La cuestión de las Islas Malvinas es un tópico recurrente en el discurso de la nación, no bien fueran incorporadas al territorio nacional ni bien nacía aquello que luego daría en llamarse “Argentina”, sino que la persistencia como causa nacional frente a la ocupación colonial inglesa permanece exacerbada desde que la última dictadura intentara recuperar esos territorios con resultados desastrosos –no está demás decir, como cada iniciativa de la Junta Militar–.
Sin embargo, pocas veces el cine documental se ocupó de sustituir el relato del combate militar, la indefensión de los conscriptos, el whisky de Galtieri, el criminal hundimiento del ARA Belgrano o el whisky de Galtieri por las historias que circundaron a personas, esos yo y sus circunstancias, que fueron testigos participantes, a su manera, de los acontecimientos que se iniciarían el 2 de abril de 1982. Ese es el camino que elige tomar Falklinas, el film de Santiago García Isler, que se puede ver en el cine Gaumont hasta el 29 de diciembre y en la plataforma Cine.Ar Play.
Una carrera deportiva, una vida destinada a las luces y sombras de una preconfiguración de lo cotidiano, una tarea periodística transformada en un episodio bélico o el salir a tomar fotitos para convertirse en el reportero gráfico más importante del momento son algunos de los materiales con los que que cuenta la narración de García Isler, que la compara, desde un principio, con el del comportamiento de las hormigas, que estudiara Maurice Materlink en su libro clásico La vida de las hormigas.

El documental explica, siguiendo al estudioso, que ante una tragedia en el hormiguero existen tres tipos de hormigas: A, B o C. Las “A” son afectadas directamente por la tragedia, mueren, sobreviven, se encuentran en el centro mismo de la acción. Las “C” están lejos del hormiguero de tal modo que no se enteran de lo sucedido. Las “B” son testigos pero a cierta distancia, lo que permite a la vez que sus destinos se transforman debido a los sucesos del hormiguero. La película explora los casos de lo que se podría señalar como “Personas B” en relación a la Guerra de las Malvinas.
Tomemos, por caso, a Osvaldo Ardiles, ídolo absoluto del club inglés Tottenham, en el que la hinchada lo conocía como “Ossie” y que se perfilaba para ser el mejor jugador de la temporada 1982 de la Liga Inglesa. Pero algo sucedió el 2 de abril de ese año que haría variar todos los acontecimientos. El chauvinismo tomó las plateas y populares de los estadios, cuando no el comportamiento mismo de los jugadores, que era hostil hacia el antiguamente llamado “Ossie”, que de buenas a primeras se convertía en representante de los invasores dictatoriales a las Falklands. Cierto es que también aparecía algún cartel que decía: “Argies: pueden quedarse con las Falklands, nosotros nos quedamos con nuestro Ossie”, pero se trataba de manifestaciones solitarias frente al escenario que era usado políticamente por Margaret Thatcher para sus fines hiper conservadores. Ardiles, cordobés de nacimiento, debió en cierto momento regresar al país.
El film cuenta con el testimonio de Andrew Graham-Yoll, el enorme periodista argentino de ascendencia inglesa que terminaría exiliado por la dictadura debido a cómo informaba sobre las desapariciones producidas por la dictadura en el diario de la comunidad británica The Buenos Aires Herald y que luego regresaría al país para dirigir el periódico, antes de regresar a Londres, ya enfermo, para fallecer horas luego de aterrizar en aquella otra isla.
Falklinas se detiene en la labor que distinguiría por su valentía al Herald, dirigido cuando tomaron el poder Videla, Massera y Viola, por Robert Cox que junto a Graham-Yooll, en medio del silencio de los cementerios, daría a conocer los habeas corpus interpuestos en la justicia para que se conociera el método de desaparición de las personas que se convertiría en la marca sangrienta y terrible de la dictadura. Por esta acción, Graham-Yooll sería exiliado de su propio país, al que regresaría como corresponsal de The Guardian para cubrir el conflicto bélico en los mares del sur, cobertura que Yooll mismo cuenta y grafica (una filmación del diálogo entre el periodista y la esposa de Galtieri muestra el grado de trastorno político estatal que se vivía en la época).

O el pequeño, pero significativo, episodio de una isleña cuyo objetivo era navegar alrededor del mundo mientras transitaba un amorío clandestino con alguien, se sabría después, más clandestino todavía y un final en el mar, no ya en medio de la guerra entre los Estados, sino en el enfrentamiento armado con el propio ser.
Las historias del documental valen la pena de ser conocidas y experimentar así los caminos de la Historia que, cuando suceden a las personas que están cerca de los acontecimientos, pero no en su centro o alejadas de ellos, transforman sus propias vidas, es decir, las convierten en historias.
*Falklinas se puede ver en el cine Gaumont hasta el 29 de diciembre y en la plataforma Cine.Ar Play.
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