I
En el origen de la pintura está la literatura. Orlando furioso es un poema épico caballeresco escrito por Ludovico Ariosto en 1532 que toma elementos del Cantar de Roldán del siglo XI, atribuido a un monje normando llamado Turoldo, y continúa el texto de Matteo Maria Boiardo de 1486, Orlando enamorado.
Orlando furioso narra varias historias, pero una quedó en la memoria de todos: Angélica, la protagonista, de quien Orlando estaba muy enamorado, conoce a Medoro, que en la guerra que acechaba por entonces al mundo se encontraba en el bando opuesto. Ella lo encuentra en el bosque, herido, y lo lleva a su cabaña para curarlo. Se enamoran perdidamente y deciden huir.
Uno de los primeros en pintar este romance fue Toussaint Dubreuil. Angélica y Medoro es un cuadro de 1600 que hoy permanece en el Museo del Louvre, en París. Es una obra preciosa en muchos aspectos, pero también una postal literaria.
II
Toussaint Dubreuil nació en París en 1561. Fue un gran pintor asociado a la segunda Escuela de Fontainebleau, junto con los artistas Martin Fréminet y Ambroise Dubois. Lamentablemente muchas de sus obras se han perdido. Su estilo manierista y el uso de formas muy alargadas y ondulantes con composiciones abarrotadas recuerdan al pintor Francesco Primaticcio.
Era un gran lector y le interesaba plasmar sus lecturas en el lienzo. Escenas mitológicas, por ejemplo, pero también los momentos de sumo dramatismo que encontraba en las obras de ficción de escritores como el italiano Torquato Tasso, el clásico griego Heliodoro de Emesa y el poeta francés Pierre de Ronsard. Y por supuesto, también, de Ludovico Ariosto y su famoso Orlando furioso.
III
Dubreuil fue uno de los primeros en representar la escena entre Angélica y Medoro, junto con el italiano Simone Peterzano. Luego lo hicieron varios pintores: Jacques Blanchard en 1630, Giovanni Lanfranco en 1647, Sebastiano Ricci en 1720, Andrea Casali en 1750, René Théodore Berthon en 1810 y Jean-Baptiste Bénard en 1789, sólo por nombrar algunos. También escritores, compositores, dramaturgos.
Mientras la mayoría prefirió plasmar el encuentro cuando Medoro estaba herido y Angélica lo socorre —Ricci y Casali pintaron a Cupido a punto de dar el flechazo— o el momento en que tallan en un árbol sus nombres antes de huir, Toussaint Dubreuil pone un acento especial en lo furtivo del romance.
Aquí están desnudos, en pleno acto sexual, cuando de pronto voltean y ven a algunas personas a pocos metros. Acaban de ser descubiertos. La expresión que hay en sus rostros es de desconcierto, perplejidad, preocupación. Ni se imaginan lo que Orlando hará después.
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