
Rufino Tamayo (1899 -1991) es uno de los pintores mexicanos más reconocidos a nivel mundial. Su talento le permitió conjugar el arte prehispánico con las vanguardias internacionales para así generar una nueva tendencia plástica.
Provenía de una familia humilde, de padre zapatero y madre costurera. Su nombre real era Rufino del Carmen Arellanes Tamayo, sin embargo, ante la ausencia de su padre, quien lo abandonó a los 11 años, decidió eliminar el primer apellido de su nombre.
Ingresó a la Academia de Bellas Artes de San Carlos en la Ciudad de México en 1915, pero abandonó los estudios y se hizo autodidacta. Pintó más de 1,300 óleos, entre los que se encuentran los 20 retratos de su esposa Olga, con quien estuvo casado durante 57 años; realizó 465 obras gráficas, como litografías y mixografías, 350 dibujos y 20 murales, así como un vitral.
A diferencia de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, reaizó una obra más libre de mensajes políticos. Su decisión causó rechazo, pues el muralismo fue una corriente artística asociada a la revolución y el cambio social. Los murales que realizó representan escenas del México tradicional.
En la década de los cuarenta se fue a vivir a Nueva York, donde estuvo influenciado por artistas tan prominentes como Picasso, Matisse y Braque. Con tan sólo 27 años consiguió exhibir su obra en el Art Center.
Algunas de sus obras más importantes se encuentran en el Palacio de Bellas Artes, el Museo Nacional de Antropología, en el Dallas Museum of Cine Arts, en la Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico y en la sede de la UNESCO, en París.
Los niños es una obra de 1924, producida aún antes de que tuviera su primera muestra individual dos años después, tras su regreso de un viaje a Nueva York.
Inició su carrera profesional en 1921 en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México donde fue asistente de José de Vasconcelos en el Departamento de Dibujos Etnográficos y dibujó los objetos precolombinos de la colección del museo. Allí quedó fascinado por la cultura de los pueblos originarios, especialmente por la cerámica, y comenzó a incorporar sus elementos en sus primeros lienzos que representaban a hombres y mujeres mexicanos.
Esta obra es de aquella época de trazados sencillos, antes de que comenzara a trabajar influenciado por el surrealismo y el expresionismo, estilos que conoció en EE.UU. La pieza se encuentra en una colección privada.
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