
I
Bella, inteligente, ingeniosa, carismática, bohemia. Dora Carrington era una mujer muy especial. Cualquiera que se acercara, que la observara por algunos segundos, o que conversara con ella recibía el flechazo.
Lo recibió Virginia Woolf que en su diario, en junio de 1918, escribió: “Es extraña por su mezcla de impulso y conciencia de sí misma. A veces me pregunto qué está haciendo”. Y también: “Es una criatura tan animada y ansiosa, tan roja y sólida, y al mismo tiempo inquisitiva, que uno no puede evitar que le guste”.
Para ese entonces, Carrington pintaba. No era conocida, de hecho nunca lo fue. En vida hizo pocas exposiciones. Así tuvo contacto con el Círculo de Bloomsbury, un grupo de artistas e intelectuales que se reunía con frecuencia en ese barrio de Londres. Ella nunca formó parte, pero sí se relacionaba con muchos de sus integrantes. Wolf, por ejemplo.
Su belleza y su ingenio cautivaba a todos
II
Ella estaba enamorada del escritor inglés Lytton Strachey, pero no él de ella; era homosexual. Eso no les impedía tejer una gran amistad. A fines de 1917 comenzaron a vivir juntos. A los pocos meses, Carrington conoció a Ralph Partridge, quien se enamoró profundamente de ella. Se casaron en 1921 y formaron, junto Strachey, lo que se conocía en Francia en aquella época como ménage à trois: una relación de a tres.
Strachey, de quien suele decirse que estaba enamorado de Partridge, pagó la boda. Los tres se fueron de luna de miel a Venecia. Ese mismo año hicieron otro viaje. Varios días en una granja cerca de Keswick en Inglaterra junto a unos cuantos amigos: festejaron. Allí pintó el cuadro que aquí presentamos, un óleo que hoy se conserva en el Museo Tate. Granja en Watendlath, es el título.
Los críticos han sugerido que el paisaje se distorsionó para reflejar las curvas del cuerpo femenino. En la escena, dos figuras, posiblemente una madre y su hija, caminan y contemplan el paisaje, es decir, su feminidad.
III
Ese 1921 fue, sin dudas, un año hermoso. También los siguientes: compraron una casa en Wiltshire y allí pasaron varias temporadas. Pero no duraría para siempre. Esa convivencia triádica se terminó en 1926, cuando Ralph Partridge decidió irse con su nueva pareja, Frances Marshall, a vivir a Londres. Al mismo tiempo, Carrington comenzó a verse con Bernard Penrose, un amigo en común de ambos.
El matrimonio estaba terminado, sin embargo solían veían los fines de semana. Eran más que una ex pareja. Eran amigos, eran compañeros. Los tres lo eran. Como una familia.
Carrington siguió pintando. Hizo grandes paisajes, muchas veces relacionados al surrealismo. Nunca obtuvo un gran reconocimiento en vida. Tampoco le interesaba demasiado. Murió de forma trágica: se suicidó luego de una gran depresión. Una de las causas, era la reciente muerte de Lytton Strachey, de un cáncer de estómago. Le pidió prestada la pistola a una amiga y se pegó un tiro en la cabeza. Tenía 38 años.
Su cuerpo fue incinerado. Las cenizas están enterradas en el jardín de la casa en que vivió junto a Partridge y Strachey, bajo los laureles.
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