
En un teatro de Berlín, Benjamin Appl sube al escenario mientras un pianista ambienta el lugar con música suave. “Hace nueve meses, recibí un llamado de mi agente”, cuenta el barítono alemán en el inicio de Breaking Music, un documental dirigido y producido por Marcelo Lezama que se estrena hoy, domingo 25 de octubre a las 22 (hora argentina), en el canal Film&Arts. Un mecenas anónimo quería que Appl viaje a hacer una investigación musical que explore la relación entre el lied y el tango. “Entonces me pregunté: qué se yo sobre el tango”, dice y la música que ejecuta el pianista comienza a mutar. Minutos después, Benjamin Appl comienza a cantar y la voz que sale de su boca es como una llama de fuego lenta y sensible. “Decidí aceptar la oferta del mecenas anónimo y partí a Buenos Aires”.
Apenas una brisa tímida recorre el set de grabación —el patio de una casona en el barrio porteño de Coghlan—; el resto es calor. Son las tres de la tarde, tal vez las cuatro, de un un jueves de enero. No hay pandemia, no hay colapso sanitario, nadie conoce la palabra coronavirus ni sabe cómo lavarse correctamente las manos. El mundo es otro. La brisa arrastra algo de aire fresco pero también el aroma de la parrilla, un chulengo repleto de asado, vacío, chorizo, morcilla, morrón y cebolla, y todos los presentes se transforman en dibujitos animados que se saborean con exageración pasando la lengua por los labios. Sobre todo Benjamin Appl, el gran protagonista de la jornada. “Nunca probó el asado argentino”, dice uno de los asistentes, “hoy será la primera vez”. Posiblemente su vida cambie a partir del primer bocado.
Ahora hay silencio. Sólo se escucha el crujir del carbón en la parrilla. El director hace dos preguntas. “¿Cámara?", primero; "¿sonido?”, después; e inaugura la escena con el clásico “¡acción!” Entonces un grupo de músicos con instrumentos a cuestas ingresa por la puerta principal de la casona —una fábrica de muebles que funciona desde 1925— y se saluda con los que están en la mesa esperándolos para comer un asado. Entre ellos, Benjamin Appl, que acababa de pisar suelo sudamericano. Durante esa grabación, en enero, rodeados de cámaras, micrófonos y asistentes, los músicos conversan sobre el tango, sobre su origen, sobre sus posibilidades, sobre su esencia. Y sobre el lied, un género que podría pensarse como la expresión mínima dentro de la música clásica donde el protagonismo lo tiene la voz.
Benjamin Appl nació en Ratisbona en 1982, se formó como corista —o coreuta, como prefieren los puristas— en el Regensburger Domspatzen y continuó en la Hochschule für Musik und Theater de Munich para finalmente irse a Londres, donde reside desde hace más de diez años, a estudiar en la Guildhall School of Music & Drama. Uno de sus maestros fue el director de orquesta, cantante de ópera y musicólogo Dietrich Fischer-Dieskau, fallecido en 2012. El género que Appl hace se llama lied: canción lírica breve que se compone para que la voz solista recite un poema cantado con apenas un acompañamiento, generalmente de piano. Es un género típico de los países germánicos que tuvo su gran popularidad en el Romanticismo. Y no está muerto. Aún sigue conmoviendo.
La pregunta por el tango, pero también por el lied, funciona para interrogar la cultura y su siempre latente contemporaneidad. ¿Por qué géneros tan sensibles y exquisitos que supieron ser masivos, populares, aclamados por las mayorías y gozados por todos, hoy se ubican en una góndola lejana y pequeña en el gran supermercado musical? ¿Qué hay en este presente que convierte todo en una intensa carrera por la novedad y obliga a esas expresiones históricas a posicionarse en un lugar “de nicho”? ¿Acaso la potencia del tango envejeció? En absoluto. Basta con escuchar un bandoneón para que el corazón más duro se enternezca. Y eso, por supuesto, nunca muere. Pareciera que en algún momento ese brillo que hoy resiste se extinguirá. Pero no. “El tanto está en la gente, aunque la gente no lo sepa”, cuenta un entrevistado.
Recorriendo bares, escuchando pequeños shows de la noche porteña, entrevistando músicos y cantores, dándose una vuelta por el hipódromo, por los restaurantes, por los bailes a cielo abierto, por las calles de Buenos Aires, Benjamin Appl se mete de a poco, con timidez y respeto, en la boca del tango y termina tan adentro que canta algunas canciones y se anima a jugar el juego de la milonga, intentando comprenderla a medida que la ejecuta. Es lo lleva, no sólo conocer “la dulce tristeza del tango”, la forma musical —estructurada e improvisada a la vez— y el intenso drama poético, también a entender, al menos un poco, la cultura argentina, la cosmovisión porteña y la respiración de este país que, desde el sur del mundo, esconde una sensibilidad inigualable.
* Breaking Music se estrena hoy a las 22 (hora argentina) por Film&Arts.
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