
El escritor, exvicepresidente nicaragüense y Premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez, aseguró hoy que “el daño más grande que se le puede hacer a un escritor es prohibir ser leído en su propio país, muchos han tenido que salir forzadamente de su país, huyendo de regímenes represivos”, al presentar su nueva novela Tongolele no sabía bailar a días de que la Fiscalía de Nicaragua emitiera contra él una orden de detención por “conspirar” e “incitar al odio”.
Ramírez explicó que está buscando cómo adaptarse a una nueva situación que significa la “imposibilidad de poder regresar” a su propio país, algo que considera “siempre muy duro” y atribuyó a movimientos políticos por parte de la “dictadura” de Daniel Ortega.
“Creo que el exilio es un hecho muy doloroso para el que lo sufre, pero bueno, la única manera de romper con el exilio sería regresar y exponerme a ir a la prisión con seguridad”, ha afirmado. Para el escritor, los prisioneros, como el líder estudiantil recientemente detenido Lesther Alemán, están en la cárcel de Nicaragua “en las peores condiciones, sometidos a torturas psicológicas”, expresó al presentar su reciente libro editado por Alfaguara, consignó la agencia de noticias DPA.
Ramírez se fue de Nicaragua después de que a inicios de junio fuera entrevistado en calidad de testigo por la Fiscalía sobre sus vínculos con la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, que dirigía la aspirante opositora a la presidencia Cristiana Chamorro.
En ese entonces, el también premio Alfaguara 1998 por Margarita, está linda la mar, explicó que el apoyo financiero a la Fundación Luisa Mercado, nombre de su madre, era para actividades de la plataforma cultural Centroamérica Cuenta, que anualmente reúne a escritores, narradores y poetas del mundo.

Ante la acusación, el escritor se pronunció en sus redes sociales con un video en el que dijo que “las dictaduras carecen de imaginación y repiten sus mentiras, su saña, su odio, y sus caprichos. Son los mismos delirios, el mismo empecinamiento ciego por el poder”.
Ramírez dijo que “por supuesto” que teme por su vida y que todavía no decidió dónde establecerá su nuevo lugar de residencia: “Por el momento estoy en Costa Rica, pero mis opciones siguen abiertas, España, soy ciudadano de este país; México, Estados Unidos, aún no lo sé, no me he puesto a pensar en eso”.
“Esta situación resulta un descalabro en la vida de uno. Uno extraña su casa, sus libros, la costumbre de vivir en un lugar en el que has estado a lo largo de los años”, remarcó el autor, quien, más que un “perseguido político”, se siente un “condenado político” porque le han acusado de “muchísimos delitos” algo que, en sus palabras, “trae consigo la persecución, el exilio”.
El escritor agradeció el respaldo que recibió del Gobierno de España, después de que el ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, José Manuel Albares, haya rechazado las “acusaciones infundadas” de las que es objeto Ramírez en su país, a quien ha ofrecido el apoyo del Ejecutivo y le ha dejado claro que España “es su casa”.
“Estoy muy agradecido con el pronunciamiento oficial del Gobierno de España y el respaldo que he recibido de más de 400 escritores. Me siento muy arropado con la solidaridad y esto, dentro de la situación trágica a la que estoy sometido, es un gran bálsamo”, destacó.

La nueva novela del escritor, Tongolele no sabía bailar, situada en una Nicaragua en pleno siglo XXI en la que se están viviendo revueltas populares reprimidas brutalmente por el gobierno, cuenta la historia del inspector Dolores Morales, quien debe enfrentarse en la distancia con Tongolele, responsable de su exilio en Honduras.
”El personaje es muy contemporáneo, representa distintas etapas de la historia presente de Nicaragua, se enfrenta a un poder que tiene mucho de corrupción”, ha comentado Ramírez, resaltando que, aunque podría haber sacado al inspector Morales de este contexto, “la necesidad de la novela demandaba que este personaje entrara en los acontecimientos reales”.
Mientras escribía esta obra aprovechando “la calma” que le otorgó el confinamiento por la pandemia, Ramírez era consciente de que estaba “tocando temas explosivos”: “No solo la represión, sino la concepción del poder desde el punto de vista mágico, con símbolos de brujería, de magia negra, algo que es propio del ejercicio de poder en Nicaragua hoy en día”.
Con información de Télam y Europa Press
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