
I
Pintada a los 62 años, en su edad madura, con experiencia, con el estilo ya trabajo y cultivado, y tres años de morir, Flora es, sin lugar a dudas, una de las mejores obras de Giuseppe Arcimboldo. Se estima que el año en que el cuadro fue terminado es 1589. Estaba en Milán, en su estudio, adonde se había retirado luego de una larga vida como pintor y decorador cortesano. Le pidió entonces la venia al emperador Rodolfo II y volvió a su tierra natal.
De esa época son, según la crítica, sus mejores cuadros: Flora, por supuesto, que hoy está en una colección privada, y el celebrado Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno, tal vez su obra icónica, pintada en 1590, hoy en el Castillo de Skokloster en Suecia. En 1593, por padecimientos renales, Arcimboldo murió en su casa de Milán como caballero del Sacro Imperio Romano Germánico, ennoblecido por su mecenas, Rodolfo II, enriquecido y despedido como un verdadero maestro.
Sin embargo, pese a las alabanzas y a los tantos poemas laudatorios que se escribieron tras su muerte, su obra caería en olvido durante los siglos siguientes. Hubo mucho imitadores de su original estilo —representaciones del rostro humano a partir de flores, frutas, plantas, animales y objetos—, así como también se cree que se perdió gran parte de su trabajo. En la actualidad, alrededor de 25 pinturas auténticas de Giuseppe Arcimboldo se conservan.
II
En la mitología romana, Flora es la diosa de las flores, los jardines y la primavera. No era una figura relativamente importante pero siempre estuvo presente dada su asociación con la primavera. Durante esa época del año cobraba una inusitada relevancia. Su festividad, la Floralia, se celebraba con entusiasmo y simbolizaba la renovación del ciclo de la vida. Se hacían bailes, bebidas y flores. Durante toda la historia del arte, Flora fue representaba en múltiples ocasiones.
Arcimboldo la pinta a través de una diversidad figurativa de flores, cogollos, tallos y hojas que conforma el rostro femenino con una interesante escala cromática y detalles muy esmerados. Para ese momento, a sus 62 años, el dominio del trazo en la representación pictórica de la naturaleza es verdaderamente notable. Es, además, una anticipación del bodegón, género barroco donde se plasman banquetes y naturaleza muerta, popularizado en los dos siglos siguientes.

De la colección imperial de Rodolfo II en Praga, Flora pasó, como botín de conquista, a los saqueadores suecos de la ciudad durante la Guerra de los Treinta Años, en 1648. Estuvo en Estocolmo, en el desaparecido palacio de Tre Kronor y luego, en el de Gripsholm. A finales del siglo XIX salió de la colección real sueca y dejó definitivamente Suecia. Fue subastada en 1965 y desde entonces está en una colección privada.
Junto a Flora Meretrix, que pintó un año después que Flora, forma una especie de pareja. “Son obras que se pueden interpretar como protobodegones. Arcimboldo trabajaba para algunos botánicos de la época y cada flor está perfectamente sacada de la naturaleza”, dijo Miguel Falomir, del Museo del Prado. Y agregó que Arcimboldo es “el precursor de las vanguardias” y “la quinta esencia del manierismo que hoy en día queda enfatizado por su carácter científico”.
III
Nacido en Milán en 1527, hijo de un artista y vidriero milanés, se inició en el oficio familiar de niño elaborando vitrales, mosaicos y frescos para las iglesias lombardas. Entró al gremio de pintores de Milán a los 21 años y con 35 partió a la Corte imperial en Viena como pintor de cámara del emperador Fernando I. Y lo siguió siendo de su sucesor, Maximiliano II, y de su hijo, Rodolfo II. Decoró mascaradas, confeccionó trajes festivos y teatrales. En cada cosa que hacía se lucía.
Pero su gran expertiz era la pintura. Fue allí donde aplicó y desarrolló sus mejores invenciones, como su novedoso estilo de lo que se llamó “cabezas compuestas”. Un proceso cercano a la anamorfosis en el contexto de las ilusiones ópticas, o la pareidolia. Un tópico antropomórfico de carácter paródico, simbólico y extraño que, como nadie, le quitó la solemnidad a la pintura, y que la asemejó a disciplinas más populares y ambiguas como la comedia.
Entre sus obras, hay dos series muy conocidas. Por un lado, Las Estaciones, donde hay un cuadro por cada estación (Verano, Otoño, Invierno y Primavera) realizados entre 1572 y en 1573. Por otro, Los cuatro elementos (La tierra está representada por animales terrestres; El aire, por pájaros; El agua, por criaturas marinas; El fuego, por cañones y maderas en llamas), todos hechos en 1566. Pasan los siglos y el trabajo de Giuseppe Arcimboldo continúa erigiéndose como único, inédito, fabuloso.
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