo que conoció en Bruselas: su esposa.
¿Qué pasó en el medio, en ese exilio, en esa ausencia que no fue tal? Escribió mucho. En 1978 publicó la novela No habrá más penas ni olvido, cuyo título proviene de un famoso tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera que dice “Mi Buenos Aires querido / cuando yo te vuelva a ver / no habrá más penas ni olvido”. Cinco años después, el director Héctor Olivera la llevó al cine. El tiempo convirtió el libro en un clásico.

Publicó también Cuarteles de invierno en 1980 que, debido al lugar donde transcurre la historia, suele ser considerada una continuación de No habrá más penas ni olvido. Llegó al cine en 1983 con la dirección de Lautaro Murúa. Además, escribió Artistas, locos y criminales, un libro de crónicas, “un perfecto retrato climático de aquella Argentina convulsionada y palpitante de los primeros años 70, que Osvaldo Soriano supo ver y entender como ningún otro escritor de la época”.
Al año de su casamiento, en 1979, fundó junto a Julio Cortázar y Carlos Gabetta, una revista mensual. La titularon Sin censura. El objetivo era reflexionar sobre la situación que atravesaban los países latinoamericanos en plenos regímenes dictatoriales. Durante esa época también escribía para medios como el diario italiano Il Manifesto, el francés Le Monde y el español El País. Se abocó a la ficción, pero jamás abandonó el periodismo.
El arte de la sencillez
Al volver a la Argentina, sus libros son los más vendidos del país. Pero las opiniones están divididas: desde la academia no lo validan. En 1987 se suma a Página/12 y en ese diario permanece hasta su muerte. Y hasta su muerte siguió escribiendo: novelas como A sus plantas rendido un león (1986) y Una sombra ya pronto serás (1990), y relatos como Cuentos de los años felices (1993). En 1989, nació su único hijo, Manuel; por él escribió su cuento infantil El Negro de París.

“El Gordo” Soriano, como le decía todo el mundo, ocupa un lugar central en la cultura escrita argentina. La literatura y el periodismo fueron sus estandartes. Mempo Giardinelli dijo que “sigue vivo en la memoria de miles de argentinos que lo leían con placer, ansiedad y admiración” y que es “un gran escritor e interpretó como nadie cierto espíritu de época. Era brillante en la ironía, el humor, la agudeza para leer la política y además hizo un culto de su pasión deportiva”.
Para Reynaldo Sietecase, “sus historias son inoxidables. Porque están bien escritas. Porque cruzan magistralmente aventura con emoción. Porque es un maestro en el difícil arte de escribir sencillo. Porque tienen humor. Por su humanismo”. Hinde Pomeraniec destacó “su capacidad para los diálogos, su economía discursiva y la aparente sencillez retórica lo convirtieron en un autor amado por lectores que habitualmente se sentían excluidos de los libros ya por falta de acción, sofisticación del lenguaje o temáticas para minorías”.
Y así, de repente, sin que nadie lo imaginara, un gran latifundio de lectores que adoraban su obra, que seguían con emoción la salida de cada nuevo libro suyo, que encontraban en su manera de narrar, en su imaginario, en sus reflexiones, una forma inédita de hacer literatura, se quedaron huérfanos. Osvaldo Soriano murió un día como hoy, hace 25 años: 29 de enero de 1997. Sus restos están en la Chacarita, pero el verdadero Soriano sigue vivo en sus lectores.
SEGUIR LEYENDO:
Últimas Noticias
El esqueleto hallado bajo un altar en Países Bajos podría ser d’Artagnan
Los restos, que fueron trasladados a un instituto arqueológico, podrían pertenecer al personaje real que inspiró “Los tres mosqueteros”. El ADN podría aclarar el popular enigma

Polémica por la Colección Gelman: México asegura que no pertenece a la Fundación Santander
La colección es considerada una de las más importantes del arte moderno mexicano con piezas de Diego Rivera, Frida Kahlo, María Izquierdo y David Alfaro Siqueiros, entre otros

Quién es Mo Yan, el Nobel chino que vendrá a la Feria del Libro de Buenos Aires
Nacido como Guan Moye en 1955 en la provincia de Shandong, el seudónimo que eligió significa “no hables”. Cómo se transformó en una de las voces más potentes de la literatura contemporánea. Qué libros se consiguen en español

La Feria del Libro 2026: cuánto sale la entrada, los Premios Nobel que vienen y el nuevo espacio para 4500 personas
En su edición 50, el gran evento cultural argentino retoma su tradición de acercamiento a los lectores pero también tira la casa por la ventana

El caso Sallustro: la historia detrás del secuestro que marcó a la Argentina de los 70
El periodista y escritor Pablo Sirvén reconstruye en su libro Operación Sallustro los detalles del secuestro y asesinato del directivo de Fiat, un episodio clave para comprender la violencia política de los años 70 y su impacto en la memoria argentina



