
A Joan Miró (1893-1983), de quien hoy se cumple un nuevo aniversario de nacimiento, se lo suele recordar por sus Constelaciones, obras realizadas entre el 40 y 41, y por los trabajos -anteriores y sobre todo posteriores- que giran en torno a esa estética de líneas y puntos. Pero a lo largo de su vida hizo también otro tipo de pinturas, como La Masía.
Más allá del arte abstracto, durante sus inicios realizó figuración, ifluido por el fauvismo, el cubismo y el expresionismo. Luego se relacionaría con el surrealismo, algo que él negaba.
La Masía es una obra que comenzó en el ’21, cuando su trabajo se centraba aún en la figuración, y es considerada como la pintura más detallista de toda su producción.
La empezó en La Masía en Montroig del Camp, la granja familiar, en febrero y la finaliza 9 meses después. “Comencé La Masía en Montroig, directamente del natural, seguí trabajándola en Barcelona y la terminé en París. La Masía era tal como la he pintado. Todavía existe; pertenecía a mi familia,” dijo.
Miró llegaba de su segunda estadía en París y en la obra establece el sistema de signos y símbolos que formarán parte de su posterior coqueteo con el surrealismo.
En el centro del cuadro se destaca un árbol gigante, el único elemento figurativo dotado de perspectiva, que se trata de una primera iconografía del “árbol de la vida”, al que consideraba mítico y sagrado, que luego aparecería a lo largo de toda su obra, en diversas formas y composiciones.
El árbol conecta la dimensión espiritual del artista, que se refuerza en otras dos imágenes: el sendero que asciende, a la izquierda, con siete huellas humanas que se dirigen hacia la fuente de agua, y la escalera dentro del gallinero, a la derecha, que, según algunas interpretaciones, contendría referencias al Arma Christi, los instrumentos de la Pasión de Cristo.
En la obra, Miró expresa su vida de campo en Montroig, rodeado de la tranquilidad como del trabajo y las tradiciones, donde la tierra tiene un rol central. En ese sentido, la pieza es una de las más personales de su carrera.
Miró llevó la obra a Paul Rosenberg, marchante de arte francés que representaba a Pablo Picasso, Braque y Henri Matisse, para que la vendiera. Aceptó más por insistencia del artista que por interés real. La tuvo en su depósito y no aparecían compradores potenciales, por lo que le recomendó cortarla para venderla fraccionada, pero la sugerencia fue un insulto y el catalán se la llevó a su taller.
Luego, Jacques Viot de la galería Pierre la albergaría en su espacio, donde fue adquirida por escritor estadounidense Ernest Hemingway, por cinco mil francos. En la actualidad, La Masía se encuentra en la National Gallery de Washington.
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